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miércoles, mayo 22, 2013

SURALIDAD, Antropología Poética del Sur de Chile






Los discursos orales y escritos de los/as poetas chilenos estudiados en este libro, nos muestran un país diferente de aquel que ha sido instalado en el imaginario colectivo desde la época colonial. En su movimiento centralizador, tendiente a uniformar culturalmente al país, el Estado chileno no ha logrado incorporar lo distintivo como un aporte en el reconocimiento de una identidad nacional más cercana al sentimiento de pertenencia de los habitantes que viven en los distintos territorios.

Los poetas, hombres y mujeres, concebidos como catalizadores de la percepción existencial de sus comunidades, han levantado estos discursos apoyándose en gran medida en esos mismos desechos culturales, donde destacan el distinto modo de relacionarse con el entorno, las diferencias étnicas y genéricas, el sincretismo religioso, el hibridismo en la tecnología y en el lenguaje, generando de esta forma una otra estética intersubjetiva.

En su escritura, los poetas van desarrollando una coreografía sutil y compleja entre sus procesos autobiográficos y colectivos, dando paso a una reinvención constante de la Suralidad, poética que contribuye a imaginar una otra historia del sur de Chile.
(Fragmento de la presentación en contraportada)
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Datos editoriales del libro:

SURALIDAD, antropología poética del sur de ChileClemente Riedemann Vásquez  / Claudia Arellano Hermosilla. Ensayo. Coedición de Suralidad Ediciones y Ediciones Kultrún. 190 págs. 18x25 cms.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               Diseño y cuidado de la edición por Ricardo Mendoza Rademacher.  RPI N°  218.226    Puerto Varas/Valdivia, 2012 . 
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

lunes, julio 18, 2011

Decolonizar el imaginario

                                                                                     Estudiantes de París en la Bastilla, 1º de mayo de 2009. Fotografía Archivo Suralidad.

Clemente Riedemann / Claudia Arellano
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La literatura y el arte regionales pueden intervenir en la escena de la chilenidad de maneras cada vez más sorprendentes e inesperadas, en la medida que trabajen para desmontar el imaginario de las identidades totalizantes pensadas desde el centro, develando, de paso, las identidades contenidas en las propias regiones.
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Hablamos de colonialismo interno para dar cuenta de la existencia de pueblos o comunidades, dentro del Estado nacional, económicamente explotados y culturalmente reprimidos. Lo anterior se ampararía en el valor supremo de la unidad nacional. Históricamente los estados nacionales han privilegiado la vinculación del poder político con una sola nación o etnia, a veces con una sola religión, negando la existencia de otras comunidades culturales en su territorio o promoviendo su rápida asimilación, independientemente que se trate de comunidades indígenas vernaculares o de aquellas conformadas por grupos de inmigrantes. La presencia de estas dos últimas es relevante en la regiones del sur austral de Chile y aportan sustantivamente en su diferenciación y, por tanto, a su identidad. Hasta ahora, el principal instrumento que sustenta este modo de sujeción y postergación de las regiones es el centralismo político y administrativo del Estado chileno.

No obstante, desde hace un par de décadas se ha venido instalando un modelo conceptual e interpretativo distinto que persigue liberar el imaginario de las comunidades regionales de la sujeción metropolitana, tanto nacional como extranjera. Se trata de la corriente post colonialista o decolonización, ideología que se plasma en la deconstrucción del colonialismo.  Gayatri Spivak, una de sus precursoras,  señala, “Los grupos de estudios subalternos surgidos en los años ochenta […] conceden sentido a la palabra tanto en el plano político como económico, esto es, para referirse al rango inferior, o dominado, en un conflicto social, para significar así de modo general a los excluidos de cualquier forma de orden y para analizar sus posibilidades como agentes”. (Spivak, Gayatri. 2003. ¿Puede hablar el subalterno?. Revista Colombiana de Antropología, Vol. 39)

Estas comunidades excluídas, entre las que se encuentran también las poblaciones regionales de Chile,  reciben la denominación de colectividades identitarias y están conformadas por sujetos  que manifiestan la necesidad de pensar su propia identidad, que comparten un discurso  identitario común y que simbolizan los elementos de esa identificación. Ahora bien, los sujetos que conforman  las colectividades  identitarias  del sur de Chile no pueden ser caracterizables por esencias auto contenidas, sino que, más bien, hay “identificaciones que se combinan y mezclan, en actos de relación (García Canclini, Néstor. 1990. Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo, México).

Se entiende que las colectividades identitarias en ningún caso están aisladas, ni mucho menos mantienen fronteras de separación definidas, no son grupos formales, “…se habla bastante de la identidad mapuche, -esa es una parte fundamental- pero también hay otras vertientes que están presentes: la alemana, la española, la croata,  la palestina, la italiana. Todo eso conforma la identidad. Al final somos todas esas cosas juntas“ (Eytel, Guido, 2008, en Suralidad, Antropología Poética del Sur de Chile, http://suralidad.blogspot.com). Por tanto, se trataría de grupos discursivos que se mezclan, se articulan, y se renuevan dentro de un “universo de reconocimiento” o “territorio retórico”, donde el lenguaje es primordial, pues “teje la trama de las costumbres, educa la mirada e informa el paisaje”,  en tanto que una alteración en la comunicación retórica manifiesta el paso de una frontera, es decir, el reconocimiento de un otro diferente. (Augé, Marc. 2001. Los No Lugares. Espacios del anonimato. Ed. Gedisa. Barcelona.)

En estos espacios de reconocimiento,  la poesía y el arte cumplen un rol clave en tanto acto de resistencia. Como señala Spivak, “las colectividades colonizadas están fracturadas por el subalterno” (Spivak, Gayatri. 2009. Muerte de una disciplina. Editorial Palinodia, Santiago de Chile) y contienen la posibilidad de sorprender lo histórico, en cuanto trasgresión textual que desestabiliza el discurso homogeneizador del centro político y administrativo.  “Creo que la poesía del sur de Chile intentó elaborar discursos literarios y extra-literarios fuertemente críticos del canon promovido por las instituciones tradicionales (gubernamentales, académicas, editoriales y comunicacionales) emplazadas en el centro geográfico, político y administrativo de nuestro país, específicamente su capital, la ciudad de Santiago. Un canon que operaría, según sus detractores, con criterios hegemónicos y centralistas, y cuyo efecto más evidente sería la “ceguera” para identificar bienes simbólicos suficientemente representativos más allá de los límites geográficos y simbólicos del centro” (Torres, Antonia, 2008, en Suralidad, Antropología Poética del Sur de Chile, http://suralidad.blogspot.com)

A fin de cuentas, la intelectualidad metropolitana políticamente correcta pretende que las comunidades regionales sean identitarias en un sentido nacionalista o de clases, que es justamente lo que está haciendo el actual modelo educativo, rechazado ahora por una mayoría creciente que ha debido tomarse las calles para poner el tema en la agenda pública. Así pues, la literatura y el arte regionales pueden intervenir en la escena de la chilenidad de maneras cada vez más sorprendentes e inesperadas, en la medida que trabajen para desmontar el imaginario de las identidades totalizantes pensadas desde el centro, develando, de paso, las identidades contenidas en las propias regiones.
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(c) Clemente Riedemann / Claudia Arellano (2011)
(c) SURALIDAD, Antropología Poética del Sur de Chile

sábado, marzo 19, 2011

El imaginario poliforme de la Suralidad




Clemente Riedemann
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Ecología, diferenciación y surrealidad, constituyen dimensiones interpretativas de ese contexto cultural que sirve de soporte al imaginario de la poesía que se escribe en el sur. Las distintas maneras en que lo(a)s autore(a)s se vinculan con ellas, marcan, a su vez, sus distintas visiones y sus estilísticas.
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         La dimensión ecológica surge del encuentro de los cuatro elementos de la naturaleza, en el variado entorno geológico y orográfico que sirve de soporte territorial, marcado por la presencia dominante del agua (mar, ríos, lagos, canales, estuarios, lagunas, esteros, pozones, napas termales, alta pluviosidad); seguida por la tierra, cubierta por bosques (costeros, de valle. de montaña, con flora y fauna variada) o extensas praderas en el valle central; además de serranías, quebradas, acantilados y lomajes; continúa con el aire (cielos diurnos y nocturnos, variedad de vientos y fenómenos meteorológicos) donde las estrellas y las nubes constituyen elementos de referencia frecuentes; y, finalmente, el fuego, vinculado con la montaña andina (volcanes) y el hogar, especialmente la cocina y los fogones. Los elementos culturales o metafóricos articuladores de este universo espacial referido a la naturaleza, son el camino rural, de tierra o pedregoso, por donde se moviliza el sujeto poético al encuentro con el cosmos; y la casa, desde la cual el habitante contempla y controla la dinámica del universo: 

