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viernes, marzo 26, 2010

Alto Palena, de Bernardita Hurtado Low

La insigne escritora y memorialista de Palena, Bernardita Hurtado Low, acaba de publicar un nuevo libro en el que reúne material fotográfico disperso sobre el proceso de colonización de esas tierras australes. El volumen, editado con el cuidado y estética que caracteriza a Ediciones Kultrún, incrementa el registro de la cultura patrimonial del sur de Chile. Reproducimos para nuestros lectores la nota de contraportada escrita por el editor Ricardo Mendoza Rademacher.
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CRÓNICA DE ALTO PALENA
En 1537, apenas 46 años después de la llegada de Colón, se publica la primera crónica americana: Historia General y Natural de las Indias, de Gonzalo Fernández de Oviedo, que entra sobre todas las cosas de América para inaugurar la escritura, en castellano, de nuestra memoria. Figura también su copiosa dimensión visual en profundas ilustraciones xilográficas. Cuatro siglos más tarde, en las primeras décadas del siglo XX, hombres y mujeres avanzan entre los montes de los Andes patagónicos, para fundar Alto Palena entre los valles intracordilleranos. De algún modo, circulan tempranas cámaras fotográficas que registran, guiadas por ojos anónimos, la asombrosa aventura de poblar un territorio: los rostros de sus protagonistas: hombres, mujeres, niños, animales y la materia vegetal y geológica que compone su escenario natural. Pasará no medio siglo, sino uno entero, antes de que esas imágenes se recojan en esta crónica visual, incompleta pero también inaugural, hecha de retazos y de sombras y luces no siempre precisas; de borrones o expansiones de sepia o amarillo, cruzadas de rayas o manchadas, desgarradas o demediadas. La fotografía suele ser como la propia memoria que convoca: imágenes desparramadas de un cuerpo cuya esquiva figura nunca recuperaremos del todo. Reflejos incompletos que, tal vez por eso mismo, estimamos como fieles testigos de lo que hemos perdido o de lo que hemos sido u obrado. En sus imprecisiones, en su parcialidad; en sus desgarros y tachaduras; y especialmente en la hospitalidad de sus vacíos, nos incita a entrar en nuestra crónica interior, donde puede estar todo aquello que nos permitirá completar esa figura que está hecha también de dolores y ternuras, de muertes y maravillas. _________________________________________________________________________________
Referencia:
Hurtado Low, Bernardita (2010) Alto Palena. Valdivia, Ediciones Kultrún.
Esta nota:
(c) SURALIDAD, Antropología poética del Sur de Chile, 2010.

martes, septiembre 30, 2008

Hibridaje e intertextualidad en la narrativa poética de Oscar Barrientos Bradasic

Reseña de Clemente Riedemann Fotografía de Oscar Barrientos, