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miércoles, mayo 22, 2013

SURALIDAD, Antropología Poética del Sur de Chile






Los discursos orales y escritos de los/as poetas chilenos estudiados en este libro, nos muestran un país diferente de aquel que ha sido instalado en el imaginario colectivo desde la época colonial. En su movimiento centralizador, tendiente a uniformar culturalmente al país, el Estado chileno no ha logrado incorporar lo distintivo como un aporte en el reconocimiento de una identidad nacional más cercana al sentimiento de pertenencia de los habitantes que viven en los distintos territorios.

Los poetas, hombres y mujeres, concebidos como catalizadores de la percepción existencial de sus comunidades, han levantado estos discursos apoyándose en gran medida en esos mismos desechos culturales, donde destacan el distinto modo de relacionarse con el entorno, las diferencias étnicas y genéricas, el sincretismo religioso, el hibridismo en la tecnología y en el lenguaje, generando de esta forma una otra estética intersubjetiva.

En su escritura, los poetas van desarrollando una coreografía sutil y compleja entre sus procesos autobiográficos y colectivos, dando paso a una reinvención constante de la Suralidad, poética que contribuye a imaginar una otra historia del sur de Chile.
(Fragmento de la presentación en contraportada)
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Datos editoriales del libro:

SURALIDAD, antropología poética del sur de ChileClemente Riedemann Vásquez  / Claudia Arellano Hermosilla. Ensayo. Coedición de Suralidad Ediciones y Ediciones Kultrún. 190 págs. 18x25 cms.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               Diseño y cuidado de la edición por Ricardo Mendoza Rademacher.  RPI N°  218.226    Puerto Varas/Valdivia, 2012 . 
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

sábado, marzo 19, 2011

El imaginario poliforme de la Suralidad




Clemente Riedemann
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Ecología, diferenciación y surrealidad, constituyen dimensiones interpretativas de ese contexto cultural que sirve de soporte al imaginario de la poesía que se escribe en el sur. Las distintas maneras en que lo(a)s autore(a)s se vinculan con ellas, marcan, a su vez, sus distintas visiones y sus estilísticas.
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         La dimensión ecológica surge del encuentro de los cuatro elementos de la naturaleza, en el variado entorno geológico y orográfico que sirve de soporte territorial, marcado por la presencia dominante del agua (mar, ríos, lagos, canales, estuarios, lagunas, esteros, pozones, napas termales, alta pluviosidad); seguida por la tierra, cubierta por bosques (costeros, de valle. de montaña, con flora y fauna variada) o extensas praderas en el valle central; además de serranías, quebradas, acantilados y lomajes; continúa con el aire (cielos diurnos y nocturnos, variedad de vientos y fenómenos meteorológicos) donde las estrellas y las nubes constituyen elementos de referencia frecuentes; y, finalmente, el fuego, vinculado con la montaña andina (volcanes) y el hogar, especialmente la cocina y los fogones. Los elementos culturales o metafóricos articuladores de este universo espacial referido a la naturaleza, son el camino rural, de tierra o pedregoso, por donde se moviliza el sujeto poético al encuentro con el cosmos; y la casa, desde la cual el habitante contempla y controla la dinámica del universo: 

“En el cielo/ el sol mira para atrás/ porque tiene que llamar agua,/ y tú conoces las señales/ los sagrados olores de la tierra/ y empiezas a lustrar tus botas/ la escopeta del 16/ que el abuelo colgó en el comedor/ en ese otoño de su muerte.“ (Delia Domínguez, El sol mira para atrás).

         La dimensión intercultural o “relación en la diferencia”, se articula como derivación del cruce étnico e histórico (entre los nativos indígenas con inmigrantes europeos y chilenos); también, por el contacto recurrente entre la población rural y la urbana; además, por las relaciones de género; aspectos a los que se agregan las relaciones con grupos lejanos, a través de la tecnologías de la información. Por su parte, los propios autores se relacionan desde sus particulares estilísticas, constituyendo una “comunidad discursiva” plural, poliforme, a veces contradictoria, aunque no excluyente. El espacio de encuentro y símbolo de la diferenciación, es la ciudad, especialmente la calle, por donde el sujeto poético va haciendo la reflexión de su existencia, cargado de “memorias y anhelos”; y describiendo su estado actual en el mundo:  

“Esa calle pequeñita está llena de olores./ Está cerca del mercado, a un paso del río;/ aquí estuve una vez, escribíamos versos en las / paredes,/ todavía existe este local, está cambiado/ pero existe./ Sitios habituales de la ternura,/ no hay sitios eriazos en esta ciudad,/ todo huele, palpita, todo ha sido habitado o lo será/ por los únicos seres imaginables.” (Omar Lara, Los centros de la tierra).

         Una tercera dimensión, de génesis surrealista, surge a raíz de la inserción de las nuevas tecnologías en los espacios tradicionales o por la irrupción de usos, costumbres y artefactos antiguos en los ambientes de la modernidad. Este encuentro azaroso de temporalidades históricas divergentes, se presenta lo mismo por el ingreso de la población rural en las ciudades, que por la expansión residencial de habitantes con tradición urbana, especialmente de los grupos de mayores ingresos, hacia los espacios rurales aledaños. Así, mientras los campesinos abandonan sus tierras y avanzan en la ocupación de las ciudades en busca de mejores oportunidades y servicios, las clases dirigentes abandonan éstas paulatinamente, para ir a residir en las periferias urbanas o en las áreas rurales, en procura de segurizar sus bienes y mejorar su calidad de vida. Esta dinámica de recambio residencial deviene en un lenguaje mixturado, posmoderno:  

“Soy el escudero de la aldea/ Véanme entrar a casa/ Ni un mendrugo de pan en la mesa/ El terno planchado a rayas/ Sin arrugas la camisa/ Un poco de sangre en el pecho/ Y esta espada vieja que al sacarla/ De su funda/ Brilla aún la luna en su filo…/ Por aquí callejeo con desta chala/ Y un abrigo negro” (Juan Paulo Huirimilla, Callejeo a la manera de Serguei Esenin).
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(c) Clemente  Riedemann  2011.
(c) SURALIDAD, Antropología Poética del Sur de Chile.

viernes, marzo 18, 2011

Sobre una posible literatura del Sur

Berta Ayancán, Puerto Octay

David Miralles Ovando 
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Tras el reconocimiento de una diferenciación en el canon literario de la chilenidad, el autor refiere a la existencia de singularidades manifiestas en la literatura escrita en el sur del país en las últimas décadas. Algunas de ellas serían las de carácter topológico, temático, estructural y lingüístico.
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La adherencia a una topología, a la creación de un espacio mítico, ficcional o literario,
tiene que ver con la fundación de unos territorios y más específicamente de la creación de un espacio literario sureño. En muchos aspectos, esta creación tiene que lidiar  con la imagen pre establecida de estas tierras, una imagen que muchas veces no es más que un estereotipo. La ruralidad vista desde una pretendida superioridad moderna. Ignorando que el Sur, así como el Norte, son los territorios en que dicha modernidad  ha buscado persistentemente sus mayores desafíos. Estos territorios han sido surcados por el avance de la modernidad, por la introducción de tecnologías y particularmente, por ideas cuya modernidad hubiera encontrado suelo infértil en el centro metropolitano. La experiencia de la colonización, que la burguesía criolla aceptó sólo en estas latitudes, temerosa tal vez de perder sus señoríos y privilegios, ante el empuje de una nueva raza, pero también de un nuevo “know how”, es un hito central en la configuración de estos territorios. Sin embargo, no siempre el espacio es selvático y de hecho, la producción tal vez más
importante, tiene que ver con la ciudad, como se aprecia en obras como Cipango o Karra Maw´n.                                                        

La predilección por una temática recurrente se explicaría por la referencia a esos mismos procesos y circunstancias que de algún modo le han dado forma a esta región. El cuentista Francisco Coloane aparece aquí como el paradigma de una literatura de este tipo, pero también, el hecho de  que su figura se recorte aislada e integrada a una productividad metropolitana, lo resitúa como un precursor. Son las obras más recientes las que probablemente han instaurado los temas definitorios, más allá de las narrativas de carácter bizantino que le han precedido y que de vez en cuando reaparecen por necesidades del mercado. Temáticas vinculadas a las visiones de mundo de las comunidades étnicas que han estado atravesando estos territorios, ya por varios siglos. Hay que pensar aquí necesariamente en el surgimiento de la  poesía bilingüe mapuche-español, en la corriente llamada etnocultural, en la neo-épica o en la crónica poética, etc. 

El descubrimiento y el tratamiento de las nuevas temáticas demandaría ciertas exigencias formales también novedosas o, al menos, no usuales. Dentro de esto deben mencionarse nuevamente la crónica poética, la poesía “etnocultural”, que involucra en su formalización discursos “científicos” o históricos, la poesía étnica que introduce, probablemente, formas tomadas de la tradición oral del pueblo mapuche. Más aún, se
puede constatar el surgimiento de obras dotadas de un carácter más orgánico. En muchos casos no se trata de meras colecciones de poemas, sino que de trabajos de largo aliento cuya estructuración recuerda más bien la de obras narrativas. Y en la mayoría de los casos, los libros presentan una fuerte unidad interna a nivel temático. Todas ellas introducirían, de algún modo, fuertes innovaciones en el arte literario del
momento.

