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viernes, marzo 26, 2010

Tradición y modernidad: la otra Frontera

                                                                                                             Patricia Ubilla Vaca callejera (2010)

Clemente Riedemann / Claudia Arellano
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Las relaciones entre tradición y modernidad, contrastantes o confluyentes, hacen lo principal del carácter de la poesía escrita en el sur de Chile. En esta “otra Frontera” (mental, no sólo territorial) se mueve la temática y el lenguaje de los autores y autoras que aquí sostienen decisivamente la actividad literaria en los tiempos actuales.
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La apropiación de la memoria ancestral, el vínculo con la naturaleza y las formas expresivas arcaicas se integran espontáneamente en el lenguaje moderno, complejizándolo y, obviamente, enriqueciéndolo con voces y acepciones que se yerguen en señales de identidad.

Si bien esta relación se presenta en el resto del país, en la poesía de la Suralidad adquiere especial vigor considerando la aún nutrida población rural (32%, la segunda más alta en Chile). Como se aprecia en la fotografía que acompaña esta nota, la relación entre el mundo rural y el urbano no sólo es un vínculo distante, memorioso, o de adyacencias. Las áreas de contacto son permanentes y dinámicas, generando el mayor interés para la poesía actual.

Observamos aquí a los poetas del sur haciéndose cargo de este dato de realidad y asumiéndolo con propiedad en sus textos, sin perjuicio de emplear los estilos y recursos expresivos propios de la literatura generada en los núcleos urbanos. Por ejemplo, un poeta que habita entre vacas y gallinas, como No Vásquez (1984; 1998) escribe: “Hay miles de corazones desconectados y las reparaciones son lentas”. Se trata de una retórica de síntesis, pero también multidimensional. Ya es eficiente en su referencia al colapso de los vínculos comunitarios y afectivos que trajo consigo la modernidad (el denominado desanclaje por Anthony Giddens), pero también puede interpretarse como una critica al centralismo, al olvido de la metrópolis por las zonas adyacentes.

O bien: “No manufacturamos, somos materia prima”, que además de delatar la situación de la persona humana como mero recurso productivo, bien puede referirse al colonialismo interno que hace uso y abuso de la periferia, donde la región es vista como un lugar a explotar, una simple base de datos, un vertedero para los desechos de la urbanidad, un frente olvidado por la globalización. El espacio rural concebido como lugar de la producción y explotación, sin redistribución, es decir, sin retorno de capital.

Cierto es que aquí aún persisten los sentimientos de apego e identificación con los lugares, pero también se asume que éstos han sido desvinculados, que ya no expresan del todo prácticas y compromisos establecidos localmente, sino que están grabados con influencias mucho más lejanas que, como parece razonable de observar en un contexto dinámico, algunos autores rechazan, otros filtran y otros idolatran. Pues bien, la asunción crítica de las influencias cercanas o lejanas parece marcar el timming en los registros de esta “otra Frontera”.

Los valores estéticos de tal mestura, devenida en gesto de congruencia existencial, son todavía invalorados por el establecimiento literario nacional que restringe sus visiones de país a los parámetros impuestos por la urbanidad metropolitana, considerada hasta ahora como único modelo válido de referencia.
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Referencias:
Vásquez, No (1984; 1998) L&VERTAD (Puerto Montt, Hojas huachas, autoedición); AMURICA (Puerto Montt, Hojas huachas, autoedición)

Para citar éste artículo mencionar alguna de las siguientes fuentes:
http://suralidad.blogspot.com/
© SURALIDAD, Antropología poética del Sur de Chile, 2010.
© Riedemann, Clemente; Arellano, Claudia (2010) Suralidad, Antropología Poética del Sur de Chile. Puerto Varas, Suralidad Ediciones.

miércoles, febrero 04, 2009

Invención y Reinvención de la Identidad

Huilliches de Choroy Traiguén (San Juan de la Costa) Fotografía de Andrea Oyarzún.
Artículo por Clemente Riedemann

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Así que somos retazos de lo que verdaderamente fuimos y aprendices de lo que quisieron otros que fuéramos. Onda que no sabemos para donde cortar. Si enterrar la cabeza en ese pantano que es el patrimonio o poner la cara al viento, a ver que nos reporta el arcano del día. Parece dramático, pero ni tanto. Es sólo un cambio de piel, como suele ocurrir en el verano.

