jueves, diciembre 25, 2008

EN LUGAR DE MORIR / Rosabetty Muñoz

Reseña de Clemente Riedemann
__________________________________________ Este temprano libro de Rosabetty Muñoz contiene un poderoso llamado al amor, no sólo como esperanza de redención, sino como certidumbre vital, transfiguración ascendente que le espera en el camino. Del mismo modo, contiene la intuición de su destino como poeta, el que acaso vincula con el amor expectante.
_______________________________ Y qué otro vínculo más poderoso podría sostener la palabra poética como un asunto superior de la existencia. El amor por la humanidad, aún a través de una sola persona; el amor por la palabra, aún con el logro de un solo gran poema. La primera parte del volumen, llamado La Anunciación (Esperando a Ganímedes), es una invocación comunicada en la tonalidad bíblica del Cantar de los Cantares “que la gracia caiga sobre nosotros / derramada como una copa de vino” (pg.5) o “Soy el águila a quien embriagarás / por los siglos de los siglos” (pg.8); Se trata de un llamado hecho desde la soledad o la desolación existencial dirigida al sujeto mítico (Ganímedes) que encarna la redención o la transfiguración a través del sentimiento amoroso; En la segunda parte (Éramos los Elegidos), el tono bíblico de la invocación continúa, pero ahora inscrito en un contexto terrenal más complejo, donde el discurso incorpora aspectos no explícitos de la contingencia personal y sociopolítica. Es la primera mitad de los 80´s y la autora realiza estudios universitarios en Valdivia, a donde viaja desde su ciudad natal, Ancud, las únicas ciudades mencionadas en el texto; En otro sentido, es la fase final de la dictadura militar y las alusiones a un tiempo de odio se hacen frecuentes “el dolor es el único lenguaje / que traspasará la historia” (pg.24); “con el alma descosida / mientras explotan las desgracias a nuestro lado” (pg.25); “Ellos comen frutillas y cantan nuevas / canciones de odio”(pg.31); “Te estaría buscando en la lista de detenidos / Estaría llamándote, llamándote, llamándote…” (pg.37); o el conmovedor verso “Para estar aquí hace falta estar vencido” (pg.43); La invocación amorosa pierde su aura mítica y asume una tonalidad más escéptica: “Dijo: Nunca cambiaría la casa de mi padre por ti. / Y yo soñaba que era el más grande / porque no lo vencía una muchacha” (pg.28); “Ayer no sabíamos nada de ti / y hoy pretendes dormir en mi cama “ (pg.30); “He esperado tanto a alguno / que ahuyente los lobos y vea en mi la mujer” (pg. 38); Pero la poeta se sobrepone y levanta orgullosas arengas en favor de su destino como poeta: “Pero no, hermoso volador, / no veré pasar la vida sin coronas” (pg. 8); Y, aunque “Cada uno dice adiós o buenas noches a su manera” (pg31); o “El río de la noche no me reconoce / entre todas las muchachas / que cruzan el puente” (pg. 32), la autora sabe que “ Fui escogida para resplandecer…Debo mantener la luz / en los humildes callejones de los que odian”(pg. 40); Visto con la distancia de dos décadas desde su publicación, En lugar de morir (1986), de Rosabetty Muñoz, con su sencillez formal y estructural, contiene destrezas de estilo y honduras de significación que anuncian la potente personalidad poética que alcanzaría en los años posteriores y constituye un documento necesario para la mejor valoración del derrotero de la destacada poeta chilena.
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Muñoz, Rosabetty. (1986) En lugar de morir. Editorial Cambio. Colección Encuentro. Santiago;
Proyecto de investigación Antropología Poética del Sur de Chile, Fondart Regional 2008; (c) SURALIDAD EDICIONES, 2008: suralidad@gmail.com

martes, diciembre 23, 2008

Historia Regional IV: Establecimiento de la República

La Toma de Valdivia (1820)
Clemente Riedemann y Jorge Torres Infante
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El proceso de consolidación de la República en el sur fue largo y complejo (1812-1866). De allí surgen íconos como Cochrane, Beaucheff, Quintanilla y Freire. Valdivia, Osorno, Llanquihue y Chiloé se incorporan al territorio nacional, pero el proceso deja huellas culturales aún presentes en el uso del lenguaje y cierto escepticismo respecto de la administración del gobierno central que trasciende los signos ideológicos de contingencia.