Por último, la irrupción de una singularidad lingüística se debe a los particulares desarrollos humanos de esta zona y a la cohabitación de diferentes lenguas. Varias lenguas europeas, así como el mapudungun, la lengua originaria, se han hablado en el sur y ello ha dejado su impronta en la cultura. Ello ha configurado también y, especialmente, al castellano en uso en la región. Esto se refleja de diversas maneras en las principales obras que constituyen el actual corpus de esta literatura.
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Extraído de:
Miralles, David.1999. Para hablar de una literatura del Sur. Algunas sugerencias. Villanova University. Paper.

(c) SURALIDAD, Antropología Poética del Sur de Chile.

sábado, agosto 28, 2010

Cuando en el sur florecían los cerezos


Cerezo en flor. Fuente: Google imagenes
Poema de Guido Eytel


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El quiebre político institucional de 1973  gravitó  significativamente en la obra poética de gran parte de los autores sureños nacidos en los 50´s y dejó una marca perceptible en el desarrollo posterior de cada proyecto personal, especialmente en lo referente a la crisis de identidad, la propia y la de los lugares. Pero ello no significó abandonar el tópico de la naturaleza como referente metafórico y como símbolo de la belleza que reúne y ampara el devenir humano. __________________________________________________________________

A mi primo Marcelo Salinas Eytel,
detenido desaparecido hasta hoy.

La calle no tiene hoy ni luz ni pájaro. / Quién va a cantar, quién va a levantar / una mínima esperanza luminosa.

Se vuelven otra vez los perros horizonte / y no hay agua para lavar esta injusticia. / Qué va a correr bajo los puentes / llenos de vergüenza, carcomidos / por la humedad del desamparo.

Yo no soy más que el testigo de la ausencia, / qué hago reclamando ante el vacío. / No
sucederá otra vez: / las enredaderas ocultan la casa / y a la lluvia del tiempo / le dio por borrar todas las huellas. / ¿Alguien ha visto un niño perdido?

He bebido cicuta: / se me dan vuelta las palabras / y como ciego busco / el gesto que perdí por esos días. / Qué lo voy a encontrar, cuál era. / ¿Era una sonrisa, era un saludo, / era una manera de caminar / poniéndole el pecho a la injusticia?

Como siempre, esta noche / el mismo sueño me persigue: “si no, / primo, si no, si no era nada, / aquí estuve todo el tiempo, / soñando como tú bajo el manzano”. / Qué voy a despertar.

La última vez usaba sandalias / y una chaqueta verde / del color del pasto / que brota a principios de noviembre. / ¿Alguien supo qué le hicieron? / ¿Cuando murió qué dijo?

¿Levantó una mano, gritó, / abrió los ojos / (se verá en sus pupilas la faz del asesino)
o solamente suspiró / y pensó que en el sur / estaban floreciendo los cerezos?

Hoy la calle no tiene luz ni pájaro. / Afuera el silencio parece que va a estallar.


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(c) Guido Eytel. Temuco, Chile. 1975.
(c) Esta edición, Suralidad Antropología poética del Sur de Chile, 2010.
Nota preliminar de Clemente Riedemann.

martes, julio 20, 2010

Poesía y mujer suralidiana (II)



Fotografía de Mariana Matthews

Claudia Arellano Hermosilla
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La mujer que escribe puede empezar, como dice Lucy Irigaray, a defender su deseo. Y, para hacerlo, el instrumento con el que cuenta es el concepto, porque al defender su deseo puede encontrar lo que busca, su verdadero lugar en el mundo, uno que la defina y ubique en otro lugar diferente al que hasta ahora ha tenido. Y el deseo de estar en un nuevo espacio (real o ficticio) se vincula con la libertad de elegirlo.
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Otro de los temas que se ha instalado en los últimos años es si existe un “arte de mujeres” o un “arte femenino”. El primero habla de un objeto artístico hecho por una mujer. El segundo hace referencia a obras de mujeres cuyos contenidos remiten a una conciencia de género, evidenciando un discurso de resignificación de lo femenino. Estas categorías, al separarlas, dividen el imaginario que existe entre quienes producen arte desde el ser mujer y aquellas que lo componen con una carga teórica feminista previa. Ambas posiciones, en mi opinión, potencian, sostienen y contienen, el valor analítico en el que la creación -como productividad textual de contenido- y la(s) identidad(es) de la artista presentes en la obra, van construyendo y reconstruyendo los símbolos de lo femenino, reflexionando sobre el estado de las cosas, de los sistemas de representación dominantes sobre la mujer, el género y la diferencia sexual.


En ambas categorías se evidencia la acción y la generación del ser. Cuando nombramos algo, haciendo referencia a la ontología del lenguaje (Echeverría 1998), resaltamos su existencia, la individualizamos, afirmamos su singularidad. Por el contrario, las personas o cosas que no se nombran permanecen ocultas, como telones de fondo. Este proceso de reconocimiento a través del concepto –inscrito en el objeto artístico- no sólo trasluce las representaciones de la realidad de la artista sino que también favorece la expansión hacia nuevas realidades e identidades. La recursividad de nombrar significa volver a sí misma, observarse y reflejarse sobre el objeto creado, sea escritura, pintura, escultura. Es el efecto refractario que, al mirarse en el objeto creado, hace aparecer la condición de enunciado y enunciación, el ser y el sentido, nuevas representaciones, nuevas imágenes de sí misma, reelaborando la significación de la existencia, evitando de esta forma la naturalización de los discursos y de la práctica poética. Esto permite que todo arte mantenga su vigor como discurso en la medida que no se congela como a-histórico y tome conciencia de la metamorfosis constante de su identidad.


Existe una conciencia del ser humano en el arte, en todas sus disciplinas, que en algunos casos adquiere forma femenina o masculina y, en otros, tomará ambas. En los poemas de Rosabetty Muñoz, por ejemplo, observamos este juego ambivalente. Su palabra se conecta con el ser humano universal desde una identidad masculina al emplear un lenguaje racional, aséptico, conceptual. Pero a la vez aparece un corpus femenino que textualiza y se representa hablando de la maternidad: “Es mi hija la que acude / desde tiempos ignotos / para acariciarme lentamente. / Desearía que el universo se estacione / aún a costa de catástrofes siderales / porque ella no se aleje / para que su mano permanezca / como un bálsamo.” (Muñoz 1994).


Estas identidades tanto femeninas como masculinas son fuerzas relacionales que interactúan entre sí como partes de un mismo sistema. Julia Kristeva (1974) afirma que la escritura pone siempre en movimiento el cruce interdialéctico de varias fuerzas de subjetivación. Por un lado, existe la fuerza racionalizadora - conceptualizante - estabilizante (masculina); y por otro, la fuerza semiótica - pulsional - desestructuradora (femenina). Esta autora señala que ambas fuerzas co-actúan en todo proceso de subjetivación creativa. En este proceso convergen flujos continuos entre caos y equilibrio, entre concepto y pulsión, generando lo que Ilya Prigogine (1983) llama “estructuras disipativas”, una circularidad de formas y contenidos tanto racionalizadores como pulsionales, que permite la transferencia temporal en la capacidad de actuar y de escribir. Como lo señalaba Virginia Woolf en 1929 en su obra Un cuarto propio ”resulta fatal para el que escribe pensar en su sexo… hay que ser masculino-femenino o femenino-masculino” (Woolf 1993).


La mujer, en la poesía, persigue comunicarse con su lenguaje desde su deseo y su espacio, teniendo presente que intenta expresar su(s) identidad(es) inmersa (s) en un contexto social que la objetiviza a través de sus representaciones. La mujer que escribe puede empezar, como dice Lucy Irigaray (1985), a defender su deseo y, para hacerlo, el instrumento con el que cuenta es el concepto, porque al defender su deseo puede encontrar lo que busca, su verdadero lugar en el mundo, uno que la defina y ubique en otro lugar diferente al que hasta ahora ha tenido. Y el deseo de estar en un nuevo espacio (real o ficticio) se vincula con la libertad de elegirlo. Siguiendo a Gatari Spivak (2009), “imaginarte a ti misma, realmente dejarte imaginar sin garantías, por y en otra cultura, quizás”.


Este concepto puede forjarlo una autora, como observa Silvia Bovenschen (1986), aunque el medio del que se tenga que valer la palabra o la estética no sea propio, ni haya sido elegido conscientemente por ella. Con el tiempo y con la práctica del discurso la mujer de todos modos lo está haciendo suyo, se está apropiando de él y le permite dejar su huella, porque existen varias estrategias que pueden favorecer la verbalización de la mujer.