“En el cielo/ el sol mira para atrás/ porque tiene que llamar agua,/ y tú conoces las señales/ los sagrados olores de la tierra/ y empiezas a lustrar tus botas/ la escopeta del 16/ que el abuelo colgó en el comedor/ en ese otoño de su muerte.“ (Delia Domínguez, El sol mira para atrás).

         La dimensión intercultural o “relación en la diferencia”, se articula como derivación del cruce étnico e histórico (entre los nativos indígenas con inmigrantes europeos y chilenos); también, por el contacto recurrente entre la población rural y la urbana; además, por las relaciones de género; aspectos a los que se agregan las relaciones con grupos lejanos, a través de la tecnologías de la información. Por su parte, los propios autores se relacionan desde sus particulares estilísticas, constituyendo una “comunidad discursiva” plural, poliforme, a veces contradictoria, aunque no excluyente. El espacio de encuentro y símbolo de la diferenciación, es la ciudad, especialmente la calle, por donde el sujeto poético va haciendo la reflexión de su existencia, cargado de “memorias y anhelos”; y describiendo su estado actual en el mundo:  

“Esa calle pequeñita está llena de olores./ Está cerca del mercado, a un paso del río;/ aquí estuve una vez, escribíamos versos en las / paredes,/ todavía existe este local, está cambiado/ pero existe./ Sitios habituales de la ternura,/ no hay sitios eriazos en esta ciudad,/ todo huele, palpita, todo ha sido habitado o lo será/ por los únicos seres imaginables.” (Omar Lara, Los centros de la tierra).

         Una tercera dimensión, de génesis surrealista, surge a raíz de la inserción de las nuevas tecnologías en los espacios tradicionales o por la irrupción de usos, costumbres y artefactos antiguos en los ambientes de la modernidad. Este encuentro azaroso de temporalidades históricas divergentes, se presenta lo mismo por el ingreso de la población rural en las ciudades, que por la expansión residencial de habitantes con tradición urbana, especialmente de los grupos de mayores ingresos, hacia los espacios rurales aledaños. Así, mientras los campesinos abandonan sus tierras y avanzan en la ocupación de las ciudades en busca de mejores oportunidades y servicios, las clases dirigentes abandonan éstas paulatinamente, para ir a residir en las periferias urbanas o en las áreas rurales, en procura de segurizar sus bienes y mejorar su calidad de vida. Esta dinámica de recambio residencial deviene en un lenguaje mixturado, posmoderno:  

“Soy el escudero de la aldea/ Véanme entrar a casa/ Ni un mendrugo de pan en la mesa/ El terno planchado a rayas/ Sin arrugas la camisa/ Un poco de sangre en el pecho/ Y esta espada vieja que al sacarla/ De su funda/ Brilla aún la luna en su filo…/ Por aquí callejeo con desta chala/ Y un abrigo negro” (Juan Paulo Huirimilla, Callejeo a la manera de Serguei Esenin).
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(c) Clemente  Riedemann  2011.
(c) SURALIDAD, Antropología Poética del Sur de Chile.

martes, julio 20, 2010

Poesía y mujer suralidiana (II)



Fotografía de Mariana Matthews

Claudia Arellano Hermosilla
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La mujer que escribe puede empezar, como dice Lucy Irigaray, a defender su deseo. Y, para hacerlo, el instrumento con el que cuenta es el concepto, porque al defender su deseo puede encontrar lo que busca, su verdadero lugar en el mundo, uno que la defina y ubique en otro lugar diferente al que hasta ahora ha tenido. Y el deseo de estar en un nuevo espacio (real o ficticio) se vincula con la libertad de elegirlo.
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Otro de los temas que se ha instalado en los últimos años es si existe un “arte de mujeres” o un “arte femenino”. El primero habla de un objeto artístico hecho por una mujer. El segundo hace referencia a obras de mujeres cuyos contenidos remiten a una conciencia de género, evidenciando un discurso de resignificación de lo femenino. Estas categorías, al separarlas, dividen el imaginario que existe entre quienes producen arte desde el ser mujer y aquellas que lo componen con una carga teórica feminista previa. Ambas posiciones, en mi opinión, potencian, sostienen y contienen, el valor analítico en el que la creación -como productividad textual de contenido- y la(s) identidad(es) de la artista presentes en la obra, van construyendo y reconstruyendo los símbolos de lo femenino, reflexionando sobre el estado de las cosas, de los sistemas de representación dominantes sobre la mujer, el género y la diferencia sexual.


En ambas categorías se evidencia la acción y la generación del ser. Cuando nombramos algo, haciendo referencia a la ontología del lenguaje (Echeverría 1998), resaltamos su existencia, la individualizamos, afirmamos su singularidad. Por el contrario, las personas o cosas que no se nombran permanecen ocultas, como telones de fondo. Este proceso de reconocimiento a través del concepto –inscrito en el objeto artístico- no sólo trasluce las representaciones de la realidad de la artista sino que también favorece la expansión hacia nuevas realidades e identidades. La recursividad de nombrar significa volver a sí misma, observarse y reflejarse sobre el objeto creado, sea escritura, pintura, escultura. Es el efecto refractario que, al mirarse en el objeto creado, hace aparecer la condición de enunciado y enunciación, el ser y el sentido, nuevas representaciones, nuevas imágenes de sí misma, reelaborando la significación de la existencia, evitando de esta forma la naturalización de los discursos y de la práctica poética. Esto permite que todo arte mantenga su vigor como discurso en la medida que no se congela como a-histórico y tome conciencia de la metamorfosis constante de su identidad.


Existe una conciencia del ser humano en el arte, en todas sus disciplinas, que en algunos casos adquiere forma femenina o masculina y, en otros, tomará ambas. En los poemas de Rosabetty Muñoz, por ejemplo, observamos este juego ambivalente. Su palabra se conecta con el ser humano universal desde una identidad masculina al emplear un lenguaje racional, aséptico, conceptual. Pero a la vez aparece un corpus femenino que textualiza y se representa hablando de la maternidad: “Es mi hija la que acude / desde tiempos ignotos / para acariciarme lentamente. / Desearía que el universo se estacione / aún a costa de catástrofes siderales / porque ella no se aleje / para que su mano permanezca / como un bálsamo.” (Muñoz 1994).


Estas identidades tanto femeninas como masculinas son fuerzas relacionales que interactúan entre sí como partes de un mismo sistema. Julia Kristeva (1974) afirma que la escritura pone siempre en movimiento el cruce interdialéctico de varias fuerzas de subjetivación. Por un lado, existe la fuerza racionalizadora - conceptualizante - estabilizante (masculina); y por otro, la fuerza semiótica - pulsional - desestructuradora (femenina). Esta autora señala que ambas fuerzas co-actúan en todo proceso de subjetivación creativa. En este proceso convergen flujos continuos entre caos y equilibrio, entre concepto y pulsión, generando lo que Ilya Prigogine (1983) llama “estructuras disipativas”, una circularidad de formas y contenidos tanto racionalizadores como pulsionales, que permite la transferencia temporal en la capacidad de actuar y de escribir. Como lo señalaba Virginia Woolf en 1929 en su obra Un cuarto propio ”resulta fatal para el que escribe pensar en su sexo… hay que ser masculino-femenino o femenino-masculino” (Woolf 1993).


