domingo, febrero 21, 2010

Poesía y raiz étnica

Roxana Miranda (Fotografía de Fabiola Narváez, 2008. Propiedad de Suralidad Ediciones)
Clemente Riedemann / Claudia Arellano
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Con un castellano mesturado por voces mapuches y el empleo de la peculiar sintaxis derivada de este híbrido, la poesía de raíz indígena ha renovado el tratamiento del tema étnico, aportando otras visiones para interpretar el devenir de la sociedad nacional y convirtiéndolo en una marca de los imaginarios y sus lenguajes.
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Junto con la resignificación del territorio como estrategia para enfrentar el asedio de las comunicaciones mundializadas, un segundo elemento articulador del lenguaje poético empleado por los autores y autoras vinculados a la Suralidad es la mezcla de rasgos y características provenientes de orígenes étnicos y culturales.
El profesor Iván Carrasco (2000) denomina “poesía etnocultural” a esta forma de escritura poética y señala que “ésta ha explicitado la problemática del contacto interétnico e intercultural mediante el tratamiento de los temas de la discriminación, el etnocidio, la aculturación forzada, la injusticia social, educacional y religiosa, la desigualdad socioétnica, poniendo en crisis las perspectivas etnocentristas predominantes hasta ahora”. Agrega que “al poetizar los problemas de la identidad, la historia y la existencia de minorías étnicas y regionales, vigentes como la mapuche y la de Chiloé, o en extinción o destruidas como la selknam, yámana o kawashkar… los escritores etnoculturales han estimulado la toma de conciencia de esta situación por parte de los grupos étnicos implicados y de la sociedad global.”
Se trataría de una poesía que expande los cánones de la generación anterior vinculada a la denominada “poesía lárica” instalada con Jorge Teillier, posicionándose en un estatus posmodernista al reconocer en su lenguaje la coexistencia de tradición y modernidad en lugar de apostar por la valoración del imaginario tradicional en exclusiva, actitud progresista que también marca el lenguaje de los poetas de origen mapuche/huilliche de generaciones recientes, como Juan Paulo Huirimilla (2007) y Roxana Miranda Rupailaf (2003), por ejemplo.
En estos autore(a)s, si bien el retorno “memorioso” a las comunidades rurales de origen está presente en el imaginario de sus textualidades, es en el espacio urbano y en la inscripción en el contexto general de la literatura (y también el cine, la radio y la televisión) donde se verifican los asuntos predominantes de sus poéticas.
Por otra parte, en el último cuarto de siglo surgió un grupo de poetas, hombres y mujeres de raíz mapuche/huilliche que, asumiendo ellos mismos la promoción de su lengua y su cultura, vino a agregar diferencia temática y lingüística no sólo a la poesía escrita en el sur, sino que presentándose como novedad en el circuito nacional de las comunicaciones literarias. A partir de la obra de pioneros como Lorenzo Aillapán, Elicura Chihuailaf, Sonia Caicheo y Ramón Quichiyao, se agregan en el tiempo César Millahueique, Leonel Lienlaf, Faumelisa Manquepillán, Jaime Huenún y Bernardo Colipán, para cerrar el grupo con las generaciones más recientes, entre los que podemos mencionar a los ya citados Huirimilla y Miranda Rupailaf, como miembros de una generación que crece y se expande merced a su propia iniciativa comunicacional.
Con un castellano mesturado por voces mapuches y el empleo de la peculiar sintaxis derivada de este híbrido, la poesía de raíz indígena ha renovado el tratamiento del tema étnico, aportando otras visiones para interpretar el devenir de la sociedad nacional y convirtiéndolo en una marca de los imaginarios y sus lenguajes.
Es indispensable dejar establecido que la poesía de raíz étnica no agota su presencia con los escritores de origen indígena, sino que es preocupación generalizada entre los autores, en tanto realidad sociocultural insoslayable. Presente está también la aportación cultural de los grupos migratorios europeos llegados al sur de Chile a partir del siglo 19, principalmente descendientes de alemanes, además de holandeses, franceses, italianos y suizos, los que –a partir de Jorge Teillier- han dejado su impronta en la obra de varios autores vinculados a la suralidad, como Guido Eytel; Clemente Riedemann; Marlene Bohle ; Andrés Anwandter; Harry Vollmer y Gloria Dunkel. En el caso de este grupo de autores no existe el interés particular por exaltar de un modo privilegiado sus origenes étnicos, sino que, en tanto miembros de la sociedad “blanca” dominante, se han integrado formando parte de un estatus marcado por el cosmopolitismo y las tendencias estéticas patrocinadas por las academias anglosajona y europea.
La evolución de los procesos culturales de la posmodernidad que avanzan en favor de las mixturas (el mundo indígena instalándose en la institucionalidad blanca, el mundo occidental abriéndose a la comprensión de la cosmovisión indígena) pronostica a futuro el encuentro de ambas vertientes, en la perspectiva de alimentar una óptica latinoamericana propiamente tal, como escritura del mestizaje, del sincretismo y de la hibridación.
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Referencias. Carrasco, Iván (2000). Poetas mapuches en la literatura chilena. Valdivia, Universidad Austral, Estudios Filológicos N°35. Huirimilla, Juan Paulo (2007) Palimpsesto. Santiago, Ed. Cuarto Propio.
Miranda Rupailaf, Roxana (2003) Las tentaciones de Eva. Puerto Montt, Secreduc.
Esta edición:
(c) Clemente Riedemann y Claudia Arellano, 2010.
(c) SURALIDAD Antropología poética del sur de Chile.