Podemos entender que este lenguaje de las mujeres utilizado en el arte de la poesía es una estrategia, una respuesta a una situación dada, un instrumento que la artista utiliza para comunicar sus yoes frente a otros y a otras. De esta manera ejerce su libertad de expresión y su derecho a cuestionar los mandatos, abriendo el camino no sólo para nuevas generaciones de mujeres artistas sino también para el arte en general. La mujer deja de ser lo otro para posesionarse de un espacio propio en el mundo creativo, incorporando una nueva fuerza de vida, propiciando la verdadera duplicidad de lo femenino/masculino, no como opuestos, sino como complementarios.
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Referencias.
  • Bovenschen, Silvia (1986) ¿Existe una estética feminista? en Estética feminista, de Gisela Ecker. Barcelona, Icaria Editores.
  • Echeverría, Rafael (1998) Ontología del lenguaje. Santiago. Dolmen Ediciones. La ontología del lenguaje señala que los seres humanos son seres lingüísticos; el leguaje genera ser y es acción, los seres humanos se crean a sí mismos en el lenguaje y a través de él.
  • Irigaray, Lucy (1985) Ese sexo que no es uno. Madrid. Editorial Saltes.
  • Kristeva, Julia (1974) La Révolution du languaje poétique. Paris, Seuil.
  • Muñoz, Rosabetty (1994) Baile de señoritas. Valdivia. Ediciones Kultrún.
  • Prigogine, Ilya (1983) ¿Tan sólo una ilusión? Barcelona. Editorial Tusquets. Según el autor, el cosmos, el ser humano, viven en armonía con la entropía, no en oposición a ésta. Como sistemas abiertos, vivimos entre equilibrio y caos y esta tendencia giratoria al margen del equilibrio nos asegura el crecimiento y la creatividad.
  • Spivak, Gatari (2009) Muerte de una disciplina. Santiago, Editorial Palinodia.
  • Woolf, Virginia (1993) Un Cuarto Propio. Santiago. Editorial Cuarto Propio.

(c) SURALIDAD 2010.
(c) Claudia Arellano Hermosilla, 2010.

jueves, junio 10, 2010

Nicanor

                                                                                                                                         Nicanor Parra. Fuente: Emol.

Clemente Riedemann
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Lo que Nicanor hizo –por ejemplo en Obra Gruesa- quizás aún no pueda evaluarse con criterio de justicia cultural, estética y lingüística. Ese libro fue en realidad una catapulta que permitió a los jóvenes de los años 60’s seguir creyendo que la poesía podría ser una herramienta de expresión del “aquí y el ahora”. Es decir, un discurso de la vida que en verdad se está viviendo.
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Nicanor salvó a la poesía chilena (y acaso a la latinoamericana) de caer en el marasmo tras las dictadura retórica nerudiana. Elevó las voces de la calle a la altura “del unto”. Esto significa más o menos que dijo justo a tiempo que la poesía habita en el alma de todas las personas – aunque no la escriban- por el sólo hecho de ser humanos. Así es la cosa. Cuesta encontrar otro poeta de los gloriosos 60’s que, en el continente, haya apostado tan firmemente por hacer ver que la poesía no es un asunto de melindres de sobremesa y que en realidad se trata de un poderoso instrumento analítico-crítico de las realidades “reales”.


Su mérito es haber encontrado el lenguaje para producir esa cercanía. Diríamos que Neruda descendió desde el cosmos para instalar su caudal metafórico en la cotidianidad de las Odas Elementales, casi como dádiva o una concesión al sentido común y a la filosofía del alma popular. Descendió de la idealidad a la realidad. Nicanor partió al revés. Escuchó primero las voces del campo y de la ciudad y luego llevó ese lenguaje al desiderátum. De allí que las voces de los arrieros de ganado y la de los letreros publicitarios se unan en su poesía como un único discurso chileno y latinoamericano, preñado de colonialismo primero, e imperialismo después, para mostrar la realidad mestiza, hibrida de nuestra cultura, con los heroísmos y contradicciones que ello conlleva.


Quizás pueda argumentarse que su estética escritural fue todavía demasiado rígida para emprender semejante épica liberadora. Pero fue, en su momento, suficiente. La potencia del ser humano en su lenguaje fue siempre más grande que su lenguaje al fin logrado. Hoy día, “des-endecasilabar” la poesía ya no se considera un logro. Entonces, a fines de los sixties, formaba parte de las restricciones culturales, cuando hablar en lenguaje publicitario era aceptado como un gesto de modernidad. Pero su gesto coloquial –usar las palabras de la tribu- fue su verdad revolucionaria. Es lo que salvó a la poesía de la siutiquería final, del rictus frívolo del discurso de salón o de confinarla a cualquier situación que no pusiese en riesgo la hipocresía del orden imperante.


Lo que Nicanor hizo –por ejemplo en Obra Gruesa- quizás aún no pueda evaluarse con criterio de justicia cultural, estética y lingüística. Ese libro fue en realidad una compuerta que permitió a los jóvenes de los años 60’s seguir creyendo que la poesía podría ser una herramienta de expresión del “aquí y el ahora”. Es decir, un discurso de la vida que en verdad se está viviendo.


Los revolucionarios no tienen que ser necesariamente sutiles en la forma de su expresión. Ellos se encargan de remover las grandes rocas que impiden el avance de las multitudes en la épica por la continuidad de la vida. Deben referirse a lo principal. Y deben hacerlo con pocas pero poderosas palabras que re-endilguen la mirada hacia nuevos horizontes, expandiendo la mente. Eso hizo Nicanor cuando escribió: “Jóvenes, escriban como quieran. En el estilo que les parezca mejor. Demasiada sangre ha corrido bajo los puentes para seguir creyendo, creo yo, que sólo se puede seguir un camino.” ¡Salve, Nicanor! ¡Viva la Cordillera de la Costa!

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(c) Clemente Riedemann
(c) SURALIDAD 2010. Antropología poética del sur de Chile.

lunes, abril 12, 2010

Poesía y mujer suralidiana (Parte I)

Carolina Ortúzar. Muestra en Hotel Cabañas del Lago, Puerto Varas, 2010.

 
Claudia Arellano Hermosilla
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En el trabajo literario desarrollado por las poetas de generación reciente se advierte el interés por desarticular la imagen de mujer convencional mediante la exposición o denuncia de la multiplicidad del significante mujer, desacralizando la condición de mujer subalterna construida y percibida a partir de los patrones y criterios del androcentrismo occidental.
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En el territorio de la Suralidad la poesía desarrollada por mujeres ocupa un rol fundamental. Sin embargo, ésta continúa siendo silenciada a nivel nacional por la hegemonía crítica masculina, ya que desde los esquemas de clasificación, los protocolos de canonización y los procedimientos de publicación y difusión, se continúa relegando a un lugar secundario a la producción literaria realizada por mujeres. Como advierte Delia Domínguez (2008) “las mujeres no han tenido el reconocimiento que merecen. El Premio Nacional de Literatura tiene más de sesenta años y se le ha dado sólo a tres mujeres. Con la vergüenza de que a la Mistral se lo dieron cinco años después que el Nobel”.


Según sostiene Gayatri Ch. Spivak (2003) –filósofa, feminista y pionera en estudios postcoloniales- la aparición de la “mujer del tercer mundo” en la crítica y en la historia reproduce el proceso colonizador y paternalista, porque las mujeres están construidas y percibidas a partir de los patrones y criterios del feminismo occidental. Lo que plantea la autora es que a la mujer subalterna no se le asigna una posición de enunciado ni enunciación, es decir, no son reconocidas como sujetos/sujetas legítimas de producción textual. Al respecto la poeta Antonia Torres (2008) comenta: “si no fuera por todas aquellas “feministas” que han luchado desde hace siglos por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, tal vez hoy yo no podría haber ido a la universidad o haber escrito poesía”.


Los discursos de las mujeres poetas de la Suralidad reflejan un modo particular de reconstrucción de sus subjetividades -que está en constante reelaboración- trabajando en la autorepresentación como sujetos sociales de ellas mismas, por una parte y, por otra, de la realidad que les ha tocado vivenciar directamente o a través de la experiencia heredada y transmitida por sus congéneres mayores.


En el trabajo literario desarrollado por las poetas de generación reciente, como Roxana Miranda Rupailaf y la mencionada Antonia Torres, se advierte el interés por desarticular la imagen de mujer convencional mediante la exposición o denuncia de la multiplicidad del significante mujer, desacralizando la condición de mujer subalterna. Por ejemplo, en la poesía de Roxana Miranda (2008) se plantea la existencia de un sujeto femenino que se enuncia y que sostiene su enunciación, evidenciando la posibilidad que tiene el sujeto de elegir entre distintas formas de identificación con un objetivo político: darle vuelta a la semiótica “natural” en la visibilización del cuerpo, del erotismo, de la ambigüedad sexual -característica de esta generación- que indica una subversión del deseo como mandato construido desde el androcentrismo. Haciendo alusión al mito huilliche del “Abuelito Huenteyao” de San Juan de la Costa, provincia de Osorno, esta autora señala que “…el chumpal se transforma en un ser que no es ni hombre ni mujer, es ambiguo de por sí”, retomando el sentido original de la cosmogonía mapuche en la que la divinidad está constituida por la integración masculino/femenino.