La mujer, en la poesía, persigue comunicarse con su lenguaje desde su deseo y su espacio, teniendo presente que intenta expresar su(s) identidad(es) inmersa (s) en un contexto social que la objetiviza a través de sus representaciones. La mujer que escribe puede empezar, como dice Lucy Irigaray (1985), a defender su deseo y, para hacerlo, el instrumento con el que cuenta es el concepto, porque al defender su deseo puede encontrar lo que busca, su verdadero lugar en el mundo, uno que la defina y ubique en otro lugar diferente al que hasta ahora ha tenido. Y el deseo de estar en un nuevo espacio (real o ficticio) se vincula con la libertad de elegirlo. Siguiendo a Gatari Spivak (2009), “imaginarte a ti misma, realmente dejarte imaginar sin garantías, por y en otra cultura, quizás”.


Este concepto puede forjarlo una autora, como observa Silvia Bovenschen (1986), aunque el medio del que se tenga que valer la palabra o la estética no sea propio, ni haya sido elegido conscientemente por ella. Con el tiempo y con la práctica del discurso la mujer de todos modos lo está haciendo suyo, se está apropiando de él y le permite dejar su huella, porque existen varias estrategias que pueden favorecer la verbalización de la mujer.


Podemos entender que este lenguaje de las mujeres utilizado en el arte de la poesía es una estrategia, una respuesta a una situación dada, un instrumento que la artista utiliza para comunicar sus yoes frente a otros y a otras. De esta manera ejerce su libertad de expresión y su derecho a cuestionar los mandatos, abriendo el camino no sólo para nuevas generaciones de mujeres artistas sino también para el arte en general. La mujer deja de ser lo otro para posesionarse de un espacio propio en el mundo creativo, incorporando una nueva fuerza de vida, propiciando la verdadera duplicidad de lo femenino/masculino, no como opuestos, sino como complementarios.
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Referencias.
  • Bovenschen, Silvia (1986) ¿Existe una estética feminista? en Estética feminista, de Gisela Ecker. Barcelona, Icaria Editores.
  • Echeverría, Rafael (1998) Ontología del lenguaje. Santiago. Dolmen Ediciones. La ontología del lenguaje señala que los seres humanos son seres lingüísticos; el leguaje genera ser y es acción, los seres humanos se crean a sí mismos en el lenguaje y a través de él.
  • Irigaray, Lucy (1985) Ese sexo que no es uno. Madrid. Editorial Saltes.
  • Kristeva, Julia (1974) La Révolution du languaje poétique. Paris, Seuil.
  • Muñoz, Rosabetty (1994) Baile de señoritas. Valdivia. Ediciones Kultrún.
  • Prigogine, Ilya (1983) ¿Tan sólo una ilusión? Barcelona. Editorial Tusquets. Según el autor, el cosmos, el ser humano, viven en armonía con la entropía, no en oposición a ésta. Como sistemas abiertos, vivimos entre equilibrio y caos y esta tendencia giratoria al margen del equilibrio nos asegura el crecimiento y la creatividad.
  • Spivak, Gatari (2009) Muerte de una disciplina. Santiago, Editorial Palinodia.
  • Woolf, Virginia (1993) Un Cuarto Propio. Santiago. Editorial Cuarto Propio.

(c) SURALIDAD 2010.
(c) Claudia Arellano Hermosilla, 2010.

lunes, abril 12, 2010

Poesía y mujer suralidiana (Parte I)

Carolina Ortúzar. Muestra en Hotel Cabañas del Lago, Puerto Varas, 2010.

 
Claudia Arellano Hermosilla
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En el trabajo literario desarrollado por las poetas de generación reciente se advierte el interés por desarticular la imagen de mujer convencional mediante la exposición o denuncia de la multiplicidad del significante mujer, desacralizando la condición de mujer subalterna construida y percibida a partir de los patrones y criterios del androcentrismo occidental.
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En el territorio de la Suralidad la poesía desarrollada por mujeres ocupa un rol fundamental. Sin embargo, ésta continúa siendo silenciada a nivel nacional por la hegemonía crítica masculina, ya que desde los esquemas de clasificación, los protocolos de canonización y los procedimientos de publicación y difusión, se continúa relegando a un lugar secundario a la producción literaria realizada por mujeres. Como advierte Delia Domínguez (2008) “las mujeres no han tenido el reconocimiento que merecen. El Premio Nacional de Literatura tiene más de sesenta años y se le ha dado sólo a tres mujeres. Con la vergüenza de que a la Mistral se lo dieron cinco años después que el Nobel”.


Según sostiene Gayatri Ch. Spivak (2003) –filósofa, feminista y pionera en estudios postcoloniales- la aparición de la “mujer del tercer mundo” en la crítica y en la historia reproduce el proceso colonizador y paternalista, porque las mujeres están construidas y percibidas a partir de los patrones y criterios del feminismo occidental. Lo que plantea la autora es que a la mujer subalterna no se le asigna una posición de enunciado ni enunciación, es decir, no son reconocidas como sujetos/sujetas legítimas de producción textual. Al respecto la poeta Antonia Torres (2008) comenta: “si no fuera por todas aquellas “feministas” que han luchado desde hace siglos por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, tal vez hoy yo no podría haber ido a la universidad o haber escrito poesía”.


Los discursos de las mujeres poetas de la Suralidad reflejan un modo particular de reconstrucción de sus subjetividades -que está en constante reelaboración- trabajando en la autorepresentación como sujetos sociales de ellas mismas, por una parte y, por otra, de la realidad que les ha tocado vivenciar directamente o a través de la experiencia heredada y transmitida por sus congéneres mayores.


En el trabajo literario desarrollado por las poetas de generación reciente, como Roxana Miranda Rupailaf y la mencionada Antonia Torres, se advierte el interés por desarticular la imagen de mujer convencional mediante la exposición o denuncia de la multiplicidad del significante mujer, desacralizando la condición de mujer subalterna. Por ejemplo, en la poesía de Roxana Miranda (2008) se plantea la existencia de un sujeto femenino que se enuncia y que sostiene su enunciación, evidenciando la posibilidad que tiene el sujeto de elegir entre distintas formas de identificación con un objetivo político: darle vuelta a la semiótica “natural” en la visibilización del cuerpo, del erotismo, de la ambigüedad sexual -característica de esta generación- que indica una subversión del deseo como mandato construido desde el androcentrismo. Haciendo alusión al mito huilliche del “Abuelito Huenteyao” de San Juan de la Costa, provincia de Osorno, esta autora señala que “…el chumpal se transforma en un ser que no es ni hombre ni mujer, es ambiguo de por sí”, retomando el sentido original de la cosmogonía mapuche en la que la divinidad está constituida por la integración masculino/femenino.


Estos relatos dan cuenta de que el ser mujer dejó atrás los referentes absolutos de identidades homogéneas. Los discursos de las poetas esbozan que las mujeres impulsan nuevas formas de subjetividad, que son capaces de intervenir en el “poder” del pensamiento binario (oposición masculino/femenino) y de esta forma configurar nuevas identidades relacionales y situacionales. Aparece con fuerza la apelación a las categorías de la emoción, lo mágico-religioso y la espontaneidad en la creación del objeto estético, que se conjuga con la valoración de la tradición cultural de la Suralidad, espacio donde les ha tocado generar y comunicar su arte. Los modos en que las artistas articulan su vida con el arte no es ajeno a este devenir, como nos lo recuerda Antonia Torres: “en mi propia obra asumo naturalmente la enorme influencia que tienen, a un mismo tiempo, la coyuntura y la tradición. No tendría tema ni lenguaje sobre y con los cuales escribir, sin ellas”.