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La organización del estado chileno como república (1818 en adelante) traerá aparejada la necesidad de incorporar la zona de Valdivia al territorio nacional, tarea llevada adelante por Lord Thomas Cochrane con la toma de los fuertes de Corral y Valdivia (1820); así como la integración de Osorno al nuevo estado, obra realizada por Juan Beaucheff; además, la incorporación de Chiloé, en manos de las tropas leales al rey de España dirigidas por Antonio Quintanilla, que resistieron las primeras intentonas chilenas (1820 y 1824: Mocopulli), para ser vencidas, finalmente, en Pudeto (13-1-1826) y Bellavista (14-1-1826) por las tropas de Ramón Freire; Sin embargo, la guerra de independencia nacional tuvo en la región sur unas primeras circunstancias como las planteadas por Samuel B. Johnston, al hacer referencia a los acontecimientos de Valdivia en 1812: “…Llegada que fue la luz del día, se formó la tropa en la plaza y se mandó tocar generala; e inmediatamente se hizo la seña convenida de los cañonazos, sacándose las Reales Banderas, todo con arreglo a las Reales Ordenanzas; en cuya respetable posición no se atrevieron los partidarios de la Junta a respirar. A poco rato, concurrió mucha parte del pueblo, y a su presencia se ratificó el batallón en el juramento de las Reales Banderas, a que acompañó el pueblo, lleno de alegría, a gritar: ¡Viva el Rey Fernando Séptimo; Viva la Suprema Regencia Española; Viva el Excelentísimo Señor Presidente de la Capital, don José Miguel Carrera; y mueran los desleales! [...] Luego que la provincia de Concepción tuvo la osadía de armarse contra esa Capital [Santiago], recelamos no nos llegarían las órdenes de V. E [José M. Carrera], o por lo menos aquellas que pudieran imponernos de su voluntad. Que el gobierno de Concepción querría hacer creer que esta plaza era de su desleal partido; [...] “: Más adelante, la región alcanza algún protagonismo en el desarrollo histórico de la República a causa de la llamada “guerra con España”, quedando en la memoria nacional el combate de Abtao (7-2-1866) y la acción naval de Huito (2-3-1866), ambos en la zona sur de la actual provincia de Llanquihue; Se acepta, en general, que la prolongación del dominio español en el archipiélago de Chiloé y sectores aledaños propició el establecimiento de ciertos rasgos de la hispanidad habidos en el empleo del castellano, lo que se traduce aún hoy en modos, giros y acepciones distintivas de la lengua en esta parte del país.
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Riedemann, C; Torres Infrante, J. (1999). Centro de documentación de la Historia, el Arte y el Patrimonio Cultural Regional. Proyecto Fondart;
(c) SURALIDAD EDICIONES, 2008.