Estos relatos dan cuenta de que el ser mujer dejó atrás los referentes absolutos de identidades homogéneas. Los discursos de las poetas esbozan que las mujeres impulsan nuevas formas de subjetividad, que son capaces de intervenir en el “poder” del pensamiento binario (oposición masculino/femenino) y de esta forma configurar nuevas identidades relacionales y situacionales. Aparece con fuerza la apelación a las categorías de la emoción, lo mágico-religioso y la espontaneidad en la creación del objeto estético, que se conjuga con la valoración de la tradición cultural de la Suralidad, espacio donde les ha tocado generar y comunicar su arte. Los modos en que las artistas articulan su vida con el arte no es ajeno a este devenir, como nos lo recuerda Antonia Torres: “en mi propia obra asumo naturalmente la enorme influencia que tienen, a un mismo tiempo, la coyuntura y la tradición. No tendría tema ni lenguaje sobre y con los cuales escribir, sin ellas”.


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Referencias.


Entrevista a Delia Domínguez realizada en 2008 para Suralidad.
Entrevista a Antonia Torres realizada en 2008 para Suralidad.
Entrevista a Roxana Miranda Rupailaf realizada en 2008 para Suralidad.
Miranda Rupailaf, Roxana (2003) Las tentaciones de Eva. Puerto Montt, Ed. Secremineduc.
---------------------------------- (2009) La seducción de los venenos.
Spivak, Gayatri. (2003) ¿Puede hablar el subalterno? Revista Colombiana de Antropología, Vol. 39.
Torres, Antonia (2000) Las estaciones aéreas. Valdivia, Ed. Barba de Palo.
_____________ (2003) Orillas de tránsito. Puerto Montt, Ed. Secremineduc.


(c) Arellano Hermosilla, Claudia (2010) Poesía y mujer suralidiana. http://suralidad.blogspot.com
(c) Riedemann, C; Arellano, C. (2010) Antropología Poética del Sur de Chile. Puerto Varas, Suaralidad Ediciones.

domingo, febrero 21, 2010

Poesía y raiz étnica

Roxana Miranda (Fotografía de Fabiola Narváez, 2008. Propiedad de Suralidad Ediciones)
Clemente Riedemann / Claudia Arellano
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Con un castellano mesturado por voces mapuches y el empleo de la peculiar sintaxis derivada de este híbrido, la poesía de raíz indígena ha renovado el tratamiento del tema étnico, aportando otras visiones para interpretar el devenir de la sociedad nacional y convirtiéndolo en una marca de los imaginarios y sus lenguajes.
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Junto con la resignificación del territorio como estrategia para enfrentar el asedio de las comunicaciones mundializadas, un segundo elemento articulador del lenguaje poético empleado por los autores y autoras vinculados a la Suralidad es la mezcla de rasgos y características provenientes de orígenes étnicos y culturales.
El profesor Iván Carrasco (2000) denomina “poesía etnocultural” a esta forma de escritura poética y señala que “ésta ha explicitado la problemática del contacto interétnico e intercultural mediante el tratamiento de los temas de la discriminación, el etnocidio, la aculturación forzada, la injusticia social, educacional y religiosa, la desigualdad socioétnica, poniendo en crisis las perspectivas etnocentristas predominantes hasta ahora”. Agrega que “al poetizar los problemas de la identidad, la historia y la existencia de minorías étnicas y regionales, vigentes como la mapuche y la de Chiloé, o en extinción o destruidas como la selknam, yámana o kawashkar… los escritores etnoculturales han estimulado la toma de conciencia de esta situación por parte de los grupos étnicos implicados y de la sociedad global.”
Se trataría de una poesía que expande los cánones de la generación anterior vinculada a la denominada “poesía lárica” instalada con Jorge Teillier, posicionándose en un estatus posmodernista al reconocer en su lenguaje la coexistencia de tradición y modernidad en lugar de apostar por la valoración del imaginario tradicional en exclusiva, actitud progresista que también marca el lenguaje de los poetas de origen mapuche/huilliche de generaciones recientes, como Juan Paulo Huirimilla (2007) y Roxana Miranda Rupailaf (2003), por ejemplo.
En estos autore(a)s, si bien el retorno “memorioso” a las comunidades rurales de origen está presente en el imaginario de sus textualidades, es en el espacio urbano y en la inscripción en el contexto general de la literatura (y también el cine, la radio y la televisión) donde se verifican los asuntos predominantes de sus poéticas.
Por otra parte, en el último cuarto de siglo surgió un grupo de poetas, hombres y mujeres de raíz mapuche/huilliche que, asumiendo ellos mismos la promoción de su lengua y su cultura, vino a agregar diferencia temática y lingüística no sólo a la poesía escrita en el sur, sino que presentándose como novedad en el circuito nacional de las comunicaciones literarias. A partir de la obra de pioneros como Lorenzo Aillapán, Elicura Chihuailaf, Sonia Caicheo y Ramón Quichiyao, se agregan en el tiempo César Millahueique, Leonel Lienlaf, Faumelisa Manquepillán, Jaime Huenún y Bernardo Colipán, para cerrar el grupo con las generaciones más recientes, entre los que podemos mencionar a los ya citados Huirimilla y Miranda Rupailaf, como miembros de una generación que crece y se expande merced a su propia iniciativa comunicacional.
Con un castellano mesturado por voces mapuches y el empleo de la peculiar sintaxis derivada de este híbrido, la poesía de raíz indígena ha renovado el tratamiento del tema étnico, aportando otras visiones para interpretar el devenir de la sociedad nacional y convirtiéndolo en una marca de los imaginarios y sus lenguajes.
Es indispensable dejar establecido que la poesía de raíz étnica no agota su presencia con los escritores de origen indígena, sino que es preocupación generalizada entre los autores, en tanto realidad sociocultural insoslayable. Presente está también la aportación cultural de los grupos migratorios europeos llegados al sur de Chile a partir del siglo 19, principalmente descendientes de alemanes, además de holandeses, franceses, italianos y suizos, los que –a partir de Jorge Teillier- han dejado su impronta en la obra de varios autores vinculados a la suralidad, como Guido Eytel; Clemente Riedemann; Marlene Bohle ; Andrés Anwandter; Harry Vollmer y Gloria Dunkel. En el caso de este grupo de autores no existe el interés particular por exaltar de un modo privilegiado sus origenes étnicos, sino que, en tanto miembros de la sociedad “blanca” dominante, se han integrado formando parte de un estatus marcado por el cosmopolitismo y las tendencias estéticas patrocinadas por las academias anglosajona y europea.
La evolución de los procesos culturales de la posmodernidad que avanzan en favor de las mixturas (el mundo indígena instalándose en la institucionalidad blanca, el mundo occidental abriéndose a la comprensión de la cosmovisión indígena) pronostica a futuro el encuentro de ambas vertientes, en la perspectiva de alimentar una óptica latinoamericana propiamente tal, como escritura del mestizaje, del sincretismo y de la hibridación.
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Referencias. Carrasco, Iván (2000). Poetas mapuches en la literatura chilena. Valdivia, Universidad Austral, Estudios Filológicos N°35. Huirimilla, Juan Paulo (2007) Palimpsesto. Santiago, Ed. Cuarto Propio.
Miranda Rupailaf, Roxana (2003) Las tentaciones de Eva. Puerto Montt, Secreduc.
Esta edición:
(c) Clemente Riedemann y Claudia Arellano, 2010.
(c) SURALIDAD Antropología poética del sur de Chile.