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Referencias.


Entrevista a Delia Domínguez realizada en 2008 para Suralidad.
Entrevista a Antonia Torres realizada en 2008 para Suralidad.
Entrevista a Roxana Miranda Rupailaf realizada en 2008 para Suralidad.
Miranda Rupailaf, Roxana (2003) Las tentaciones de Eva. Puerto Montt, Ed. Secremineduc.
---------------------------------- (2009) La seducción de los venenos.
Spivak, Gayatri. (2003) ¿Puede hablar el subalterno? Revista Colombiana de Antropología, Vol. 39.
Torres, Antonia (2000) Las estaciones aéreas. Valdivia, Ed. Barba de Palo.
_____________ (2003) Orillas de tránsito. Puerto Montt, Ed. Secremineduc.


(c) Arellano Hermosilla, Claudia (2010) Poesía y mujer suralidiana. http://suralidad.blogspot.com
(c) Riedemann, C; Arellano, C. (2010) Antropología Poética del Sur de Chile. Puerto Varas, Suaralidad Ediciones.

viernes, marzo 26, 2010

Tradición y modernidad: la otra Frontera

                                                                                                             Patricia Ubilla Vaca callejera (2010)

Clemente Riedemann / Claudia Arellano
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Las relaciones entre tradición y modernidad, contrastantes o confluyentes, hacen lo principal del carácter de la poesía escrita en el sur de Chile. En esta “otra Frontera” (mental, no sólo territorial) se mueve la temática y el lenguaje de los autores y autoras que aquí sostienen decisivamente la actividad literaria en los tiempos actuales.
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La apropiación de la memoria ancestral, el vínculo con la naturaleza y las formas expresivas arcaicas se integran espontáneamente en el lenguaje moderno, complejizándolo y, obviamente, enriqueciéndolo con voces y acepciones que se yerguen en señales de identidad.

Si bien esta relación se presenta en el resto del país, en la poesía de la Suralidad adquiere especial vigor considerando la aún nutrida población rural (32%, la segunda más alta en Chile). Como se aprecia en la fotografía que acompaña esta nota, la relación entre el mundo rural y el urbano no sólo es un vínculo distante, memorioso, o de adyacencias. Las áreas de contacto son permanentes y dinámicas, generando el mayor interés para la poesía actual.

Observamos aquí a los poetas del sur haciéndose cargo de este dato de realidad y asumiéndolo con propiedad en sus textos, sin perjuicio de emplear los estilos y recursos expresivos propios de la literatura generada en los núcleos urbanos. Por ejemplo, un poeta que habita entre vacas y gallinas, como No Vásquez (1984; 1998) escribe: “Hay miles de corazones desconectados y las reparaciones son lentas”. Se trata de una retórica de síntesis, pero también multidimensional. Ya es eficiente en su referencia al colapso de los vínculos comunitarios y afectivos que trajo consigo la modernidad (el denominado desanclaje por Anthony Giddens), pero también puede interpretarse como una critica al centralismo, al olvido de la metrópolis por las zonas adyacentes.

O bien: “No manufacturamos, somos materia prima”, que además de delatar la situación de la persona humana como mero recurso productivo, bien puede referirse al colonialismo interno que hace uso y abuso de la periferia, donde la región es vista como un lugar a explotar, una simple base de datos, un vertedero para los desechos de la urbanidad, un frente olvidado por la globalización. El espacio rural concebido como lugar de la producción y explotación, sin redistribución, es decir, sin retorno de capital.

Cierto es que aquí aún persisten los sentimientos de apego e identificación con los lugares, pero también se asume que éstos han sido desvinculados, que ya no expresan del todo prácticas y compromisos establecidos localmente, sino que están grabados con influencias mucho más lejanas que, como parece razonable de observar en un contexto dinámico, algunos autores rechazan, otros filtran y otros idolatran. Pues bien, la asunción crítica de las influencias cercanas o lejanas parece marcar el timming en los registros de esta “otra Frontera”.

Los valores estéticos de tal mestura, devenida en gesto de congruencia existencial, son todavía invalorados por el establecimiento literario nacional que restringe sus visiones de país a los parámetros impuestos por la urbanidad metropolitana, considerada hasta ahora como único modelo válido de referencia.
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Referencias:
Vásquez, No (1984; 1998) L&VERTAD (Puerto Montt, Hojas huachas, autoedición); AMURICA (Puerto Montt, Hojas huachas, autoedición)

Para citar éste artículo mencionar alguna de las siguientes fuentes:
http://suralidad.blogspot.com/
© SURALIDAD, Antropología poética del Sur de Chile, 2010.
© Riedemann, Clemente; Arellano, Claudia (2010) Suralidad, Antropología Poética del Sur de Chile. Puerto Varas, Suralidad Ediciones.

domingo, febrero 21, 2010

Poesía y raiz étnica

Roxana Miranda (Fotografía de Fabiola Narváez, 2008. Propiedad de Suralidad Ediciones)
Clemente Riedemann / Claudia Arellano
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Con un castellano mesturado por voces mapuches y el empleo de la peculiar sintaxis derivada de este híbrido, la poesía de raíz indígena ha renovado el tratamiento del tema étnico, aportando otras visiones para interpretar el devenir de la sociedad nacional y convirtiéndolo en una marca de los imaginarios y sus lenguajes.
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Junto con la resignificación del territorio como estrategia para enfrentar el asedio de las comunicaciones mundializadas, un segundo elemento articulador del lenguaje poético empleado por los autores y autoras vinculados a la Suralidad es la mezcla de rasgos y características provenientes de orígenes étnicos y culturales.
El profesor Iván Carrasco (2000) denomina “poesía etnocultural” a esta forma de escritura poética y señala que “ésta ha explicitado la problemática del contacto interétnico e intercultural mediante el tratamiento de los temas de la discriminación, el etnocidio, la aculturación forzada, la injusticia social, educacional y religiosa, la desigualdad socioétnica, poniendo en crisis las perspectivas etnocentristas predominantes hasta ahora”. Agrega que “al poetizar los problemas de la identidad, la historia y la existencia de minorías étnicas y regionales, vigentes como la mapuche y la de Chiloé, o en extinción o destruidas como la selknam, yámana o kawashkar… los escritores etnoculturales han estimulado la toma de conciencia de esta situación por parte de los grupos étnicos implicados y de la sociedad global.”
Se trataría de una poesía que expande los cánones de la generación anterior vinculada a la denominada “poesía lárica” instalada con Jorge Teillier, posicionándose en un estatus posmodernista al reconocer en su lenguaje la coexistencia de tradición y modernidad en lugar de apostar por la valoración del imaginario tradicional en exclusiva, actitud progresista que también marca el lenguaje de los poetas de origen mapuche/huilliche de generaciones recientes, como Juan Paulo Huirimilla (2007) y Roxana Miranda Rupailaf (2003), por ejemplo.
En estos autore(a)s, si bien el retorno “memorioso” a las comunidades rurales de origen está presente en el imaginario de sus textualidades, es en el espacio urbano y en la inscripción en el contexto general de la literatura (y también el cine, la radio y la televisión) donde se verifican los asuntos predominantes de sus poéticas.
Por otra parte, en el último cuarto de siglo surgió un grupo de poetas, hombres y mujeres de raíz mapuche/huilliche que, asumiendo ellos mismos la promoción de su lengua y su cultura, vino a agregar diferencia temática y lingüística no sólo a la poesía escrita en el sur, sino que presentándose como novedad en el circuito nacional de las comunicaciones literarias. A partir de la obra de pioneros como Lorenzo Aillapán, Elicura Chihuailaf, Sonia Caicheo y Ramón Quichiyao, se agregan en el tiempo César Millahueique, Leonel Lienlaf, Faumelisa Manquepillán, Jaime Huenún y Bernardo Colipán, para cerrar el grupo con las generaciones más recientes, entre los que podemos mencionar a los ya citados Huirimilla y Miranda Rupailaf, como miembros de una generación que crece y se expande merced a su propia iniciativa comunicacional.
Con un castellano mesturado por voces mapuches y el empleo de la peculiar sintaxis derivada de este híbrido, la poesía de raíz indígena ha renovado el tratamiento del tema étnico, aportando otras visiones para interpretar el devenir de la sociedad nacional y convirtiéndolo en una marca de los imaginarios y sus lenguajes.
Es indispensable dejar establecido que la poesía de raíz étnica no agota su presencia con los escritores de origen indígena, sino que es preocupación generalizada entre los autores, en tanto realidad sociocultural insoslayable. Presente está también la aportación cultural de los grupos migratorios europeos llegados al sur de Chile a partir del siglo 19, principalmente descendientes de alemanes, además de holandeses, franceses, italianos y suizos, los que –a partir de Jorge Teillier- han dejado su impronta en la obra de varios autores vinculados a la suralidad, como Guido Eytel; Clemente Riedemann; Marlene Bohle ; Andrés Anwandter; Harry Vollmer y Gloria Dunkel. En el caso de este grupo de autores no existe el interés particular por exaltar de un modo privilegiado sus origenes étnicos, sino que, en tanto miembros de la sociedad “blanca” dominante, se han integrado formando parte de un estatus marcado por el cosmopolitismo y las tendencias estéticas patrocinadas por las academias anglosajona y europea.
La evolución de los procesos culturales de la posmodernidad que avanzan en favor de las mixturas (el mundo indígena instalándose en la institucionalidad blanca, el mundo occidental abriéndose a la comprensión de la cosmovisión indígena) pronostica a futuro el encuentro de ambas vertientes, en la perspectiva de alimentar una óptica latinoamericana propiamente tal, como escritura del mestizaje, del sincretismo y de la hibridación.
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Referencias. Carrasco, Iván (2000). Poetas mapuches en la literatura chilena. Valdivia, Universidad Austral, Estudios Filológicos N°35. Huirimilla, Juan Paulo (2007) Palimpsesto. Santiago, Ed. Cuarto Propio.
Miranda Rupailaf, Roxana (2003) Las tentaciones de Eva. Puerto Montt, Secreduc.
Esta edición:
(c) Clemente Riedemann y Claudia Arellano, 2010.
(c) SURALIDAD Antropología poética del sur de Chile.