martes, enero 19, 2010

Poesía y territorio

Fotografía : AFP
Clemente Riedemann / Claudia Arellano
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Entre los autores y autoras que escriben poesía desde el sur de Chile, el espacio, en sus dimensiones físicas y simbólicas, constituye un elemento de alta gravitación en la configuración de los imaginarios y las maneras de expresarlos en los textos. ____________________________________________________________________
Un primer elemento portador de identidad lingüística entre los autores y autoras que escriben desde o sobre el sur de Chile es precisamente el territorio, tema insoslayable incluso en aquellos poetas marcados por su desapego al paisaje “de ventana”, como Jorge Torres o Yanko González. De uno u otro modo, el entorno ecológico filtra los textos y las opiniones deslizando atmósferas características de la suralidad como tamiz de fondo. En obras como las de Mario Contreras, Jaime Huenún, Sergio Mansilla o Antonia Torres, el paisaje, sea rural, urbano o mixto, constituye el soporte semiótico de la expresión, su sustantividad decisiva, de modo que “el territorio” implica aquí el ecúmene, la ciudad y las áreas transitivas entre estas dimensiones.
Según Marc Augé (2001) el territorio sería uno de los medios constituyentes de la identidad, puesto que “el espacio es uno de los signos más visibles, más establecidos y más reconocidos del orden social”. Este autor plantea que el territorio es parte crucial de la identidad de una comunidad y donde ésta se reconoce: “el dispositivo espacial es a la vez lo que expresa la identidad del grupo (los orígenes del grupo son a menudo diversos, pero es la identidad del lugar la que lo funda, lo reúne y lo une) y es lo que el grupo debe defender contra las amenazas externas e internas para que el lenguaje de la identidad conserve su sentido”.
Esta idea se materializa cabalmente en la literatura producida en el sur, para la que el territorio y sus características es en si mismo un componente de la identidad en vista de la estrecha relación que existe entre los quehaceres humanos y el medio natural o los modos en que los elementos determinan la movilidad y el imaginario de los habitantes. Especial importancia adquiere el territorio en tanto depositario de la memoria de la comunidad, donde lo anterior –hechos, personas, estados- se niega a desaparecer y se entremezcla con las circunstancias presentes, como los muertos que se reúnen para conversar en el poema En el cementerio de San Juan, de Jaime Huenún (1999); o los que vagabundean solitarios por los campos en Ánimas errantes, de Sergio Mansilla (1986).
Así entonces, el territorio como contenedor y generador de sentidos nos provee de dispositivos para entender cómo un grupo se representa así mismo en el espacio habitado. De modo que la suralidad -como espacio físico, material, conceptual y de ejercicio de prácticas- es el lugar donde se definen los procesos de formación de identidad y de sentidos de pertenencia, en cuanto es habitado por un grupo social que comparte un espacio/tiempo.
Todo lo anterior no significa, sin embargo, que la poesía escrita en el sur, en su conjunto, pueda ser signada como “territorialista” o “lárica”. Significa tan sólo que el espacio, en sus dimensiones físicas y simbólicas, constituye un elemento de alta gravitación en la configuración de los imaginarios y las maneras de expresarlos en los textos, tal como se observa en este fragmento del poema Los Viajes, de Jorge Torres (1975):
“Atrás sólo el polvo nos vamos mi hija y yo reventando guijarros… …deslizándonos por esta ciudad de utilería en búsqueda de pretéritos fantasmas mi hija y yo a horcajadas en esta bicicleta sin ruedas ni pedales.”
Donde el polvo (dejado atrás) y los guijarros (reventados) aluden a una naturaleza ya superada; “ciudad de utilería”, “bicicleta”, “ruedas”, “pedales” establecen la urbanidad (falsa, imaginaria o replicada a escala menor); y “pretéritos fantasmas” traen a colación la dimensión simbólica contenida en la memoria (perdida). ___________________________________________________________________
Referencias :
Auge, Marc (2001) Ficciones de fin de siglo. Barcelona. Gedisa.
Huenún, Jaime (1999) Ceremonias. Santiago. Ed. Universidad de Santiago.
Mansilla, Sergio (1986) Noche de agua. Santiago. Ed. Rumbos.
Torres, Jorge (1975) Recurso de amparo. Valdivia, Autoedición.
© Clemente Riedemann y Claudia Arellano, 2010.
© SURALIDAD Antropología poética del sur de Chile.