martes, enero 19, 2010

Poesía y territorio

Fotografía : AFP
Clemente Riedemann / Claudia Arellano
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Entre los autores y autoras que escriben poesía desde el sur de Chile, el espacio, en sus dimensiones físicas y simbólicas, constituye un elemento de alta gravitación en la configuración de los imaginarios y las maneras de expresarlos en los textos. ____________________________________________________________________
Un primer elemento portador de identidad lingüística entre los autores y autoras que escriben desde o sobre el sur de Chile es precisamente el territorio, tema insoslayable incluso en aquellos poetas marcados por su desapego al paisaje “de ventana”, como Jorge Torres o Yanko González. De uno u otro modo, el entorno ecológico filtra los textos y las opiniones deslizando atmósferas características de la suralidad como tamiz de fondo. En obras como las de Mario Contreras, Jaime Huenún, Sergio Mansilla o Antonia Torres, el paisaje, sea rural, urbano o mixto, constituye el soporte semiótico de la expresión, su sustantividad decisiva, de modo que “el territorio” implica aquí el ecúmene, la ciudad y las áreas transitivas entre estas dimensiones.
Según Marc Augé (2001) el territorio sería uno de los medios constituyentes de la identidad, puesto que “el espacio es uno de los signos más visibles, más establecidos y más reconocidos del orden social”. Este autor plantea que el territorio es parte crucial de la identidad de una comunidad y donde ésta se reconoce: “el dispositivo espacial es a la vez lo que expresa la identidad del grupo (los orígenes del grupo son a menudo diversos, pero es la identidad del lugar la que lo funda, lo reúne y lo une) y es lo que el grupo debe defender contra las amenazas externas e internas para que el lenguaje de la identidad conserve su sentido”.
Esta idea se materializa cabalmente en la literatura producida en el sur, para la que el territorio y sus características es en si mismo un componente de la identidad en vista de la estrecha relación que existe entre los quehaceres humanos y el medio natural o los modos en que los elementos determinan la movilidad y el imaginario de los habitantes. Especial importancia adquiere el territorio en tanto depositario de la memoria de la comunidad, donde lo anterior –hechos, personas, estados- se niega a desaparecer y se entremezcla con las circunstancias presentes, como los muertos que se reúnen para conversar en el poema En el cementerio de San Juan, de Jaime Huenún (1999); o los que vagabundean solitarios por los campos en Ánimas errantes, de Sergio Mansilla (1986).
Así entonces, el territorio como contenedor y generador de sentidos nos provee de dispositivos para entender cómo un grupo se representa así mismo en el espacio habitado. De modo que la suralidad -como espacio físico, material, conceptual y de ejercicio de prácticas- es el lugar donde se definen los procesos de formación de identidad y de sentidos de pertenencia, en cuanto es habitado por un grupo social que comparte un espacio/tiempo.
Todo lo anterior no significa, sin embargo, que la poesía escrita en el sur, en su conjunto, pueda ser signada como “territorialista” o “lárica”. Significa tan sólo que el espacio, en sus dimensiones físicas y simbólicas, constituye un elemento de alta gravitación en la configuración de los imaginarios y las maneras de expresarlos en los textos, tal como se observa en este fragmento del poema Los Viajes, de Jorge Torres (1975):
“Atrás sólo el polvo nos vamos mi hija y yo reventando guijarros… …deslizándonos por esta ciudad de utilería en búsqueda de pretéritos fantasmas mi hija y yo a horcajadas en esta bicicleta sin ruedas ni pedales.”
Donde el polvo (dejado atrás) y los guijarros (reventados) aluden a una naturaleza ya superada; “ciudad de utilería”, “bicicleta”, “ruedas”, “pedales” establecen la urbanidad (falsa, imaginaria o replicada a escala menor); y “pretéritos fantasmas” traen a colación la dimensión simbólica contenida en la memoria (perdida). ___________________________________________________________________
Referencias :
Auge, Marc (2001) Ficciones de fin de siglo. Barcelona. Gedisa.
Huenún, Jaime (1999) Ceremonias. Santiago. Ed. Universidad de Santiago.
Mansilla, Sergio (1986) Noche de agua. Santiago. Ed. Rumbos.
Torres, Jorge (1975) Recurso de amparo. Valdivia, Autoedición.
© Clemente Riedemann y Claudia Arellano, 2010.
© SURALIDAD Antropología poética del sur de Chile.

miércoles, enero 14, 2009

Literatura e identidad en el sur de Chile

Clemente Riedemann y Claudia Arellano
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Por sobre las variaciones de estilo, preferencias temáticas o corrientes estéticas asumidas por los distintos autore(a)s, el estudio de la obra poética escrita en el sur de Chile revela un ideario que remite claramente a un todo cultural operando como fenómeno en la diferenciación, pertenencia e identidad.
____________________________________________ El sur de Chile, en tanto territorio contenedor de sentidos y representaciones simbólicas se expresa a su manera a través de la poesía escrita en ese ámbito o acerca de él por autores y autoras que residen en otras latitudes. Las muestras antológicas del territorio son escasas, siendo la más destacada Poetas actuales del sur de Chile (1993) de los Drs. Oscar Galindo y David Miralles que hasta ahora permanece como el único estudio de orden académico en considerar el territorio “sur de Chile” como el espacio situado entre el río Bio Bío por el norte y hasta Magallanes como límite sur. Puede ser considerado, en estos términos, como una obra pionera y precursora en su visión contextual;
Otros estudios en esta dirección son los del profesor Dr. Iván Carrasco (2000), quien ha acuñado el concepto de etnocultural para designar a la poesía que se supone característica de este territorio “La poesía etnocultural continúa –señala Carrasco- transforma y supera en forma simultánea dos direcciones estéticas de la poesía anterior: la poesía lárica y la literatura indigenista, además de la etnoliteratura mapuche. Se refiere a elementos, problemas y espacios comunes (la relación del hombre con su entorno, la vida indígena, los conflictos socioculturales, etc.), pero los sitúa en el marco de una preocupación mayor: las modalidades de interacción de grupos étnicos y socioculturales diferenciados, en espacios rurales, urbanos, continentales e isleños. Los sectores enfatizados hasta ahora son los indígenas mapuches, selknam, yámana y qawashqar; los conquistadores españoles; los colonos extranjeros (sobre todo alemanes y yugoslavos) y los chilenos propiamente tales. La poesía etnocultural ha explicitado la problemática del contacto interétnico e intercultural mediante el tratamiento de los temas de la discriminación, el etnocidio, la aculturación forzada, la injusticia social, educacional y religiosa, la desigualdad socioétnica, poniendo en crisis las perspectivas etnocentristas predominantes hasta ahora”;
El libro de entrevistas Héroes civiles y santos laicos: palabra y periferia: trece entrevistas a escritores del sur de Chile (1999) del poeta y antropólogo Dr. Yanko González destaca: “Aquí hablamos de autores del sur de Chile en tanto participan de un universo cultural signado por un sustrato indígena importante (mapuche-huilliche); un sustrato cultural mestizo (alemanes, españoles y chilenos); étnicamente activos, cuyo cruce simbólico se encuentra en permanente reacomodo. Fenómenos específicos como la colonización europea, el aislamiento geográfico y sociocultural, así como la especiación biológica; y la irrupción relativamente reciente de los medios de comunicación de masas.” González tiene a la vista el citado estudio de Galindo y Miralles en lo referente a la delimitación territorial;
También cabe mencionar los estudios del poeta y profesor Dr. Sergio Mansilla (2003), quien señala “Tal vez estemos efectivamente ante una nueva ética cuyos alcances aún no pueden ser del todo percibidos. Nueva ética que comportaría una estética peculiarmente comprometida con la historia, caracterizada por el afán de refundar/reciclar el imaginario colectivo tensionando el lenguaje, la representación en sí misma, desde posiciones subalternas y/o periféricas, de resistencia en todo caso, pero negociando con los mecanismos ideológicos dominantes, impulsando una recomposición del presente desde y a través del pasado (real y/o (im) posible), legando así para los días venideros la huella de un tiempo de profundas escisiones”;
Tal como lo hemos señalado, los criterios remiten claramente a un todo cultural operando como fenómeno en la diferenciación, pertenencia e identidad, aspectos refrendados tanto en las obras analizadas como en las entrevistas realizadas a sus autores y autoras en la investigación que hemos llevado a cabo.
____________________________________________________ Referencias. Galindo, Oscar y Miralles, David. (1993) Poetas actuales del sur de Chile. Antología-crítica. Ediciones Paginadura, Valdivia; Carrasco, Iván. (2000) Poetas mapuches en la literatura chilena. Estudios Filológicos Nº 35, Universidad Austral; p.139-149; ISSN 0071-1713; González, Yanko. (1999) Héroes civiles y santos laicos: palabra y periferia: trece entrevistas a escritores del sur de Chile. Ediciones Barba de Palo. Valdivia; Mansilla, Sergio. (1993) Poesía chilena en el sur de Chile 1975-1990. (Proyecto Interno Universidad de Los Lagos, Osorno, Nº 304-17); Otros estudios consultados; Casanova, R. y Zumelzu, M. (2006). Actos de nominación en la poesía del sur de Chile. Tesina. Universidad Austral. Valdivia;
ANTROPOLOGIA POÉTICA DEL SUR DE CHILE; PROYECTO FONDART REGIONAL 2008; Clemente Riedemann y Claudia Arellano, ejecutores;
(c) SURALIDAD EDICIONES 2009;