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Los católicos de fines de los 50’s se volvieron marxistas en los 60’s. Los marxistas de entonces (más o menos cristianos) se volvieron escépticos en los 70´s. Y de éstos incrédulos o de las familias que fundaron, surgieron los yuppies de los 80´s (también en la política). En los 90´s ya eran neoliberales confesos (otra vez también en la política). En la primera década del siglo 21 han vuelto a sentirse escépticos habida cuenta del fraude que en realidad eran las vacas sagradas de Wall Street, con su pragmático “embolso, luego existo”;
Los valientes guerreros mapuches de la época colonial se volvieron evangélicos o católicos con la llegada de la república y a eso se le llamó “sincretismo”; el híbrido indigenista derivó en la adoración del autoritarismo con el advenimiento de la milicia al poder político; pero con la vuelta del orden constitucional democrático (esto va entre comillas) la indiada derivó ora en la guerrilla menor (a lo Robin Hood o Luciano Cruz) o en las Pymes, una suerte de aprendices de empresarios que nunca llegarán a serlo realmente debido a la hebra de pureza y honestidad que les vincula con Huentellao o Chaw Gnechén;
Las mujeres de los 60’s morían pollo ante el machito que se daba el lujo de ser jefe de más de un hogar; en los 70´s, sin embargo, salieron a la calle y ganaron su derecho a ser torturadas en igualdad o peores condiciones que los hombres; en los 80`s ya se atrevían a separarse con no pocos y cínicos trámites; a partir de los 90´s pudieron equipararse con los hombres en el acceso a las habitaciones de dos camas;
Los hombres recorrieron, a su vez, el camino opuesto: pasan ahora más tiempo en la cocina, vigilan que los niños no rueden por un abismo o se metan las cañas de fósforo por las narices y suele vérseles con el credo en la boca esperando a que sus mujeres regresen invictas de algún carrete a mitad de la semana. Nada raro que más de alguno decida salir del ropero y pasarse derechamente a la vereda de enfrente;
Los jóvenes de los 70´s estaban casi todos metidos en los partidos sin importar el logo de las banderas o el torneado de los linchacos; en los 80´s se interesaron más en las nuevas tecnologías informáticas (incluso sin facebook), donde todavía están y sienten estertores en el estómago cuando les hablan de política;
Después de los 60´s a muchos curas, después de permanecer por décadas hablando en latín, bien lejos del populacho, les dio por estar cerca de los niños pobres, incluso demasiado cerca;
Pero el poder sigue donde mismo: dirigiendo el tránsito, con sus vaivenes, sus apuestas por las completaciones, expansiones, mejoramientos, subvenciones. Ahora mismo dicen que hay 250.000 salmones de criadero compitiendo con nosotros, los peces piolas, en la misma bahía de siempre. Pero al menos es nuestro territorio y quizás tengamos mejores opciones de sobrevivencia. En la crisis, que le llaman así al fraude;
Los poetas, nuestros buenos poetas telúricos e iconoclastas de los 60´s, los 70´s y los 80´s, se fueron a vivir a Iowa, Barcelona o el sur de Francia, pero tienen a bien regresar cada dos años -como los políticos on line- para hacer campaña y lobby con ocasión del Premio Nacional de Literatura;
Así que somos retazos de lo que verdaderamente fuimos y aprendices de lo que quisieron otros que fuéramos. Onda que no sabemos para donde cortar. Si enterrar la cabeza en ese pantano que es el patrimonio o poner la cara al viento, a ver que nos reporta el arcano del día;
Nosotros mismos, que en nuestra juventud postulábamos por una poesía y una prosa lúcidas y amorosas, damos ahora una oportunidad a la locura y el resentimiento a fin de ganar unos pocos lectores hambrientos de seducción y sangre fresca;
Todo tiempo pasado no fue mejor, sin duda. Pero como las aguas están revueltas, parece que en la pesca (aunque sea artesanal) hay una oportunidad para parar la olla. Al final, parece que eso es lo que somos con toda certeza: sobrevivientes.
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(c) SURALIDAD EDICIONES, 2009;