viernes, diciembre 26, 2008

Yanko González: "Ser poeta ahora es más difícil"

Yanko González. Imagen de Internet.
Entrevista de Claudia Arellano Hermosilla
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El autor de Héroes Civiles y Santos Laicos (1999), el más relevante libro de entrevistas a autores del sur, afirma hoy que el gran momento de la poesía del sur –en tanto sistema de relaciones humanas y literarias- es cosa del pasado. Según González, la masificación gigantesca del mercado de bienes simbólicos arrasó con los intentos de diversificación de la creación poética y que hoy la sobrevivencia en el sistema dice relación con la captura de una escucha global.
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Nuevas formas de dominación. Los varios procesos homogeneizadores transforman la manera, la forma de estar, de pensar todos los elementos culturales, todas las diferencias que se han ido construyendo aparte de las diferencias obvias que se mantuvieron en el mundo indígena, de manera solapada, resistente y, además, resignificadora, como proceso de acomodo desde mediados del siglo 19 y hasta los años 80. ¿Qué pasa en los años 80? El proceso se da por omisión por parte del Estado y lo que ocurre ahí es que estalla de una manera mucho más fuerte una industria cultural controlada por el mercado. El país comienza a vivir con esos bienes simbólicos impregnados a un nivel más perforador que en la vida cotidiana. Estalla de una manera gigantesca y provoca en los discursos líricos una reacción negativa porque en realidad se ve el proceso de globalización interna aliada con la dictadura, con intereses siniestros por parte de un Estado que abre esas fronteras, y que produce una enorme sospecha porque se ve esto como una extensión de un Estado que ya no se hace cargo directamente del control, sino a través de un aparato ideológico secundario de dominación; Dictadura y mercado. Es curioso, las manifestaciones anticentralismo que abarcaban un espectro político enorme no tienen que ver con esta reacción de los discursos líricos frente a esta industria cultural masificada, a esta idea del consumo abyecto y la dictadura que estaba detrás de ello apoyando y fomentando esta apertura de espacios simbólicos, porque veía que era un dispositivo de aborregamiento de los sujetos. En la mayoría de los discursos líricos que se preocupan por estos procesos -Poemas encontrados, de Jorge Torres (1991); Libertad, de Nelson Vásquez (1984); Virgenes del Sol Inn Cabaret, de Alexis Figueroa (1986)- se observa una crítica ácida hacia esta suerte de invasión del mercado simbólico, junto con el rechazo a esta invasión de disciplinamiento ideológico y político: dictadura y mercado, la demonización de la dictadura y el mercado. En los 80´s esos síntomas en el sur se transforman en el distintivo. Es decir, una de las expresiones de la llegada del neoliberalismo es justamente la democratización del mercado simbólico. En el país, era inédita esta masificación. Lo interesante es que si hay algo distintivo, es que las respuestas a nivel de los discursos líricos más radicales se dan en el sur de Chile, específicamente entre Concepción y Chiloé; Construcción y disolución de un canon. Entonces, ¿en qué escenario nos encontramos entre los 60 y el 2000? Nos encontramos con esa tradición, con esa carga que ahora se lee no solo en términos referenciales directos al contexto político ideológico, sino que también se empieza a construir un cánon o tradición literaria. Se empieza a leer y a complejizar con la escritura de los decires de sujetos que estuvieron antes y por lo tanto, lo que ves tú es una suerte de superposición y de complejización de esos discursos en base a obras anteriores. Y, claro, lo que pasa en los 90´s es que hay una explosión mucho más diseminada, pero que tampoco se puede entender con las primeras respuestas de los 80´s. El caso de la globalización interna, la proliferación de la industria cultural, no sólo trasnacional sino también interna. Por lo tanto, ocurre que podemos ver la producción poética de este lugar mucho más contaminada de lo que fue en los 80´s, más complejizada y más tensionada porque estos procesos se han radicalizado. Además, se han profundizado, pluralizado por estos otros discursos que estando dormidos, despiertan, se re-etnifican en el caso de los mapuches, e intentan dialogar con una historia más remota ligada con una historia mediata e inmediata. La historia inmediata por cierto está fuertemente vinculada con el diferencialismo. El sujeto que produce no solo está influenciado por su tiempo, sino que también es un sujeto que es capaz de leer perfectamente su realidad para poder instalar allí su discurso. Esta tradición de la que hablábamos en este campo cultural sureño, el campo de la literatura, también va acompañado de una inteligencia mayor sobre el propio campo, es decir, un conocimiento mayor sobre los dispositivos de instalación, los dispositivos de exclusión, de inclusión. Por lo tanto es un sujeto está mucho más preparado. Yo me atrevería a decir que un momento sí hubo un campo cultural literario en el sur, creo que eso duró hasta el año 2000. Después lo que sucedió es que el campo literario se volvió más poroso y era injustificable seguir hablando del campo literario como sureño. Pero sí se produjo aquí un circuito, una investigación general, generación de conocimiento sobre el mismo. A partir del 2000 casi no hay tesis sobre poetas o escritores del sur de Chile, casi no hay investigación sistemática sobre ellos, casi no hay recepción. La última obra que se publica en el 2000 no tiene recepción. De hecho la Antología Poetas Actuales del Sur de Chile, de O.Galindo y D. Miralles (1994) no tiene recepción fuera de nuestro propio campo en ese momento. Después hay vacío que lo va supliendo en cierta medida la recepción más global, no sólo de Chile. Cada vez los poetas tienen más vínculos con Lima o con España, que con Santiago o Concepción; Diferencias estilísticas con el centro. Hay cuestiones contextuales como la realidad económica, la trasnacionalización de lo simbólico, la alta cultura de la literatura, etc. que explican un cambio de paradigma al escribir. El sujeto que esta acá no está pensando ahora como en los 80´s sobre los procesos históricos de mestizaje o colonización, sino que está pensando en qué está sucediendo en Afganistán, por ejemplo. Creo que después del 2000 comienza una tercera avalancha homogeneizadora, lo que la distingue de las otras es que no viene directamente de afuera sino que es articulada internamente, es decir hay una suerte de intencionamiento en relación a cómo colocar los discursos en relación a los otros y en relación a los otros no próximos, sino que en el fondo al otro lejano. Es decir que me valoren no sólo porque escribo sobre Chaulinec, que no me valoren sólo los colegas de Chiloé. Hay un proceso diferencialista instalado en una escucha global y no en la escucha local. Por lo tanto las obras están siendo escritas y trabajadas, e incluso con todo lo original o lo originario que puede tener de eso, está dirigida sin complejos a una escucha que es global, incluso trasnacional. Por lo tanto las obras que han sido autárquicas, desde el punto de vista de su referencia, de su lenguaje, incluso desde el punto de vista del argot, chilotismos, etc., están siendo pensadas ahora con el telón de fondo de lo trasnacional. En este sentido las diferencias con el centro se han minimizado; La opción mapuche-huilliche. Hay algunos poetas huilliche, como Huirimilla, que han entrado decididamente a dialogar con bienes simbólicos que se trasnacionalizaron en las décadas del cuarenta y cincuenta, como la cultura del corrido, la cultura mexicana. Es muy curioso: ahora venimos a descubrir que eso estaba presente en los espacios locales rurales, además se traslada de los espacios urbanos populares al mundo rural. Lo que pasa es que son bienes simbólicos súper vivientes, porque mientras el mundo urbano popular tiende a decaer, el mundo rural tiende a persistir. Esto es interesante, porque no se trata de algo que viene de afuera, sino de algo que ya está instalado, en el fondo es un buceo sobre mi ombligo, es decir: -“Oye, mira el friquerío que hay aquí”, ¿no? …Esto lo voy a tomar. ¿Y por qué lo tomo? Porque ahí hay un diálogo que tiene un telón de fondo, una escucha trasnacional; El centro lo constituyen las obras de calidad. El centro administrativo y cultural es un espacio donde se densifican los discursos. Pero ello no significa que lo que allí se escribe sea lo paradigmático. Un libro tan gravitante como La Nueva Novela, de Juan Luis Martínez, no se escribe en Santiago, sino en Valparaíso y en condiciones de aislamiento, además. En realidad una de las cuestiones por las que hay que luchar es justamente por el policentrismo. Ver no sólo la realidad poética sino la realidad política de manera policéntrica. Vamos al personaje Huidobro… ¿Qué es lo que hace Huidobro?, Huidobro dice que él es el centro de la vanguardia. Esa actitud huidobriana es sumamente interesante, tal como la que pudo tener De Rokha o el mismo Teillier. Porque puede ocurrir que existan sujetos que geográficamente están muy alejados, pero son centrales, como lo es Coloane para los franceses; Colores y olores del sur. El sur tiene 525 líneas. Creo que son el cian, el magenta. Esta pregunta remite a un horizonte no sólo de escritura sino también del sí mismo que tiene una acentuada relación con el paisaje. La pregunta por el color también revela una manera de ver, de recortar la realidad y su correlato artístico simbólico. En realidad no tengo una relación afectiva con los colores, primero; y segundo, aunque tengo una relación afectiva con el paisaje tengo otro tipo de relaciones afectivas que no pasan por el color. Ahora claro, si me apresuras te puedo improvisar…Yo creo que es el azul…En cuanto al olor…Hay un olor que se me vino a la nariz. En Valdivia, en el año 84, yo era muy chico, no sé…Tenía como 12 años. Para mi el olor que me quedó impregnado es el de los muelles de paja…Un olor penetrante, pero un olor curiosamente atractivo también. Era muy fuerte, de pudrición del pasto. Era un olor distinto, que todavía lo siento... Y es el olor del sur. De hecho, yo tengo ahora uno en mi casa que hice yo mismo; Ser poeta ahora es más difícil. Entre los 60 y los 80 creo que fue la época de oro de la poesía en el sur. El contexto literario, incluso humano de entonces era muy favorable no sólo para el discurso diferencial, sino para el habitual como poeta en el Estado de Chile. Era un contexto en que la cantidad de productores culturales era mucho más precario, mucho más deshabitado que el de ahora. La posibilidad que tiene ahora un poeta de Reumén, de Río Bueno, o de La Unión para escribir o publicar es mucha. Pero para colocar ese discurso en el concierto literario es muy difícil, incluso en el nivel regional. Y antes creo que no era así, un sujeto que escribía un libro medianamente bueno era un sujeto que rápidamente tenía recepción en un nivel regional y una recepción en Santiago. Ahora cualquier poeta tiene a su alrededor trescientos más haciendo lo mismo. Y todos tienen su blog, todos tienen su Facebook.
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Entrevista a Yanko González Cangas realizada por la antropóloga Claudia Arellano Hermosilla en Valdivia, el 14 de agosto de 2008;
Fragmento editado por el poeta Clemente Riedemann;
Proyecto de investigación Antropología Poética del Sur de Chile, Fondart Regional 2008;
(c) SURALIDAD EDICIONES 2008;