viernes, diciembre 19, 2008

Riedemann y la poesía lárica

Clemente Riedemann. Fotografía de Eugenio Muñoz (2008)
Entrevista de Antonia Torres
____________________________________________ El espacio de la poesía del sur de Chile es recurrentemente asociado con este concepto. Hay un mito surgido desde la gente que no habita el sur acerca de que la poesía escrita en este territorio es lárica en general. Más o menos, tardía o nueva o actual, para los autores que escriben en el sur es difícil quitarse el mote por el sólo hecho de habitar aquí.
_____________________________________________ ¿Cómo definirías tú el concepto de lo lárico?
El primer concepto que internalicé es el que dice que se trataría de “la poesía de los lares”, es decir, de los lugares, del territorio natal, digamos. Y, por supuesto, de la cultura vinculada al lugar donde uno nació, creció y vivió parte importante de su proceso formativo como intelectual. En resumen, el espacio material y simbólico donde uno configuró su weltanschaaung. La mayor parte de estas tentativas -que yo llamaría de marginación- parecen más bien considerar la sola dimensión geográfica -casi siempre asociada al estereotipo del provincianismo bobalicón o cuando menos tradicionalista o conservador- y evitan adentrase en la dimensión cultural, que es, en mi opinión, la que resulta decisiva. Ahora bien, encuentro que esa comprensión de lo lárico no dice nada, porque resulta obvio que cualquier poeta en cualquier lugar del mundo parte escribiendo sobre las cosas que conoce mejor, que es su territorio de origen y sus personales experiencias de vida, para luego adscribirse a teorías o perspectivas internalizadas intelectualmente a través del proceso formativo, donde se suma a lo que está circunstancialmente en boga. A esto que está de moda –en Europa o los Estados Unidos, los lugares donde se doctoran nuestros académicos- suele llamársele vanguardia. Observo que ese es el proceso que hacen la mayoría de los creadores en todas las disciplinas. Parten desde obras surgidas de percepciones de realidad locales y pragmáticas y a partir de ellas van incorporando elementos de la teoría, de la fantasía, de la imaginación o de la ficción o de cosas que ocurren en otros lugares. En una fase posterior, en la madurez intelectual, sobreviene la preocupación identitaria en procura de la definición del código lingüístico personal. He observado que en ese momento se vuelve al origen y se recupera, bajo otro prisma, ahora complejizado por conceptualizaciones y nuevas experiencias de vida, la belleza, la inteligencia y la bondad del lugar donde uno se formó. Es decir, un proceso que parte con la asunción espontánea y libre de la identidad cultural de origen, atraviesa por una etapa de perversión o enajenación intelectual de impronta académica, para retornar otra vez al origen, bien de manera intelectual –es decir, procurando conceptualizar el bagaje internalizado instintivamente- o bien de una manera resentida –procurando exacerbar los rasgos originales- en busca de una supuesta pureza que no suele ser más que desesperación en busca del tiempo perdido. En ese sentido toda la poesía sería lárica. Con el paso del tiempo me di cuenta que el larismo concebido como la poesía de los lares era una definición asignada a personas que habían nacido o escrito en un determinado lugar geográfico del sur de Chile y que a partir de los años 60 comenzaron a generar una comunicación propia. Entonces se empieza a identificar al lenguaje poético proveniente de esta zona como lárico, tratando de expresar, equivocadamente en mi opinión, que se trataba de una poesía ni cosmopolita, ni contemporánea, ni académica, ni urbana, es decir pre-moderna; Definición negativa, digamos. O sea, no definirlo por lo que es, sino más bien por lo que “no” es. Efectivamente. Y, por tanto, una definición inútil. Sirve más bien para asignar una cierta calidad intelectual a un grupo de personas que no viven en el centro del país, aquellos y aquellas que construyeron su visión de la contemporaneidad y su obra fuera del área metropolitana. Una suerte de discriminación intelectual por medio de un ordenamiento geográfico del panorama literario chileno. ¿Ridículo? Por cierto. Pero esa ridiculez tiene una explicación política y cultural: el etnocentrismo. La vieja historia del europeo tratando de bárbaros o salvajes a los nativos americanos o africanos, replicada mil veces en las universidades europeas o norteamericanas y reproducida de manera maniquea por quienes se forman en ellas; Por lo tanto, ves debilidad en esa definición o en el uso de esa definición. Son definiciones tentativas, pero aún incompletas. Hay autores que trabajan acá y no en el centro, cuyas obras contienen elementos distintivos que no han sido estudiados a cabalidad y por tanto esa ignorancia es sustituída por la aseveración impresionista o por elementos míticos. A veces, cuando hay pereza intelectual es más cómodo dejar las