lunes, enero 05, 2009

LAS TENTACIONES DE EVA / Roxana Miranda Rupailaf

Reseña por Oscar Barrientos Bradasic
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En Las tentaciones de Eva, Roxana Miranda no le rinde culto a los estereotipos etnoculturales y feministas. Destaca su capacidad para repensar la jerga de nuestra época, desnudar sus contrasentidos e incluso su naturaleza degradante y coercitiva. Su moneda de cambio es la sospecha: su única certeza, su última palabra.
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Muchos han querido leer la literatura chilena como un concepto pendular que gravita entre la continuidad y la ruptura. De esta manera, se habla habitualmente de una literatura que polemiza con los discursos patriarcales, con la poesía etnocultural, etc. Esta perspectiva se centra en la certeza de que estas líneas temáticas abordan el texto literario desde la periferia y colocan en la palestra las paradojas de nuestra construcción cultural;
Límites excesivamente metodológicos al fin y al cabo, que en sus versiones más tajantes suelen caer en la simplificación y el estereotipo, porque problemáticas como el género y la identidad étnica son ejes de discusión muy versátiles;
Creo que esta idea se refuerza en el libro Las tentaciones de Eva (2003), de Roxana Miranda Rupailaf. La joven autora es ya una voz importante en la poesía del sur de Chile. Ha sido distinguida en varias ocasiones, ha enseñado literatura española en Alemania y fue incluida por Jaime Huenún en la antología 20 poetas Mapuche contemporáneos (2003), datos que hablan de una experiencia global, del diálogo intercultural y de una mirada que problematiza la feminidad, asumiendo la difícil madeja de sus conflictos más fundamentales: “Se ha retrasado mi amante, / 2 horas y 15 segundos./ Voy a hablarle al celular./ Dice que viene en camino./ ¿Estará bien mi maquillaje?”;
Poesía escéptica, empapada con la luminosidad del abismo. En ese proceso de desmitificación de la Eva que habitó el viejo paraíso, se revela un ser femenino que se abre paso entre desgarradores patrones de conducta, conjugando el verso cuidado y retórico con el constante afán
paródico:”Un caballo vuela al sur en medio de la guerra. / Un caballo sin alas montado en una nube, / me llama a la puerta de mis sueños/ donde soy potra más rubia que el sol.”; Roxana Miranda ha ido creando un espacio donde se advierte la construcción de un proyecto que expresa con voz propia, con una mirada de profunda desesperanza ante las relaciones de poder, que se dan incluso en la cursilería de las parejas en los acercamientos a la sexualidad juvenil. Pero también está presente el vacío y la angustia existencial: “Las hojas se fueron cayendo de mi cuerpo, / e inundaron la pieza de nostalgias. / Desnuda, / el sol no quiso entrar por mi ventana./ Acurrucado entre mis dientes murió un pájaro./ El viento me golpea contra el techo en las mañanas./ De rodillas, me deja el leñador sin palabras.”;
Destaca su capacidad para repensar la jerga de nuestra época, desnudar sus contrasentidos e incluso su naturaleza degradante y coercitiva. Las tentaciones de Eva no le rinde culto a los estereotipos etnoculturales y feministas; su moneda de cambio es la sospecha: su única certeza, su última palabra.
___________________________________________ Referencias; Huenún, Jaime. (2003) 20 poetas mapuche contemporáneos. Edición bilingüe. Tradución al mapuzungún de Victor Cifuentes. LOM Ediciones. Santiago; Miranda Rupailaf, Roxana. (2003) Las tentaciones de Eva. Colección de Premios Luis Oyarzún, Secretaria Ministerial de Educación. Región de los Lagos. Puerto Montt;
Obra incluida en el estudio Antropología Poética del Sur de Chile, en busca de la Suralidad, Fondart Regional Los Lagos 2008; Clemente Riedemann y Claudia Arellano, ejecutores; © SURALIDAD EDICIONES, 2009; suralidad@gmail.com

domingo, diciembre 28, 2008

Jaime Huenún : "El sur comienza en una nube y termina en un árbol"