jueves, noviembre 26, 2009

El temor a los símbolos

Fotografía del álbum "Pongo en tus manos abiertas", de Victor Jara.
Clemente Riedemann
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El proceso para esclarecer las circunstancias en que Victor Jara fue asesinado semeja una historia escrita por Homero o a la de un delirante escritor surrealista, un Raymod Quenau, por ejemplo. La descripción técnica de las pericias legales a las que se sometieron los restos del querido cantautor superan la fantasía. Lo cierto es que al final Victor Jara hubo de demostrar él mismo, con sus huesos, que no se suicidó, ni murió en un accidente de tránsito.
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El informe final del Servicio Médico Legal que confirma que “el cantautor Víctor Jara murió debido a múltiples impactos de proyectiles en el cráneo, tórax, abdomen y extremidades” también logró establecer que “sufrió torturas y golpes, que le produjeron lesiones, especialmente en el rostro y en el tronco”. Esta descripción, fría y técnica, aplicada al crimen de una persona dedicada al arte obliga a reflexionar no sólo sobre la imbecilidad del ser humano, sino también sobre el miedo que los imbéciles le tienen a los símbolos.
Existen muchas formas de clasificar a los símbolos; pueden ser simples o complicados, obvios u oscuros, eficaces o inútiles. Su valor se puede determinar según hasta donde penetran la mente pública en términos de reconocimiento y memoria. Esta última es una de las razones que permite concebir como explicación, el horrible crimen de Jara: no le mataron a él, lo que quisieron fue eliminar un símbolo.
¿Y a qué le temían sus asesinos? A versos como éstos: “Levántate y mírate las manos/ para crecer estréchala a tu hermano / juntos iremos unidos en la sangre /hoy es el tiempo que puede ser mañana” o a éstos “En tus telares, Angelita, hay tiempo, lágrima y sudor/ están las manos ignoradas/ de este mi pueblo creador” o éstos “Ahí donde llega todo /y donde todo comienza / canto que ha sido valiente / siempre será canción nueva.”
La noticia señala: “En junio pasado, a casi 36 años de su muerte, el cuerpo de Jara fue exhumado desde el Cementerio General por instrucción del ministro Juan Fuentes, con el fin de aclarar las circunstancias del crimen. En esa oportunidad, los restos del cantautor fueron llevados hasta el SML, donde los especialistas realizaron las pericias solicitadas por el magistrado, orientadas en determinar la causa y data de muerte y una eventual intervención de terceros.”
¡Cuánta cuesta aclarar un crimen en Chile! ¡36 años! Casi la misma cantidad de años que Victor Jara estuvo en este mundo, dirigiendo obras de teatro referidas al sentimiento de chilenidad y creando canciones de entre las más bellas que jamás podremos cantar, como “El cigarrito” , “La Plegaria de un labrador”, “Manifiesto”, “Cuando voy al trabajo” o “Te recuerdo Amanda” (escrita como tributo a sus padres).
Ojalá exterminaran de ese modo a los que trafican con nuestras conciencias, nuestra salud o nuestros bolsillos. Pero ellos no son símbolos de nada, son la realidad ordinaria. Son los que trabajan para que el mundo siga a merced del interés bursátil, la discriminación y la inequidad.
Las pericias técnicas ordenadas por la autoridad judicial incluyeron el envío de muestras óseas del cantautor al laboratorio de Innsbruck, en Austria, para su proceso de identificación. Tras el procesamiento, se señaló como autor material del homicidio al ex conscripto José Paredes, quien luego obtuvo la libertad bajo fianza. ¡Un súper exterminator! El, solito, disparó “múltiples proyectiles en el cráneo, tórax, abdomen y extremidades” de Victor Jara. Además, antes tuvo tiempo de aplicarle “torturas y golpes, que le produjeron lesiones, especialmente en el rostro y en el tronco”.
Imaginamos ahora los huesos de Victor Jara saliendo de su sepulcro. Los vemos sobre una mesa en el SML. También vemos como los envuelven y los envían a Europa para su análisis…¡Innsbruck! De tan lejos que tenga que venir la verdad..¡Qué pobre somos! ¡No nos merecemos ni una sola canción de las que Victor inventó para nosotros! El mismo, con sus propios restos, hubo de luchar para encontrar justicia, mientras el país decide si apuesta por los negociados o por la fomedad.
Así es también Chile. Clasificamos al Mundial, pero tenemos una historia negra de la que no sabemos hacernos cargo. Porque si por inventar unas cuantas canciones hermosas merecemos la muerte y por asesinar a quien las inventa merecemos la libertad bajo fianza, significa que somos una comunidad que nunca estaremos en el mundial de la racionalidad, ni siquiera en el mundial del sentido común. Y mucho menos en el de la justicia, sea de la religión que sea.
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(c) Clemente Riedemann
(c) SURALIDAD, 2009