cosas en el nivel del mito. Pero si se estudiase de una manera formal y desde la dimensión básica de la cultura –que no se ha hecho- probablemente aparecerían realmente las primeras ideas sobre qué expresa realmente esta poesía, cuáles son sus elementos constituyentes y cuáles sus aportaciones válidas en la construcción de un más completo concepto de chilenidad, al menos en la poesía. Pienso que un enfoque antropológico, culturalista o semiótico nos brindaría comprensiones lúcidas en este sentido. Los métodos de análisis exclusivamente literarios no parecen suficientes para abordar el tema de la literatura chilena contemporánea. No sólo nuestra geografía, sino también nuestra historia, nuestros procesos de poblamiento, nuestra relación con la modernidad son diferentes a las del centro. Y por tanto, también lo son nuestra psicología y nuestro lenguaje. Teillier, uno de los responsables del término, pensaba estrictamente en los lugares cuyos valores sostenedores de la vida en comunidad estaban siendo avasallados por el proceso de modernización. No es una simple nostalgia por el tiempo pasado que ya no volverá, sino, como lo planteó Walter Hoefler, un grito de agonía por el tiempo “vedado”, los valores concretos que permitían una vida de integración con la naturaleza y de solidaridad social. Teillier observa que la modernidad no implica siempre una mejor calidad de vida, una concepción inteligente y afectiva de la situación vital. El observa la pérdida del tejido social que hacía posible la percepción poética del entorno y advierte sobre la incapacidad de la gente de los pequeños poblados para adaptarse al individualismo y al materialismo de los nuevos tiempos. Desde un punto de vista humano, él percibió la modernidad como un signo de decadencia y no de progreso. He comprendido su poesía como una defensa de los valores permanentes del humanismo; Quiénes serían sus principales exponentes desde tu punto de vista, si es que confías en esa definición… Me parece que la poesía contemporánea en el sur de Chile partió en la década del 60 con los trabajos del grupo Trilce; Pero sería lárica, ¿podría decirse eso? A eso me refiero, cuales serían los exponentes del larismo. He puesto mi esfuerzo en demostrar que esa definición resulta inútil en el sentido en que usualmente es comprendida. Por otra parte pienso que el problema no consiste en demostrar la falsedad de un concepto o una definición. Lo que importa es identificar los elementos constituyentes de esta poesía. Yo la definiría simplemente como poesía chilena contemporánea, matizada identitariamente por las características de esos elementos; Quiénes son los exponentes, los oficiantes, los autores láricos. He mencionado a Trilce. Esos poetas –Lara, Shopf, Cortínez, Valdés, Zaror, Hunter, Hoefler- incorporan la poesía moderna en el sur de Chile. Es decir, una poesía vinculada al sistema de comunicación globalizado de la literatura. Sólo que se escribe en la provincia, observando desde allí la contemporaneidad. Y, por lo que explicábamos antes, si vivían entonces en la provincia, su poesía fue matizada por los elementos telúricos o etnográficos o imaginativos característicos de esta zona. Un elemento muy potente acá es la naturaleza. Hay urbanidad, pero se trata de una urbanidad que no ha perdido su vínculo con la naturaleza. Entonces, esta dinámica que existe entre lo rural y lo urbano habrá de inscribirse en sus obras de una manera más o menos espontánea. Sin perjuicio de que existan autores a quienes no les guste mirar a través de la ventana y encuentren más entretenido contemplar el interior de sus cabezas. O autores que se remitan a seguir las tendencias de moda. Se dan esas variantes y me parece positivo para el clima intelectual, pero observo que, en algún momento, de alguna manera, en todos los autores se descubre una referencia a este entorno mixto, que no es otra cosa que aquello que el arquitecto Edward Rojas denomina “nuestra manera de ser modernos”; ¿Eso los convertiría automáticamente en láricos, aunque hubiese un elemento en su obra?, ¿Qué los convierte en láricos? Me imagino que te incomoda un poco el adjetivo. ¿Automáticamente? ¡No embromes! Son sólo eso, adjetivaciones. Satisfacen alguna necesidad, la de clasificar, segmentar o discriminar para controlar y poder cumplir con ciertos parámetros metodológicos a los que obliga un determinado enfoque teórico. Pero se hace con frivolidad. Se denomina la caja, pero no se examina detenidamente lo que hay dentro de ella. No sólo hay un gallo matutino cantando dentro de la caja, también hay despertadores digitales; ¿Pero cuáles serían los valores de este lenguaje? Pienso que lo que saldrá a la luz es lo siguiente: un territorio signado por cruces étnicos, históricos y culturales; una visión ecologista del mundo en un sentido amplio, esto es deseo de una integración racional de la tecnología y los sistemas sociales al paisaje y la gente que lo habita; un discurso de la