Jaime Huenún en el Lago Maihue. Fotografía de Clemente Riedemann; Entrevista de Claudia Arellano Hermosilla ___________________________________________ El más relevante poeta mapuche-huilliche de la actualidad comunica con lucidez y belleza expresiva sus opiniones respecto de la identidad cultural, la globalización, la poesía chilena contemporánea y refiere circunstancias inéditas de su azarosa biografía atravesada por la estigmatización y el reconocimiento de los valores de su ancestralidad. __________________________________________________
Construcción del concepto de identidad. Se trata de un concepto de gran complejidad, estudiado por diversas disciplinas. Pero si tengo que hablar de ello desde mi perspectiva de poeta y de autor vinculado a un territorio y también a una cultura determinada -en mi caso la matriz cultural mapuche-huilliche mestizada- creo que inevitablemente tengo que hablar de una memoria. La identidad tiene que ver con la memoria. Y esta memoria mía está arraigada a una genealogía inscrita en un paisaje determinado, en una serie de personajes que yo incorporo poéticamente en mi trabajo literario y con ello intento dar cuenta de esta identidad. Un sujeto poeta huilliche mestizo, una identidad dinámica que es también dialéctica. Que va mutando de acuerdo al contexto histórico, cultural, económico de la zona de la que yo provengo y a la cual yo canto en mi trabajo literario. El concepto de identidad está ligado a los elementos del paisaje, al ámbito humano, a un territorio en constante mutación. Pienso que el concepto ha sido usado abusivamente, pero en este caso creo que corresponde aplicarlo a esta matriz cultural sureña de la que yo vengo y que tiene estos elementos indígenas mestizos que interactúan con otros grupos humanos y que se instala en un presente a través de la condensación y extrapolación de los elementos del pasado; La identidad mapuche-huilliche. Yo me crié en una población marginal de Osorno. En esa población la mayoría éramos indígenas huilliches. Gran parte de ese grupo estaba construida por desplazados, gente que venía del campo; tomaba un terreno,formaba su familia y generaba su vida ahí. Yo soy hijo de una toma de terreno y soy hijo de una situación cultural en que el huilliche como tal no existía. El huilliche urbano no existía. Nosotros siempre escuchábamos el concepto despectivo de “indio”. Nosotros éramos indios y el de más allá era indio. Y habían sujetos más indios que otros. Entonces vivíamos constantemente en una especie de espiral de elementos despectivos hacia nosotros mismos. Nos basureábamos unos a otros como sujetos indígenas, no sabíamos de nosotros, no teníamos una memoria instalada. Nuestros padres, de alguna manera, habían sido formateados en la sociedad osornina blanca y cada indio de la población quería ser un ciudadano osornino blanco. Esa situación cultural enfermiza sigue reproduciéndose, aún cuando en estos tiempos hay una apertura hacia lo indígena. Pero en Osorno es complicado porque la realidad de la población huilliche es muy dramática en muchos aspectos. Bueno, nosotros no sabíamos de nosotros. No sabíamos de nuestros orígenes inmediatos. Mi abuela era tal vez el único contacto, el único puente con una realidad cultural que desconocíamos. Mi abuela se llama Matilde Huenún, tiene 84 años. Ella salió con su madre de su comunidad de origen a muy temprana edad. A los cinco o seis años tuvieron que irse de ahí porque fueron expulsadas de su territorio, de manera violenta, con asesinatos de por medio. Salieron "como gitanos" -dice ella- y empezaron a instalarse en pequeños retazos de tierra que conseguían temporalmente. Finalmente ella fue puesta en la Misión de Quilacahuín. Estudió un año allí. A los 11 años empezó su vida como empleada doméstica. Pasó toda su vida en esa labor en casas alemanas o chilenas… Así que ella se formateó en esa rutina laboral hasta que se jubiló. Entonces empezó a aprender la lengua alemana y fue perdiendo lo poco de chesungún que sabía por parte de su madre y de sus tíos. Y nosotros nos empezamos a criar en este territorio de exilio. Fuimos desarrollando nuestra vida mestiza, como una familia india que no se reconocía como tal y que en definitiva fue configurando en nosotros la idea de que los indios prácticamente no existían. Nosotros éramos indígenas, pero no sabíamos que existíamos… Ni siquiera sabíamos que existían los indios de San Juan de la Costa. Para nosotros ésos eran campesinos que llegaban a la ciudad de Osorno a comprar o a vender. Ya instalado en el mundo académico de "la escuela chilena urbana" -como digo yo- empecé a tener intereses literarios, intereses políticos. Y poco a poco me fui enterando de quiénes éramos, de donde proveníamos. Empecé a escuchar con más atención a mis tíos del campo que eran todos huilliches. No sabíamos ni el significado de nuestros apellidos. Hasta que por mis intereses literarios empecé a indagar. Mi propia abuela tenía su historia, mis propios tíos tenían una historia que contar respecto a ese mundo antiguo, pero muy presente en la zona. Entonces empecé a entender que mis vecinos Nahuel también eran huilliches y que sus apellidos eran apellidos de importancia dentro de la cultura ancestral, al igual que los Llanquilef, los Huaiques, los Huaiquipán…Todos los vecinos que nos rodeaban pertenecían a una matriz cultural distinta, que habían perdido mucho en un proceso histórico dramático… Un proceso de pérdida territorial, de lengua, de elementos culturales y que se instalaron en la modernidad chilena, osornina, blanca, de una manera muy trágica. A partir de allí y desde una perspectiva más bien política -de izquierda en ese instante- empecé a buscar información en libros, en la oralidad, en la conversación. Empecé a entender esta violencia, la violencia de la población callampa osornina, la violencia del huilliche, el fratricidio. Me empecé a dar cuenta que el fratricidio era una cosa común en San Juan de la Costa, que los asesinatos eran brutales, que las peleas eran a hachazos y a palos. Y lo mismo sucedía en mi población: los huilliches se peleaban entre ellos de una manera descomunal. Empecé a entender de dónde venía esta violencia, de dónde venía este dolor que se manifestaba como violencia cotidiana. Y, obviamente, empecé a tomar partido por mi familia, por mi origen. Tomé partido por la voz de mi abuela que estaba absolutamente mestizada, colonizada. Empecé a entender los relatos de mis parientes del campo cuando decían “Nosotros hacíamos un Guillatún y era una tremenda fiesta”, “Nosotros íbamos en bote y llevábamos a mucha gente al Guillatún”. Pude comprender la parsimonia del indígena. Busqué en los sueños y en la palabra oral el sentido de nuestra propia existencia, el por qué estábamos ahí. Por qué veía ritos que no eran ritos propiamente tales: los Huaique, por ejemplo, hacían grandes comilonas; eran muy pobres y hacían todo ahí en una gran olla en el patio con mucha basura… Cocinaban cabezas de vacuno, intestinos, todo lo que podían recolectar. Y organizaban grandes fiestas que terminaban en peleas formidables. Empecé a entender por qué se daba todo esto, por qué todo aquello en lo que yo estaba inmerso era deplorable, marginal, era mal visto, era sucio… Pero entendí que tenía un origen. Eran réplicas de antiguos ceremoniales campesinos. Supe por qué los velorios eran tan concurridos: la gente hablaba mucho, pero no sólo del muerto, sino de todos sus asuntos como comunidad. Y yo me alimenté de todo eso y también de la narrativa, de la conversación de la gente que iba al bar donde yo desde niño atendía. Y ese bar estaba lleno de historias, de gente que tenía cada una su particular modo de ver la existencia. Un realismo sucio y mágico. Eso me marcó y de ahí en adelante empecé a asumir mi condición de mestizo. Era un indígena y debía tomar mis opciones. Mi madre hacía catutos, hacía muday, zopaipillas, recolectaba hongos y luego los vendía en la ciudad. Compraba en la feria cosas que entonces nos parecían normales, pero que desde el punto de vista étnico empecé a entender que ésas eran comidas de indios, comidas de huilliches que consumíamos a diario. Entonces, como te digo, despertar a todo eso fue fundamental. Ese fue el primer alimento de mi escritura. Y por eso hoy día asumo que mi compromiso es más ético y estético, que político. El sur comienza en una nube y termina en un árbol. Los límites territoriales en mi trabajo literario están básicamente asentados en diversos sectores de la provincia de Osorno. Tiene que ver con el mundo mapuche-huilliche de San Juan de la Costa, de San Pablo, de Quilacahuín, de la misma ciudad de Osorno. Estos espacios son parte estructurante de mi libro Ceremonias. En él también aparece una lógica vinculación con la Araucanía, pues viví allí algunos años, pero se trata un espacio que no he explorado en términos poéticos de un modo intensivo, precisamente porque no nací allí. La comprensión de un territorio determinado implica una experiencia larga en el tiempo. Aunque viví 12 años en La Araucanía, no llegué a conocerla completamente. Pienso que la poesía se construye con una experiencia válida de conocimientos y la asunción de cierto lenguaje característico, pero también con cierta luz, con ciertas historias propias de ese territorio. Ahora, yo creo que el poeta cuando se instala en un espacio determinado no necesariamente está refiriéndose a él, sino que está construyendo una versión de ese territorio, una indagación, una exploración, lo que finalmente se convierte en una ficción poética. Entonces, en ese sentido, mi trabajo, situado en un territorio específico, intenta trascenderlo por medio del lenguaje poético e instalarlo como un territorio más dentro de los espacios de la poesía; Globalización, memoria e identidad. Son ejes conceptuales que obviamente han incidido en la conformación de las ciudades en esta parte del país, las cuales -desde una dimensión de aldea o pueblo peregrino- se convirtieron gradualmente en entidades productivas, vinculadas a la economía nacional y transnacional. La globalización ha llegado al sur de Chile a través de la economía y de manera más tenue a través de la cultura. Pero me parece que la modernidad sureña es una modernidad a medias. Todavía se observan rasgos medievales en las relaciones humanas, culturales, económicas, políticas. Por lo tanto esta “modernidad” -nacional o capitalina- no se encuentra plenamente instalada en el sur. Ciudades como Osorno, Valdivia o Puerto Montt parecen más bien factorías, espacios de instalación de un producto determinado. Desde el ámbito de la literatura se ha intentado de alguna manera visibilizar esos espacios e instalarlos no como producto turístico o exótico, sino como indagación poética, con su problemática histórico-social. La globalización ayuda con elementos tecnológicos que favorecen la comunicación masiva, lo que permite tener una visibilidad más o menos universal en algún sentido, pero creo que en el caso específico de los pueblos originarios como la sociedad mapuche-huilliche, se mira a este conglomerado humano como un reducto enrarecido por el exotismo, por el retraso económico-cultural, y estancado en una memoria que no es viable económicamente; Lo crudo y lo cocido de la globalización. Pienso que la globalización tiene aspectos mejores y peores. Por una parte hay elementos positivos que permiten instalar estos territorios en diversos niveles: comunicacional, económico, cultural, político, a través de los recursos mediáticos. Permite la visibilidad de este conjunto de sociedades friccionadas. Por otra parte, la globalización apuesta a ocultar aún más ciertas realidades, porque solamente se visibiliza aquello que pudiera tener algún interés desde el punto de vista de la economía neoliberal. Es así como en el plano del turismo hay mucha oferta; o en el plano de la explotación económica de los mares o de los bosques; o en el intento de preservar masas de agua pura que el día de mañana van a ser el gran negocio. Entonces, creo que hay una visibilidad que permite la globalización en ese ámbito, pero que oculta las problemáticas, las fricciones, la dolorida memoria de la gente que habita ancestralmente esos territorios. Oculta el historial político del sur; El lenguaje de la poesía del sur. Creo que, en términos generales, la poesía del sur de Chile que se escribe entre Temuco y Chiloé presenta gran diversidad de enfoques, tonalidades, posturas, posiciones, que la enriquecen como conjunto, sin perjuicio de elementos que son comunes. Uno de ellos es el lirismo, como rasgo principalísimo. Otro elemento, que parece ser contradictorio con el anterior pero convive con él, es la narratividad. La poesía sureña es narrativa como se observa en varios de los poetas más visibles. Siempre se cuenta una historia, hay un relato. No son imágenes desatadas al estilo surrealista, donde vas instalando fragmentos de sueños o absurdos lingüísticos. Se trata de un lirismo que tiene una lógica y también hay una lógica de la narrativa pulsando este lenguaje poético del sur. Observo aún un tercer elemento, que tiene que ver con la vinculación estrecha de esta poesía con un espacio territorial determinado. Siempre hay indicios de dónde está escribiendo el poeta o dónde está instalando su canto o su narración poética. Los poetas sureños hablan desde un territorio determinado, trascendiéndolo. En términos de lenguaje, el poeta del sur persiste en hacer de su poesía una construcción comunitaria, no se encierra en una teoría literaria, que es lo que yo advierto en la poesía de los últimos 15 años escrita en Santiago, donde persiste la tendencia a desarrollar teorías, experimentalismo formal, una obsesión por el rupturismo, lo que no logra instalarla en los espacios comunitarios. La poesía del sur tiene todavía la vocación de dirigirse a una tribu. Ser “la voz de mil almas”, como escribió Nietzche, aunque se publican quinientos ejemplares por edición. Yo creo que el poeta sureño intenta todavía instalar una voz y una construcción que le compete a toda la sociedad. El poeta se hace cargo de problemáticas no solamente individuales, sino comunitarias, sociales. __________________________________
Entrevista a Jaime Luis Huenún realizada por Claudia Arellano Hermosilla el 7 de agosto de 2008, en Santiago de Chile;

Texto parcial editado por Clemente Riedemann y Claudia Arellano;

Proyecto de investigación Antropología Poética del Sur de Chile, Fondart Regional 2008; © SURALIDAD EDICIONES, 2008;
suralidad@gmail.com

viernes, diciembre 26, 2008

Yanko González: "Ser poeta ahora es más difícil"