lunes, septiembre 21, 2009

Schwenke y Nilo / Leyenda del Sur

Schwenke y Nilo / Fotografía de Juan Ramón Salinas
Clemente Riedemann
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No sólo porque han sabido leer el sur en el que han vivido y comprendido a full, sino también porque su propia cruzada musical y poética iniciada a fines de los 70’s en la Universidad Austral de Valdivia se mantiene viva en los escenarios de Chile, Schwenke y Nilo son una “Leyenda del Sur”.
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Así se llamará el libro que prepara el destacado comunicador penquista Rodrigo Pincheira y que aparecerá a comienzos de noviembre, como anticipo del gran recital que Nelson Schwenke y Marcelo Nilo ofrecerán en la Sala Oriente de la capital en conmemoración de sus treinta años en la música popular de Chile;
El libro incluye una larga entrevista al dúo, notas críticas de varias personalidades nacionales, las letras de todo su cancionero, y una selección de fotografías que cubren toda la trayectoria de Schwenke y Nilo desde la lejana y heroica época de sus orígenes universitarios en Valdivia, sus posteriores periplos por el país, sus andanzas por Europa y Estados Unidos hasta el presente que muestra sus presentaciones recientes en diversas localidades de Chile y que muestran como lograron hacerse del afecto de tres generaciones de chilenos y chilenas sin haber estado nunca en los medios de comunicación masivos;
El haber permanecido fieles a una estética “suralidiana”, a sus convicciones existenciales y políticas, a su amor por la música y la poesía, y a la cercanía en el contacto directo con las personas les han hecho acreedores de un espacio permanente en el alma de miles de connacionales que advierten en sus canciones el reservorio de un cierto país que no renuncia a la valoración de su identidad primordial;
En sus canciones respira un Chile que privilegia los valores humanos por sobre las modas y el exitismo de mercado, y que denuncia las inequidades, las estigmatizaciones, las exclusiones, la pobreza material y simbólica de nuestra cultura criolla avasallada por el neoliberalismo prepotente adoptado por las clases dominantes del país;
Las canciones de Schwenke y Nilo lograron extender el sentido de la chilenidad más allá de las estrechas fronteras metropolitanas, erguidas en versión oficial de Chile, para mostrar un país con otros paisajes, otras gentes, otras visiones de mundo y para poner el amor, la fraternidad, la justicia social, el humor y la valoración de la diversidad como elementos permanentes y deseables de nuestro modo de ser;
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(c) SURALIDAD, 2009

martes, agosto 11, 2009

Chamaco Valdés

Francisco Chamaco Valdés (izq.) junto a Luis Hernán Alvarez la memorable dupla goleadora del fútbol chileno de los 60's.
Poema de Clemente Riedemann
Porque chuteaste mi infancia hasta las estrellas, del banderín que iluminó mi pieza oscura, allá, en los callejones polvorientos, es que quiero escribirte este poema. « Fuerte y a un costado »– dijiste, seguro como la bala que ya inició su viaje y que un día incendiará mi carne tirándome de bruces en una cuneta. O como el sol de la mañana que alumbra la panera, mientras leo en el periódico una entrevista en que confiesas cómo deben patearse los penales: « Fuerte y a un costado –dices- Es lo más seguro ». Así te llevé en el corazón durante los años en que la vida se agarraba con estoperoles a la tierra en la cancha del club Tricolor. Ahora los dos estamos viejos. Yo recuerdo casi todos tus goles. Tú no sabes que escribo poemas.
(del libro Gente en la carretera, 2001)

miércoles, febrero 04, 2009

Invención y Reinvención de la Identidad

Huilliches de Choroy Traiguén (San Juan de la Costa) Fotografía de Andrea Oyarzún.
Artículo por Clemente Riedemann

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Así que somos retazos de lo que verdaderamente fuimos y aprendices de lo que quisieron otros que fuéramos. Onda que no sabemos para donde cortar. Si enterrar la cabeza en ese pantano que es el patrimonio o poner la cara al viento, a ver que nos reporta el arcano del día. Parece dramático, pero ni tanto. Es sólo un cambio de piel, como suele ocurrir en el verano.