lunes, enero 05, 2009

Habitar la frontera

Calle con tres. Obra de Danilo Sepúlveda.
Nota por Clemente Riedemann.

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Las fronteras entre lo culto, lo popular y lo masivo aparecen difusas o inexistentes bajo la espesa capa de información polivalente que pareciera ahogarnos. Durante algún tiempo persistirá la impresión de estar sumidos en un remolino de información circulando en torno a convocatorias sin sentido. La multiculturalidad de la mensajería actual carece, por ahora, de un lenguaje sintético. Se lo busca tentativamente en el sensacionalismo, pero éste sólo actúa cómo agente de sobrevivencia de la identidad y la diferenciación a falta de un auténtico derrotero para la cultura, que exige resignificación.
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Asedio a los límites de la privacidad. El proceso de transfronterización de la información y los saberes aparece vinculado al desarrollo de la tecnología mediática derivada de la mayor movilidad del ser humano a través de la superficie terrestre, de la atmósfera adyacente y por el espacio exterior cercano. Los medios, en sus distintos momentos de evolución tecnológica, han debido adecuarse al impulso expansivo y exploratorio de la naturaleza humana a fin de dar cuenta de las nuevas experiencias, registrarlas, conservarlas, clasificarlas y arribar a nuevas y cada vez más complejas formas de pensamiento y análisis, lo que a su vez permite refinar la tentatividad y la especulación en relación con las posibilidades y límites del devenir;
Ruptura como continuidad. De modo que la “ruptura” de los límites entre lo culto, lo popular y lo masivo que se advierte en la actualidad, es el resultado de un largo proceso evolutivo de la tecnología, cuya innovación implicó siempre complejos procesos de reflexión e ideación, sumado a la capacidad para materializarla en instrumentos y artefactos. A su vez, cada innovación tecnológica derivó en cambios culturales y sociales de diversa magnitud, procesos de ajuste en el empleo de la novedad tecnológica a fin de obtener el beneficio de una mejor comunicación, más completa y cercana a la realidad y, por tanto, más representativa de lo propiamente humano. No se trataría, por tanto, de una ruptura propiamente tal, sino de una progresión hacia dimensiones más integradas de la realidad o bien, la posibilidad de visualizar y comprender la congruencia natural de “todas las cosas del mundo”, que es el estado original del universo, visualización obstaculizada por la manipulación de la información con fines evangélicos –religiosos, políticos, económicos o culturales- en un primer momento y por la fragmentación de la realidad propugnada por el racionalismo cientificista como método de acceso al conocimiento a partir de los tiempo modernos; Depuración del multiculturalismo. La producción comunicacional tiene por delante la necesidad de iniciar un proceso de depuración de los lenguajes textuales e imaginativos para recuperar el flujo progresivo de la expansión de la conciencia. Por el momento y durante algún tiempo persistirá la impresión de estar sumidos en un remolino de información circulando en torno al vacío de la significación. Para ello quizás deba esperarse el surgimiento de una nueva visión de devenir –una puerta de salida hacia la continuidad de los procesos biológicos y sus respectivas modalidades culturales- que seguramente se encuentra en ciernes, algo difuminada bajo la espesa capa de información polivalente que por momentos pareciera ahogarnos;
La multiculturalidad de la mensajería actual carece, por ahora, de un lenguaje sintético. Se lo busca, tentativamente, en el sensacionalismo, pero éste sólo actúa cómo agente de sobrevivencia de la identidad y la diferenciación a falta de un auténtico derrotero para la cultura, que es, como luego de los viajes de Alejandro Magno, Marco Polo, Cristóbal Colón o Yuri Gagarin, una gran fresco de la diversidad que exige resignificación. Y, como ocurrió con el fuego, el bronce, el hierro, la carabela, la imprenta, el reactor atómico y la fibra óptica, la mente humana desborda en imaginación y juego ensimismado al amparo de la novedad inicial, para después dar paso a la sensatez y sensibilidad característica del quehacer orientado a la estabilidad sistémica. Al menos ocurre así con la parte humana que exige continuidad para la vida. Este sentido de futuro es el que alienta la investigación de una antropología poética de Suralidad y no el pasado, como lo piensan los consumistas del decadentismo de moda, tontos útiles de aquellos que propician la ruina del planeta -incluída la aniquilación del pensamiento crítico- a fuer de conseguir arrimar barriles de oro a sus bodegas; Mientras tanto, vivamos un día más en el vértigo de la frontera. ¡Welcome to Tijuana!
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El autor es Magister en Comunicación;
(c) SURALIDAD EDICIONES, 2009;