viernes, diciembre 19, 2008

Riedemann y la poesía lárica

Clemente Riedemann. Fotografía de Eugenio Muñoz (2008)
Entrevista de Antonia Torres
____________________________________________ El espacio de la poesía del sur de Chile es recurrentemente asociado con este concepto. Hay un mito surgido desde la gente que no habita el sur acerca de que la poesía escrita en este territorio es lárica en general. Más o menos, tardía o nueva o actual, para los autores que escriben en el sur es difícil quitarse el mote por el sólo hecho de habitar aquí.
_____________________________________________ ¿Cómo definirías tú el concepto de lo lárico?
El primer concepto que internalicé es el que dice que se trataría de “la poesía de los lares”, es decir, de los lugares, del territorio natal, digamos. Y, por supuesto, de la cultura vinculada al lugar donde uno nació, creció y vivió parte importante de su proceso formativo como intelectual. En resumen, el espacio material y simbólico donde uno configuró su weltanschaaung. La mayor parte de estas tentativas -que yo llamaría de marginación- parecen más bien considerar la sola dimensión geográfica -casi siempre asociada al estereotipo del provincianismo bobalicón o cuando menos tradicionalista o conservador- y evitan adentrase en la dimensión cultural, que es, en mi opinión, la que resulta decisiva. Ahora bien, encuentro que esa comprensión de lo lárico no dice nada, porque resulta obvio que cualquier poeta en cualquier lugar del mundo parte escribiendo sobre las cosas que conoce mejor, que es su territorio de origen y sus personales experiencias de vida, para luego adscribirse a teorías o perspectivas internalizadas intelectualmente a través del proceso formativo, donde se suma a lo que está circunstancialmente en boga. A esto que está de moda –en Europa o los Estados Unidos, los lugares donde se doctoran nuestros académicos- suele llamársele vanguardia. Observo que ese es el proceso que hacen la mayoría de los creadores en todas las disciplinas. Parten desde obras surgidas de percepciones de realidad locales y pragmáticas y a partir de ellas van incorporando elementos de la teoría, de la fantasía, de la imaginación o de la ficción o de cosas que ocurren en otros lugares. En una fase posterior, en la madurez intelectual, sobreviene la preocupación identitaria en procura de la definición del código lingüístico personal. He observado que en ese momento se vuelve al origen y se recupera, bajo otro prisma, ahora complejizado por conceptualizaciones y nuevas experiencias de vida, la belleza, la inteligencia y la bondad del lugar donde uno se formó. Es decir, un proceso que parte con la asunción espontánea y libre de la identidad cultural de origen, atraviesa por una etapa de perversión o enajenación intelectual de impronta académica, para retornar otra vez al origen, bien de manera intelectual –es decir, procurando conceptualizar el bagaje internalizado instintivamente- o bien de una manera resentida –procurando exacerbar los rasgos originales- en busca de una supuesta pureza que no suele ser más que desesperación en busca del tiempo perdido. En ese sentido toda la poesía sería lárica. Con el paso del tiempo me di cuenta que el larismo concebido como la poesía de los lares era una definición asignada a personas que habían nacido o escrito en un determinado lugar geográfico del sur de Chile y que a partir de los años 60 comenzaron a generar una comunicación propia. Entonces se empieza a identificar al lenguaje poético proveniente de esta zona como lárico, tratando de expresar, equivocadamente en mi opinión, que se trataba de una poesía ni cosmopolita, ni contemporánea, ni académica, ni urbana, es decir pre-moderna; Definición negativa, digamos. O sea, no definirlo por lo que es, sino más bien por lo que “no” es. Efectivamente. Y, por tanto, una definición inútil. Sirve más bien para asignar una cierta calidad intelectual a un grupo de personas que no viven en el centro del país, aquellos y aquellas que construyeron su visión de la contemporaneidad y su obra fuera del área metropolitana. Una suerte de discriminación intelectual por medio de un ordenamiento geográfico del panorama literario chileno. ¿Ridículo? Por cierto. Pero esa ridiculez tiene una explicación política y cultural: el etnocentrismo. La vieja historia del europeo tratando de bárbaros o salvajes a los nativos americanos o africanos, replicada mil veces en las universidades europeas o norteamericanas y reproducida de manera maniquea por quienes se forman en ellas; Por lo tanto, ves debilidad en esa definición o en el uso de esa definición. Son definiciones tentativas, pero aún incompletas. Hay autores que trabajan acá y no en el centro, cuyas obras contienen elementos distintivos que no han sido estudiados a cabalidad y por tanto esa ignorancia es sustituída por la aseveración impresionista o por elementos míticos. A veces, cuando hay pereza intelectual es más cómodo dejar las cosas en el nivel del mito. Pero si se estudiase de una manera formal y desde la dimensión básica de la cultura –que no se ha hecho- probablemente aparecerían realmente las primeras ideas sobre qué expresa realmente esta poesía, cuáles son sus elementos constituyentes y cuáles sus aportaciones válidas en la construcción de un más completo concepto de chilenidad, al menos en la poesía. Pienso que un enfoque antropológico, culturalista o semiótico nos brindaría comprensiones lúcidas en este sentido. Los métodos de análisis exclusivamente literarios no parecen suficientes para abordar el tema de la literatura chilena contemporánea. No sólo nuestra geografía, sino también nuestra historia, nuestros procesos de poblamiento, nuestra relación con la modernidad son diferentes a las del centro. Y por tanto, también lo son nuestra psicología y nuestro lenguaje. Teillier, uno de los responsables del término, pensaba estrictamente en los lugares cuyos valores sostenedores de la vida en comunidad estaban siendo avasallados por el proceso de modernización. No es una simple nostalgia por el tiempo pasado que ya no volverá, sino, como lo planteó Walter Hoefler, un grito de agonía por el tiempo “vedado”, los valores concretos que permitían una vida de integración con la naturaleza y de solidaridad social. Teillier observa que la modernidad no implica siempre una mejor calidad de vida, una concepción inteligente y afectiva de la situación vital. El observa la pérdida del tejido social que hacía posible la percepción poética del entorno y advierte sobre la incapacidad de la gente de los pequeños poblados para adaptarse al individualismo y al materialismo de los nuevos tiempos. Desde un punto de vista humano, él percibió la modernidad como un signo de decadencia y no de progreso. He comprendido su poesía como una defensa de los valores permanentes del humanismo; Quiénes serían sus principales exponentes desde tu punto de vista, si es que confías en esa definición… Me parece que la poesía contemporánea en el sur de Chile partió en la década del 60 con los trabajos del grupo Trilce; Pero sería lárica, ¿podría decirse eso? A eso me refiero, cuales serían los exponentes del larismo. He puesto mi esfuerzo en demostrar que esa definición resulta inútil en el sentido en que usualmente es comprendida. Por otra parte pienso que el problema no consiste en demostrar la falsedad de un concepto o una definición. Lo que importa es identificar los elementos constituyentes