interculturalidad proveniente del legado cultural indígena, hispánico y germánico evolucionando en dimensiones distintas, aunque coetáneas; un lenguaje mixturado por la tradición campesina y los conceptos de la modernidad urbana; una crítica del centralismo en tanto manifestación contemporánea del etnocentrismo colonial; una valoración del patrimonio intangible; una mitificación de los fenómenos geológicos y meteorológicos recurrentes; un imaginario surrealista espontáneo, no intelectual sino derivado de la inserción instrumental de elementos de la cultura anglosajona, nipona y nórdica en las comunidades tradicionales; ¿Y en relación con lo posibles estilos o estéticas? En términos estilísticos no hay patrones homogéneos, aunque prevalece el lenguaje coloquial y connotatitivo; remanentes de la forma estrófica escalonada evolucionando hacia la prosa regular descriptiva o la disipación estructural; búsqueda del equilibrio entre musicalidad asonante e imágenes libremente asociadas; empleo instrumental de formas arcaicas y tradicionales –zéjel, soneto, epigrama, canción- en contextos modernistas; del mismo modo, empleo de formas literarias transgenéricas (diálogo teatral, narrativa) y transtextuales (noticias, informes, oraciones, discursos orales, sentencias, leyes, publicidad, cine, etc.) en la escritura poética. Ahora bien, la distribución de los oficiantes –como tú les llamas- en el uso de una parte o todas estas modalidades, es materia del estudio que hemos emprendido con ese fin; ¿Cómo crees tú que se ha entendido lo lárico a un nivel más masivo, Porque tú me estás dando una respuesta relativamente especializada y sobre todo desde adentro…. ¿Cuál ha sido la recepción? Observo que prevalece una percepción peyorativa: “Mire, esta gente está escribiendo como ya se hizo en el pasado”. Gente pasada de moda, digamos. Como cuando el mundo era todavía rural o provinciano. Esto es autoritarismo, evidentemente. Decir todavía que lo que se escribe fuera del centro no es lo correcto, lo adecuado o lo aceptable, es una incapacidad para aceptar que la realidad de la vida y la cultura es diversa. Por otra parte, nosotros no hemos sido capaces de levantar interpretaciones y análisis alternativos, en el sentido en que lo he estado expresando. Cuando eso ocurra, nuestra situación en el sistema de comunicaciones literarias cambiará favorablemente. Al parecer hemos estado esperando que otros hagan lo que debemos hacer nosotros, lo que en cierto modo justifica el trato peyorativo hacia nuestro trabajo. Lo cierto es que no hemos sabido defender el terreno ganado. Tenemos pocos guardianes de frontera, que en los círculos desarrollados son los escritores capaces de ejercer la crítica especializada; Tiene que ver con un cierto desprecio por los valores que son, se supone, la base de esta corriente o filosofía. Desprecio por la diversidad, diría yo. Temor de aceptar el caos y la variabilidad como una riqueza. ¡Desprecio por la realidad! Porque estas ciudades, estos campos y quienes los habitan son reales ¿O no? ¿O existimos sólo como manifestación sobreviviente de un tiempo anterior ya extinguido? Pero esta discriminación no sólo es propia de la literatura. En política y en economía es aún peor. Es difícil que este estado de cosas cambie sin un cambio de paradigma para percibir la realidad del país. Si persiste es porque el modelo aún no se agota como criterio ordenador. Y no se agota porque la calidad y capacidad política de nuestros discursos son todavía insuficientes para instalarse como referente de cambio o cuando menos de expansión de la realidad; ¿Y serán suficientes en algún momento? Espero que el trabajo de mi generación eche las bases para desencadenar los procesos imaginativos, linguísticos, políticos y comunicacionales para que ello sea posible en los próximos años; ¿No consideras un poco voluntarista tu posición? ¡Por supuesto que sí! La experiencia del vivir es un acto de voluntad. Por muchas ideas y percepciones que contenga en mi cabeza, si no tengo la voluntad de escribir y comunicar, no podrían materializarse. Ahora bien, la voluntad se mueve con inteligencia, con belleza y con amor. Un solo libro bien escrito y bien comunicado logra por si solo aunar las energías dispersas y canalizarlas a favor de la continuidad del lado amable de la vida. Nada nos conviene mejor que escribir buenos libros y ejercer la crítica. Por otra parte, no tengo dudas que quienes deprecian la voluntad están de parte del statu quo. De hecho, la publicidad no hace otra cosa, todos los días, que desactivar la capacidad de las personas para tomar sus propias decisiones. El sistema literario también tiene su propio aparato publicitario que opera en el mismo sentido, en tanto órgano funcional al establecimiento.
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Torres, Antonia; Traverso, Ana (2006) Entrevista realizada en Puerto Varas y Puerto Montt en juliuo de 2006;
(c) SURALIDAD EDICIONES;