lunes, septiembre 29, 2008

Globalización, identidad y género. Los contextos de la poesía.

Reseña de Clemente Riedemann. ____________________ La globalización económica y tecnológica, especialmente la cibernética, comenzó mucho antes en la literatura. La publicación de La Rama Dorada, de James Frazer (1890), abrió las páginas para el encuentro intercultural en la literatura de imaginación. __________________________________________________ Los primeros resultados notables de esta nueva perspectiva para abordar el lenguaje en la poesía en occidente, fueron los libros The Waste Land, de T. S. Eliot; y Ulises, de James Joyce, ambos publicados en 1922. En América, los Cantos, de Ezra Pound (1925 y sgts.); Residencia en la Tierra, de Neruda (1935); y Taberna y otros lugares, de Roque Dalton (1969), son referentes en esta perspectiva. Ello es así en virtud de que el cosmopolitismo, vale decir el encuentro de la diversidad de las expresiones humanas y su asunción en términos de síntesis imaginativas y de lenguaje, es la atmósfera existencial propia de la poesía, la que no reconoce circunscripciones territoriales ni culturales específicas –sino como seña o marca de origen- puesto que su significado mayor, como expresión del intelecto y del espíritu, es apuntar a lo bueno y bello contenido en la peripecia humana, donde sea que ésta se manifieste. Veamos cómo opera este punto de vista en el poema que sigue: Al toque de gong / Esta es una transmisión / desde / SANTIAGO ES CHILE. / Todos conectados –los hispanos- a sus / weltanschaaung de pordioseros./ Al toque de gong, sírvanse encadenar./ OK? / (amén) / Happy togheter y sin hacer perro muerto./ Inmersos todos en el potpurri eterno / de los dioses pornógrafos y las misses / universales. / Encadenados a sus sueños estándar, a sus / opiniones estándar, sobre horizontes / estándar, pugnan –los spanish- por un / trato preferencial en las colas de acceso / a la modernidad / OK? / (amén). (Riedemann, Santiago de Chile, 1995). El mismo proceso de globalización o encuentro en la diversidad, ha facilitado la discusión del tema de la identidad como una manera de hacer frente a la indiferenciación. Esta premisa pone en conflicto los conceptos de tradición y modernidad concebidos como contextos en oposición. El conservadurismo ha privilegiado la búsqueda de tal identidad en lo que denomina “las raíces”, esto es, el pasado histórico o el modo de ser con el que alguna vez se forjó la existencia. Esta visión patrimonialista, en mi opinión, importa una perversión existencial básica, puesto que “somos hoy lo que somos hoy” y parece ilusorio pretender rediseñar la experiencia presente a partir de la recuperación de formas expresivas ya vividas, como no sea en un plano simbólico, que puede incidir sobre el estilo o la apariencia externa del fenómeno expresivo, pero que no pueden modificar el sustento primordial de la existencia que descansa siempre en la realidad presente, en términos de los recursos materiales que la hacen posible. Aeropuerto internacional. Comunico a mis nuevas lealtades que me trasladé a vivir al aeropuerto. Vengo llegando o estoy por salir, pero no siento raíz alguna en las inmediaciones de