de esta poesía. Yo la definiría simplemente como poesía chilena contemporánea, matizada identitariamente por las características de esos elementos; Quiénes son los exponentes, los oficiantes, los autores láricos. He mencionado a Trilce. Esos poetas –Lara, Shopf, Cortínez, Valdés, Zaror, Hunter, Hoefler- incorporan la poesía moderna en el sur de Chile. Es decir, una poesía vinculada al sistema de comunicación globalizado de la literatura. Sólo que se escribe en la provincia, observando desde allí la contemporaneidad. Y, por lo que explicábamos antes, si vivían entonces en la provincia, su poesía fue matizada por los elementos telúricos o etnográficos o imaginativos característicos de esta zona. Un elemento muy potente acá es la naturaleza. Hay urbanidad, pero se trata de una urbanidad que no ha perdido su vínculo con la naturaleza. Entonces, esta dinámica que existe entre lo rural y lo urbano habrá de inscribirse en sus obras de una manera más o menos espontánea. Sin perjuicio de que existan autores a quienes no les guste mirar a través de la ventana y encuentren más entretenido contemplar el interior de sus cabezas. O autores que se remitan a seguir las tendencias de moda. Se dan esas variantes y me parece positivo para el clima intelectual, pero observo que, en algún momento, de alguna manera, en todos los autores se descubre una referencia a este entorno mixto, que no es otra cosa que aquello que el arquitecto Edward Rojas denomina “nuestra manera de ser modernos”; ¿Eso los convertiría automáticamente en láricos, aunque hubiese un elemento en su obra?, ¿Qué los convierte en láricos? Me imagino que te incomoda un poco el adjetivo. ¿Automáticamente? ¡No embromes! Son sólo eso, adjetivaciones. Satisfacen alguna necesidad, la de clasificar, segmentar o discriminar para controlar y poder cumplir con ciertos parámetros metodológicos a los que obliga un determinado enfoque teórico. Pero se hace con frivolidad. Se denomina la caja, pero no se examina detenidamente lo que hay dentro de ella. No sólo hay un gallo matutino cantando dentro de la caja, también hay despertadores digitales; ¿Pero cuáles serían los valores de este lenguaje? Pienso que lo que saldrá a la luz es lo siguiente: un territorio signado por cruces étnicos, históricos y culturales; una visión ecologista del mundo en un sentido amplio, esto es deseo de una integración racional de la tecnología y los sistemas sociales al paisaje y la gente que lo habita; un discurso de la interculturalidad proveniente del legado cultural indígena, hispánico y germánico evolucionando en dimensiones distintas, aunque coetáneas; un lenguaje mixturado por la tradición campesina y los conceptos de la modernidad urbana; una crítica del centralismo en tanto manifestación contemporánea del etnocentrismo colonial; una valoración del patrimonio intangible; una mitificación de los fenómenos geológicos y meteorológicos recurrentes; un imaginario surrealista espontáneo, no intelectual sino derivado de la inserción instrumental de elementos de la cultura anglosajona, nipona y nórdica en las comunidades tradicionales; ¿Y en relación con lo posibles estilos o estéticas? En términos estilísticos no hay patrones homogéneos, aunque prevalece el lenguaje coloquial y connotatitivo; remanentes de la forma estrófica escalonada evolucionando hacia la prosa regular descriptiva o la disipación estructural; búsqueda del equilibrio entre musicalidad asonante e imágenes libremente asociadas; empleo instrumental de formas arcaicas y tradicionales –zéjel, soneto, epigrama, canción- en contextos modernistas; del mismo modo, empleo de formas literarias transgenéricas (diálogo teatral, narrativa) y transtextuales (noticias, informes, oraciones, discursos orales, sentencias, leyes, publicidad, cine, etc.) en la escritura poética. Ahora bien, la distribución de los oficiantes –como tú les llamas- en el uso de una parte o todas estas modalidades, es materia del estudio que hemos emprendido con ese fin; ¿Cómo crees tú que se ha entendido lo lárico a un nivel más masivo, Porque tú me estás dando una respuesta relativamente especializada y sobre todo desde adentro…. ¿Cuál ha sido la recepción? Observo que prevalece una percepción peyorativa: “Mire, esta gente está escribiendo como ya se hizo en el pasado”. Gente pasada de moda, digamos. Como cuando el mundo era todavía rural o provinciano. Esto es autoritarismo, evidentemente. Decir todavía que lo que se escribe fuera del centro no es lo correcto, lo adecuado o lo aceptable, es una incapacidad para aceptar que la realidad de la vida y la cultura es diversa. Por otra parte, nosotros no hemos sido capaces de levantar interpretaciones y análisis alternativos, en el sentido en que lo he estado expresando. Cuando eso ocurra, nuestra situación en el sistema de comunicaciones literarias cambiará favorablemente. Al parecer hemos estado esperando que otros hagan lo que debemos hacer nosotros, lo que en cierto modo justifica el trato peyorativo hacia nuestro trabajo. Lo cierto es que no hemos sabido defender el terreno ganado. Tenemos pocos guardianes de frontera, que en los círculos desarrollados son los escritores capaces de ejercer la crítica especializada; Tiene que ver con un cierto desprecio por los valores que son, se supone, la base de esta corriente o filosofía. Desprecio por la diversidad, diría yo. Temor de aceptar el caos y la variabilidad como una riqueza. ¡Desprecio por la realidad! Porque estas ciudades, estos campos y quienes los habitan son reales ¿O no? ¿O existimos sólo como manifestación sobreviviente de un tiempo anterior ya extinguido? Pero esta discriminación no sólo es propia de la literatura. En política y en economía es aún peor. Es difícil que este estado de cosas cambie sin un cambio de paradigma para percibir la realidad del país. Si persiste es porque el modelo aún no se agota como criterio ordenador. Y no se agota porque la calidad y capacidad política de nuestros discursos son todavía insuficientes para instalarse como referente de cambio o cuando menos de expansión de la realidad; ¿Y serán suficientes en algún momento? Espero que el trabajo de mi generación eche las bases para desencadenar los procesos imaginativos, linguísticos, políticos y comunicacionales para que ello sea posible en los próximos años; ¿No consideras un poco voluntarista tu posición? ¡Por supuesto que sí! La experiencia del vivir es un acto de voluntad. Por muchas ideas y percepciones que contenga en mi cabeza, si no tengo la voluntad de escribir y comunicar, no podrían materializarse. Ahora bien, la voluntad se mueve con inteligencia, con belleza y con amor. Un solo libro bien escrito y bien comunicado logra por si solo aunar las energías dispersas y canalizarlas a favor de la continuidad del lado amable de la vida. Nada nos conviene mejor que escribir buenos libros y ejercer la crítica. Por otra parte, no tengo dudas que quienes deprecian la voluntad están de parte del statu quo. De hecho, la publicidad no hace otra cosa, todos los días, que desactivar la capacidad de las personas para tomar sus propias decisiones. El sistema literario también tiene su propio aparato publicitario que opera en el mismo sentido, en tanto órgano funcional al establecimiento.
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Torres, Antonia; Traverso, Ana (2006) Entrevista realizada en Puerto Varas y Puerto Montt en juliuo de 2006;
(c) SURALIDAD EDICIONES;