domingo, diciembre 14, 2008

LA GALLINA CASTELLANA Y OTROS HUEVOS / Delia Domínguez

Reseña de Clemente Riedemann
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La vida dio a Delia una ferocidad surgida de las tempranas pérdidas afectivas de la maternidad y el amor de pareja. Por eso, entre las copas de los manzanos, los frascos azules y la menta lagunera se instala un olor a pólvora, los rifles y las escopetas de la desgracia, que tornan el paisaje árido y salvaje. Nada de atardeceres a lo Village, sino una metafísica del rigor existencial, el refugio en el poder de la divinidad...
___________________________________________________ Se trata de una cuidada edición bilingüe castellano-alemán diseñada y pensada antológicamente para su difusión en Alemania, de allí la preeminencia de escritores y artistas europeos notables citados en el volumen: Rilke (triple cita); Mahler (doble cita); Goethe; Beethoven; Strauss; Brecht; entre los estrictamente teutones; Eliot; Sibelius; Hamsun; Joyce; Breton; en reprtesentación de la UE; y entre los locales universales Huidobro, Neruda y Coloane. Como quien dice, arte mayor: La edición bilingüe chileno-alemán también fue explorada por Jorge Torres con Poemas Renales (1999). Por otra parte, poetas como Antonia Torres y Roxana Miranda han realizado estudios de especialización en universidades alemanas, de modo que puede establecerse que existe un vínculo relacionado con la formación y la difusión literaria entre los autore(a)s chileno(a)s y la tierra de los inmigrantes que fundaron el sur moderno. Incluso es una relación que podría mejorar en número y calidad si en la región existiese una política cultural a nivel gubernamental al respecto. Lo que se ha obrado en este sentido ha sido sólo en virtud de la iniciativa individual de algunos autores y autoras;

Este libro de Delia Domínguez es una grata contribución al respecto. Lleva un prólogo de Pablo Neruda escrito en 1973 (“…por formación ecológica, la poesía de Delia Domínguez, osornina de los bosques de Osorno, es atrevida y descalza; sabe caminar sin miedo entre espinas y guijarros, vadear torrentes, enlazar animales, unirse al coro de las aves australes sin someterse al tremendo poderío natural…”) señala el Premio Nóbel en la página 12. Y un posfacio de Ana María Cuneo (“…Delia Domínguez está marcada por el mestizaje…de allí que su poesía sea ética y telúrica, poesía que es voz de nuestra tierra; las personas comunes y corrientes con que ella se contacta en su amor humano.” pg..95);
El tema identitario está nítido en el poema Papel de antecedentes: “Yo, católica…mestiza/ minimalista y campesina. / Yo, perrera y jineta del viento…de ombligo/ amarrado a la telúrica…madrecita tierna / de nunca acabar.” (pg.59). Y en el poema Caldo de cultivo, continuación del anterior : “Yo atorada de tanta mudez ensartada al pescuezo../ agarrada a mi fe de bautismo…./acorralada en mi geografía de fin de mundo…” (Pgs. 61 a 65);
La vida dio a Delia una ferocidad surgida de las tempranas pérdidas afectivas de la maternidad y el amor de pareja: “Por el amor, en fin, por el olvido / y lo que fue verdad en el entierro de los sueños, / por ti y por mi, temblando de esta maldita soledad…” (Pido que vuelva mi ángel, pg.47);
Por eso, entre las copas de los manzanos, los frascos azules y la menta lagunera se instala un olor a pólvora: los rifles y las escopetas de la desgracia que tornan el paisaje árido y salvaje, nada de atardeceres a lo Village, sino una metafísica del rigor existencial y del refugio en el poder de la divinidad;
Sureña, pero instalada entre los polos. Ëtnica, pero interétnica: huilliches y yaganes cruzan el pórtico de su casa poética, sin remilgos, con su inmensa humanidad. Desolada, la imagen de su cabeza amaneciendo sobre el pecho del amor, escuchando su latido, se repite como pastoral bajo el entramado bilingüe de esta muestra, breve como un relámpago de Delia iluminando la noche del mundo.
_______________________________________ Domínguez, Delia. (2002) La gallina castellana y otros huevos. Ediciones Tacamó. Santiago. Edición bilingüe español/alemán. 102 pgs;
© SURALIDAD EDICIONES, 2008; suralidad@gmail.com