mis Jarman. / Conozco mis raíces, las identifico, las defiendo i, aún, las exalto; pero sólo porque las exigencias del medio son muy altas i muy cursis. / No estoy parado en ellas, sin embargo. No brota mi cuerpo de ese lodo, sino que, mas bien, mis pilchas pasan en vuelo rasante sobre esas fibrillas, sin tocarlas. / No tengo conexión directa con la pachamama, que le dicen, idea que no tiene nada que ver con mis sueños, ni con los polvos que se echaron mis ancestros. / Quiero que me dejen tranquilo con mi transculturación, mi hibridaje. Eso me queda a la pinta. / Respeto a los indios, pero no quiero ser indio, sino lo que soy: chileno de medio pelo, imbunche de cuerpo entero.(Riedemann, Wekufe in NY, 1995) A su vez, la necesidad de reconocimiento de la propia identidad también se manifiesta en una micro dimensión, el género, principalmente como un intento de sobrepasar el estatus machista impuesto en la cultura occidental por la religión judeo-cristiano, que restringe el concepto de sexualidad a una condición genético/ anatómica de carácter inmanente y no como parte del proceso dinámico de las relaciones humanas en un determinado contexto cultural. Así, la personalidad transexual o transgenérica (que acepta lo masculino y lo femenino como componentes de la psicología humana) que era considerada normal antes del advenimiento de las religiones monoteístas, pasó a ser considerada como un error de la naturaleza o una perversión de la cultura. En un sentido opuesto, se reconoce hoy la lucha por la aceptación de la diferenciación genérica, llevada adelante por corrientes feministas de diferente cuño, en un esfuerzo por reconvertir el estatus machista y sus efectos directos más negativos en el ejercicio del poder y la conducción de la sociedad. Se agregan aquí aquellos colectivos de hombres que trabajan con el concepto de “nueva masculinidad”, tras el objetivo de facilitar la integración cultural de los distintos géneros y no como simple rediseño del estatus machista, cuyo rebrote se explica como reacción conservadora ante el re-posicionamiento del rol social de la mujer. A modo de ejemplo, veamos el poema No eres la única que usa gafas. No eres la única que usa gafas cuando estás triste. / Vi a otras mujeres en la puerta del mall / que bien podrían haber sido golpeadas recientemente. / No sé cómo hay tipos que tienen estómago / para golpear a sus mujeres de cuando en vez. / Ni sé cómo hay mujeres que pueden resistirlo / y salen de compras con las gafas puestas. / Tú y las demás deberían salir / con sus moretones al desnudo, / a ver qué pasa con la ciudadanía. / Quizás sólo obtengan una que otra sonrisa. / Quizás consigan un par de gafas gratis de Vendóme. / Creo que debieran matar a esos infelices / mientras duermen, después de haber visto / cuatro partidos de fútbol al hilo. / No eres la única y la producción de gafas / continúa en aumento. / Sólo cabe rezar por ti y las otras que van al mall / con sus aires de diva y viéndolo todo oscuro / un miércoles como éste. (Riedemann, Café Pushkin, inédito.)

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Fuente: Conferencia realizada en julio de 2006 en la Biblioteca Regional de Puerto Montt.