sábado, noviembre 15, 2008

Nelson Schwenke: Poeta trovador de la Suralidad

Nelson Schwenke. Fotografía de Rodrigo Muñoz (2008)
Reseña escrita por Clemente Riedemann.
Suralidad Ediciones, 2008
_____________________________________________ La poesía de Nelson Schwenke se ha sostenido firme y con auditorio creciente a través de los últimos 25 años. Lejos, es el autor que más ha comunicado su trabajo. Su secreto reside en la sencillez coloquial de la expresión; una sustantividad estrictamente apegada a la tradición cultural del sur; la conciencia enunciativa de su circunstancia personal y de su época; además de una aguda observación para captar lo trascendente humano que existe en todas las personas.
_______________________________ No se complica al momento de preparar sus textos, moviéndose con resolución entre las imágenes, a veces conectándolas directamente o superponiéndolas, a sabiendas que la música completará el mensaje y ampliará su semántica, apelando a la inteligencia y sensibilidad de su auditorio. “Está cayendo esta lluvia / que me llama a la ventana / y me pide que yo vuelva / a las calles y a los ríos / a los bosques y a los cerros / a las aguas más profundas / de los limpios manantiales / donde al paso de mi infancia / fui perdiendo la inocencia”;
Por sus canciones pasa todo el sur como una ráfaga de viento, un remolino de imágenes y personajes que reconocemos, porque vivimos con ellos, produciendo una notable identificación con el territorio y sus peripecias. “Está cayendo esta lluvia / con recados y señales / de los eternos barriales / que se forman en las calles / donde a veces amanecen / perros y borrachos muertos / que se duermen a la orilla / de una vieja alcantarilla /sin poder hallar su casa”;
Su poesía establece una alianza entre el espacio de la anécdota doméstica y el sentido antropológico de la existencia, logrando mundos poéticos coherentes, con la nitidez de la fotografía y lo que hay de sugestivo y sugerente en un vidrio empañado. “Ha llegado a avisarme / que la casa de madera / aún se sostiene firme / para seguir combatiendo / otros inviernos de escarcha /de temporales eternos / y que aún en la cocina / quedan fuego y comida”;
En casi todos sus textos está presente el amor por la gente. Se aproxima a sus personajes con resuelta ternura. Les levanta desde la marginalidad o el olvido como ángeles, que están siempre allí, pero no les vemos. “Y yo la voy recibiendo / como una amiga lejana / que ha venido a saludarme / a través de la ventana / y entregándose a la dicha / de danzar ante mis ojos / me recuerda a los boteros / que atraviesan el Valdivia / con sus abrigos de hule”;
Poeta y trovador, Schwenke ha desarrollado una impresionante obra, portadora de la suralidad que marcó su infancia y su juventud, en Ancud, en La Unión, en Valdivia, comunicando en todo el país lo bello y lo noble de nuestra manera de ser.”Y me trae sin saberlo / la cara despavorida / del viejo carretonero / que a la puerta de algún tren / espera por unas monedas / para un trago de aguardiente / algo para que caliente / el estómago vacío / de tantos inviernos largos”;
Al margen de las modas, trabaja sus versos sin apremio, abierto a la felicidad de crear y disfrutando de la alegría que significa comunicar su obra prácticamente todas las semanas del año. “Hoy ha llegado a buscarme / Para que bajemos juntos / hasta el fondo de la tierra / y desenterremos muertos / y escarbemos con las manos / raíces de hierbabuena / para darnos la esperanza / de una nueva primavera. /…Está cayendo esta lluvia /qué lejos estoy de casa”;
Su música es como su palabra o acaso una prolongación fonética de ésta: una vibración amorosa y lúcida que anda siempre por ahí dando vueltas, como los pájaros, las nubes, los paraguas. O los botes en los que sale a remar con los duendes de la imaginación.
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Texto en referencia:
Schwenke, Nelson (2005) . Está cayendo esta lluvia. En Schwenke y Nilo, Volumen 8.