domingo, diciembre 07, 2008

La identidad como memoria colectiva

Underground III. Fotografía de Fabiola Barrientos.
Claudia Arellano Hermosilla, antropóloga. ___________________________________________________ Un rasgo importante del sentido de pertenencia a una colectividad es el compartir una memoria colectiva, el resignificar el pasado y el presente desde códigos simbólicos similares. Por tanto, se puede decir que toda identidad colectiva posee una memoria colectiva.
________________________________________________ Esta noción ha sido acuñada por el conocido sociólogo Maurice Halbwachs (1950), quien plantea que la memoria colectiva es “una corriente de pensamiento continuo, de una continuidad que no tiene nada de artificial, dado que retiene del pasado aquello que se encuentra vivo o capaz de vivir en la conciencia del grupo que la cultiva...En realidad en el desarrollo continuo de la memoria colectiva no existen líneas de separación claramente trazadas como en la historia, sino limites irregulares e inciertos”; De esta manera, estaría constituida por recuerdos o imágenes parciales: “El recuerdo es, en buena medida, una reconstrucción del pasado con ayuda de datos prestados del presente y preparado, además, por otras reconstrucciones hechas en épocas anteriores en donde la imagen original resulta alterada”. Estos recuerdos compartidos por los miembros de un grupo son constituidos, recuperados y reconstruidos constantemente (el pasado nunca es el mismo), ya que estos les permiten reconocerse como tal, tener conocimiento de si mismos. En definitiva, logran darle una sensación de continuidad, de que nada ha cambiado, de permanencia del pasado y persistencia de su identidad; Mas, el grupo paralelamente experimenta el devenir del constante movimiento y cambio, rasgos fundantes de la modernidad. Este proceso social de reconstrucción y actualización del pasado vivido es llamado memoria colectiva. Es posible entender a la memoria colectiva como hecho social y proceso colectivo, “La existencia de un lenguaje y significación común a los miembros de un grupo, hacen que estos vuelvan a su pasado de manera colectiva, es decir, dotando de un sentido compartido a los eventos que los han constituido como una entidad". ________________________________________________ Referencias: Aguilar, Miguel Ángel. “Fragmentos de la memoria colectiva”, http://blues.uab.es/athenea/num2/Halbwachs.pdf;
Halbwachs, Maurice. (1950) “La memoria Colectiva”, Ed. P.U.F, Paris. Traducción de Miguel Ángel Aguilar;
Proyecto de Investigación Antropología Poética del Sur de Chile;
Clemente Riedemann y Claudia Arellano, ejecutores;
(c) SURALIDAD EDICIONES, 2008.