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Los católicos de fines de los 50’s se volvieron marxistas en los 60’s. Los marxistas de entonces (más o menos cristianos) se volvieron escépticos en los 70´s. Y de éstos incrédulos o de las familias que fundaron, surgieron los yuppies de los 80´s (también en la política). En los 90´s ya eran neoliberales confesos (otra vez también en la política). En la primera década del siglo 21 han vuelto a sentirse escépticos habida cuenta del fraude que en realidad eran las vacas sagradas de Wall Street, con su pragmático “embolso, luego existo”;
Los valientes guerreros mapuches de la época colonial se volvieron evangélicos o católicos con la llegada de la república y a eso se le llamó “sincretismo”; el híbrido indigenista derivó en la adoración del autoritarismo con el advenimiento de la milicia al poder político; pero con la vuelta del orden constitucional democrático (esto va entre comillas) la indiada derivó ora en la guerrilla menor (a lo Robin Hood o Luciano Cruz) o en las Pymes, una suerte de aprendices de empresarios que nunca llegarán a serlo realmente debido a la hebra de pureza y honestidad que les vincula con Huentellao o Chaw Gnechén;
Las mujeres de los 60’s morían pollo ante el machito que se daba el lujo de ser jefe de más de un hogar; en los 70´s, sin embargo, salieron a la calle y ganaron su derecho a ser torturadas en igualdad o peores condiciones que los hombres; en los 80`s ya se atrevían a separarse con no pocos y cínicos trámites; a partir de los 90´s pudieron equipararse con los hombres en el acceso a las habitaciones de dos camas;
Los hombres recorrieron, a su vez, el camino opuesto: pasan ahora más tiempo en la cocina, vigilan que los niños no rueden por un abismo o se metan las cañas de fósforo por las narices y suele vérseles con el credo en la boca esperando a que sus mujeres regresen invictas de algún carrete a mitad de la semana. Nada raro que más de alguno decida salir del ropero y pasarse derechamente a la vereda de enfrente;
Los jóvenes de los 70´s estaban casi todos metidos en los partidos sin importar el logo de las banderas o el torneado de los linchacos; en los 80´s se interesaron más en las nuevas tecnologías informáticas (incluso sin facebook), donde todavía están y sienten estertores en el estómago cuando les hablan de política;
Después de los 60´s a muchos curas, después de permanecer por décadas hablando en latín, bien lejos del populacho, les dio por estar cerca de los niños pobres, incluso demasiado cerca;
Pero el poder sigue donde mismo: dirigiendo el tránsito, con sus vaivenes, sus apuestas por las completaciones, expansiones, mejoramientos, subvenciones. Ahora mismo dicen que hay 250.000 salmones de criadero compitiendo con nosotros, los peces piolas, en la misma bahía de siempre. Pero al menos es nuestro territorio y quizás tengamos mejores opciones de sobrevivencia. En la crisis, que le llaman así al fraude;
Los poetas, nuestros buenos poetas telúricos e iconoclastas de los 60´s, los 70´s y los 80´s, se fueron a vivir a Iowa, Barcelona o el sur de Francia, pero tienen a bien regresar cada dos años -como los políticos on line- para hacer campaña y lobby con ocasión del Premio Nacional de Literatura;
Así que somos retazos de lo que verdaderamente fuimos y aprendices de lo que quisieron otros que fuéramos. Onda que no sabemos para donde cortar. Si enterrar la cabeza en ese pantano que es el patrimonio o poner la cara al viento, a ver que nos reporta el arcano del día;
Nosotros mismos, que en nuestra juventud postulábamos por una poesía y una prosa lúcidas y amorosas, damos ahora una oportunidad a la locura y el resentimiento a fin de ganar unos pocos lectores hambrientos de seducción y sangre fresca;
Todo tiempo pasado no fue mejor, sin duda. Pero como las aguas están revueltas, parece que en la pesca (aunque sea artesanal) hay una oportunidad para parar la olla. Al final, parece que eso es lo que somos con toda certeza: sobrevivientes.
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(c) SURALIDAD EDICIONES, 2009;