Yanko González. Imagen de Internet.
Entrevista de Claudia Arellano Hermosilla
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El autor de Héroes Civiles y Santos Laicos (1999), el más relevante libro de entrevistas a autores del sur, afirma hoy que el gran momento de la poesía del sur –en tanto sistema de relaciones humanas y literarias- es cosa del pasado. Según González, la masificación gigantesca del mercado de bienes simbólicos arrasó con los intentos de diversificación de la creación poética y que hoy la sobrevivencia en el sistema dice relación con la captura de una escucha global.
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Nuevas formas de dominación. Los varios procesos homogeneizadores transforman la manera, la forma de estar, de pensar todos los elementos culturales, todas las diferencias que se han ido construyendo aparte de las diferencias obvias que se mantuvieron en el mundo indígena, de manera solapada, resistente y, además, resignificadora, como proceso de acomodo desde mediados del siglo 19 y hasta los años 80. ¿Qué pasa en los años 80? El proceso se da por omisión por parte del Estado y lo que ocurre ahí es que estalla de una manera mucho más fuerte una industria cultural controlada por el mercado. El país comienza a vivir con esos bienes simbólicos impregnados a un nivel más perforador que en la vida cotidiana. Estalla de una manera gigantesca y provoca en los discursos líricos una reacción negativa porque en realidad se ve el proceso de globalización interna aliada con la dictadura, con intereses siniestros por parte de un Estado que abre esas fronteras, y que produce una enorme sospecha porque se ve esto como una extensión de un Estado que ya no se hace cargo directamente del control, sino a través de un aparato ideológico secundario de dominación; Dictadura y mercado. Es curioso, las manifestaciones anticentralismo que abarcaban un espectro político enorme no tienen que ver con esta reacción de los discursos líricos frente a esta industria cultural masificada, a esta idea del consumo abyecto y la dictadura que estaba detrás de ello apoyando y fomentando esta apertura de espacios simbólicos, porque veía que era un dispositivo de aborregamiento de los sujetos. En la mayoría de los discursos líricos que se preocupan por estos procesos -Poemas encontrados, de Jorge Torres (1991); Libertad, de Nelson Vásquez (1984); Virgenes del Sol Inn Cabaret, de Alexis Figueroa (1986)- se observa una crítica ácida hacia esta suerte de invasión del mercado simbólico, junto con el rechazo a esta invasión de disciplinamiento ideológico y político: dictadura y mercado, la demonización de la dictadura y el mercado. En los 80´s esos síntomas en el sur se transforman en el distintivo. Es decir, una de las expresiones de la llegada del neoliberalismo es justamente la democratización del mercado simbólico. En el país, era inédita esta masificación. Lo interesante es que si hay algo distintivo, es que las respuestas a nivel de los discursos líricos más radicales se dan en el sur de Chile, específicamente entre Concepción y Chiloé; Construcción y disolución de un canon. Entonces, ¿en qué escenario nos encontramos entre los 60 y el 2000? Nos encontramos con esa tradición, con esa carga que ahora se lee no solo en términos referenciales directos al contexto político ideológico, sino que también se empieza a construir un cánon o tradición literaria. Se empieza a leer y a complejizar con la escritura de los decires de sujetos que estuvieron antes y por lo tanto, lo que ves tú es una suerte de superposición y de complejización de esos discursos en base a obras anteriores. Y, claro, lo que pasa en los 90´s es que hay una explosión mucho más diseminada, pero que tampoco se puede entender con las primeras respuestas de los 80´s. El caso de la globalización interna, la proliferación de la industria cultural, no sólo trasnacional sino también interna. Por lo tanto, ocurre que podemos ver la producción poética de este lugar mucho más contaminada de lo que fue en los 80´s, más complejizada y más tensionada porque estos procesos se han radicalizado. Además, se han profundizado, pluralizado por estos otros discursos que estando dormidos, despiertan, se re-etnifican en el caso de los mapuches, e intentan dialogar con una historia más remota ligada con una historia mediata e inmediata. La historia inmediata por cierto está fuertemente vinculada con el diferencialismo. El sujeto que produce no solo está influenciado por su tiempo, sino que también es un sujeto que es capaz de leer perfectamente su realidad para poder instalar allí su discurso. Esta tradición de la que hablábamos en este campo cultural sureño, el campo de la literatura, también va acompañado de una inteligencia mayor sobre el propio campo, es decir, un conocimiento mayor sobre los dispositivos de instalación, los dispositivos de exclusión, de inclusión. Por lo tanto es un sujeto está mucho más preparado. Yo me atrevería a decir que un momento sí hubo un campo cultural literario en el sur, creo que eso duró hasta el año 2000. Después lo que sucedió es que el campo literario se volvió más poroso y era injustificable seguir hablando del campo literario como sureño. Pero sí se produjo aquí un circuito, una investigación general, generación de conocimiento sobre el mismo. A partir del 2000 casi no hay tesis sobre poetas o escritores del sur de Chile, casi no hay investigación sistemática sobre ellos, casi no hay recepción. La última obra que se publica en el 2000 no tiene recepción. De hecho la Antología Poetas Actuales del Sur de Chile, de O.Galindo y D. Miralles (1994) no tiene recepción fuera de nuestro propio campo en ese momento. Después hay vacío que lo va supliendo en cierta medida la recepción más global, no sólo de Chile. Cada vez los poetas tienen más vínculos con Lima o con España, que con Santiago o Concepción; Diferencias estilísticas con el centro. Hay cuestiones contextuales como la realidad económica, la trasnacionalización de lo simbólico, la alta cultura de la literatura, etc. que explican un cambio de paradigma al escribir. El sujeto que esta acá no está pensando ahora como en los 80´s sobre los procesos históricos de mestizaje o colonización, sino que está pensando en qué está sucediendo en Afganistán, por ejemplo. Creo que después del 2000 comienza una tercera avalancha homogeneizadora, lo que la distingue de las otras es que no viene directamente de afuera sino que es articulada internamente, es decir hay una suerte de intencionamiento en relación a cómo colocar los discursos en relación a los otros y en relación a los otros no próximos, sino que en el fondo al otro lejano. Es decir que me valoren no sólo porque escribo sobre Chaulinec, que no me valoren sólo los colegas de Chiloé. Hay un proceso diferencialista instalado en una escucha global y no en la escucha local. Por lo tanto las obras están siendo escritas y trabajadas, e incluso con todo lo original o lo originario que puede tener de eso, está dirigida sin complejos a una escucha que es global, incluso trasnacional. Por lo tanto las obras que han sido autárquicas, desde el punto de vista de su referencia, de su lenguaje, incluso desde el punto de vista del argot, chilotismos, etc., están siendo pensadas ahora con el telón de fondo de lo trasnacional. En este sentido las diferencias con el centro se han minimizado; La opción mapuche-huilliche. Hay algunos poetas huilliche, como Huirimilla, que han entrado decididamente a dialogar con bienes simbólicos que se trasnacionalizaron en las décadas del cuarenta y cincuenta, como la cultura del corrido, la cultura mexicana. Es muy curioso: ahora venimos a descubrir que eso estaba presente en los espacios locales rurales, además se traslada de los espacios urbanos populares al mundo rural. Lo que pasa es que son bienes simbólicos súper vivientes, porque mientras el mundo urbano popular tiende a decaer, el mundo rural tiende a persistir. Esto es interesante, porque no se trata de algo que viene de afuera, sino de algo que ya está instalado, en el fondo es un buceo sobre mi ombligo, es decir: -“Oye, mira el friquerío que hay aquí”, ¿no? …Esto lo voy a tomar. ¿Y por qué lo tomo? Porque ahí hay un diálogo que tiene un telón de fondo, una escucha trasnacional; El centro lo constituyen las obras de calidad. El centro administrativo y cultural es un espacio donde se densifican los discursos. Pero ello no significa que lo que allí se escribe sea lo paradigmático. Un libro tan gravitante como La Nueva Novela, de Juan Luis Martínez, no se escribe en Santiago, sino en Valparaíso y en condiciones de aislamiento, además. En realidad una de las cuestiones por las que hay que luchar es justamente por el policentrismo. Ver no sólo la realidad poética sino la realidad política de manera policéntrica. Vamos al personaje Huidobro… ¿Qué es lo que hace Huidobro?, Huidobro dice que él es el centro de la vanguardia. Esa actitud huidobriana es sumamente interesante, tal como la que pudo tener De Rokha o el mismo Teillier. Porque puede ocurrir que existan sujetos que geográficamente están muy alejados, pero son centrales, como lo es Coloane para los franceses; Colores y olores del sur. El sur tiene 525 líneas. Creo que son el cian, el magenta. Esta pregunta remite a un horizonte no sólo de escritura sino también del sí mismo que tiene una acentuada relación con el paisaje. La pregunta por el color también revela una manera de ver, de recortar la realidad y su correlato artístico simbólico. En realidad no tengo una relación afectiva con los colores, primero; y segundo, aunque tengo una relación afectiva con el paisaje tengo otro tipo de relaciones afectivas que no pasan por el color. Ahora claro, si me apresuras te puedo improvisar…Yo creo que es el azul…En cuanto al olor…Hay un olor que se me vino a la nariz. En Valdivia, en el año 84, yo era muy chico, no sé…Tenía como 12 años. Para mi el olor que me quedó impregnado es el de los muelles de paja…Un olor penetrante, pero un olor curiosamente atractivo también. Era muy fuerte, de pudrición del pasto. Era un olor distinto, que todavía lo siento... Y es el olor del sur. De hecho, yo tengo ahora uno en mi casa que hice yo mismo; Ser poeta ahora es más difícil. Entre los 60 y los 80 creo que fue la época de oro de la poesía en el sur. El contexto literario, incluso humano de entonces era muy favorable no sólo para el discurso diferencial, sino para el habitual como poeta en el Estado de Chile. Era un contexto en que la cantidad de productores culturales era mucho más precario, mucho más deshabitado que el de ahora. La posibilidad que tiene ahora un poeta de Reumén, de Río Bueno, o de La Unión para escribir o publicar es mucha. Pero para colocar ese discurso en el concierto literario es muy difícil, incluso en el nivel regional. Y antes creo que no era así, un sujeto que escribía un libro medianamente bueno era un sujeto que rápidamente tenía recepción en un nivel regional y una recepción en Santiago. Ahora cualquier poeta tiene a su alrededor trescientos más haciendo lo mismo. Y todos tienen su blog, todos tienen su Facebook.
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Entrevista a Yanko González Cangas realizada por la antropóloga Claudia Arellano Hermosilla en Valdivia, el 14 de agosto de 2008;
Fragmento editado por el poeta Clemente Riedemann;
Proyecto de investigación Antropología Poética del Sur de Chile, Fondart Regional 2008;
(c) SURALIDAD EDICIONES 2008;