Historia Regional III : la resistencia indígena

Caballería de Pelantaro
Clemente Riedemann y Jorge Torres Infante
___________________________________________ Con el inicio de la guerra de Arauco en 1536 la ocupación europea del sur de Chile se ve interferida y a partir de 1599, con el gran levantamiento mapuche liderado por Pelantaro, se interrumpe indefinidamente. Los mapuches logran recuperar el control sobre su territorio y sus comunidades reasumen el estatus cazador-recolector en el marco de una estructura residencial dispersa.
________________________________________ La Guerra de Arauco iniciada en 1536 con Gómez de Alvarado enfrentando a los mapuches en Reinogüelén se dejó sentir inmediatamente al afectar los intentos de colonización española en las actuales regiones de Los Ríos y Los Lagos. Valdivia y Osorno fueron objeto de las rebeliones de los mapuches quienes atacaron estos enclaves hispánicos de manera persistente, hasta el punto que debieron ser abandonados por los europeos; Posteriormente, en razón de la creación de la línea del Bío-Bío, zona fortificada para detener el posible avance mapuches, sus habitantes se retiraron al sur de la región, principalmente luego de la gran rebelión mapuche de 1598-1604, ya que -como señala Rosales (1600) los mapuches asaltan el fuerte de Osorno “... usando de varias invenciones de fuego para quemar los edificios de adentro y disparando grande lluvia de flechas y piedras, arcabuces que también llevaban”; O, luego de sufrir, como en el caso de Valdivia, según descripción de Barros Arana y de acuerdo al testimonio contemporáneo de Francisco de Quiñones (1600), el asalto de la hueste mapuche al mando de Pelantaro, que “...en la madrugada del 24 de noviembre de 1599, poco antes de amanecer, cayó de improviso sobre la ciudad, dividiéndose en cuadrillas que cerraban todas las calles para impedir la fuga de los desprevenidos pobladores. Los indios ponían fuego a las casas, mataban a todos los españoles que encontraban, sin distinción de edades y de sexo, y se entregaban al más desenfrenado saqueo”; Había en Valdivia un fuerte armado con buena artillería, pero no había en él un solo hombre; y los indios lo ocuparon sin hallar la menor resistencia. ”Quemaron los templos, haciendo gran destrozo en las imágenes y haciéndolas pedazos con sacrílegas manos”, dice un documento contemporáneo. Después de dos horas de incendio y de degüello, los indios eran dueños absolutos de la ciudad; Ante tal situación, los europeos tendrán que hacer frente a la rebelión olvidándose de cualquier posibilidad de ayuda rápida y efectiva. Las ciudades del sur quedarán abandonadas por los españoles por un prolongado tiempo. Lo mismo puede argumentarse para el gobierno de Antonio de Acuña y Cabrera, cuando fue atacado en Río Bueno (Juan de Salazar, 1654) y en lo referente al ataque desde el Maule a Osorno en el año siguiente; Durante mucho tiempo la región fue una zona descartada por los europeos para una posible ocupación. Sólo a finales del siglo XVIII la ocupación española adquiere una nueva fisonomía con la nueva forma que adquiere la conflictiva relación mapuche-española: los parlamentos. Desde el punto de vista mapuche, fueron años de tranquilidad “…al vencer a los valientes y feroces guerreros españoles más lucirá el valor de los mapuche, que a nadie enorgullece derrotar al débil, y así castigaremos para siempre su soberbia, doblegaremos su altivez, pondremos fin a su codicia y a sus abusos y conseguiremos la verdadera paz.” (Juan de Baba, 1598, discurso de Pelantaro) en los que pudieron continuar con la ocupación del territorio original en acuerdo con las dinámicas estacionales de la naturaleza, sin ver interferida la vida de sus comunidades por la agresión extranjera; manteniendo su estatus cazador-recolector en el marco de una estructura residencial dispersa, de sedentarismo creciente, con ligeros movimientos migratorios de carácter intra territorial.
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Riedemann Vásquez, Clemente; Torres Infante, Jorge (1999;2003) Esbozo para una historia regional del sur. Informe de investigación. Puerto Montt.
Antropología Poética del Sur de Chile / En busca de la Suralidad;
Proyecto de investigación Fondart Regional 2008;
Clemente Riedemann y Claudia Artellano, ejecutores;
(c) SURALIDAD EDICIONES, 2008;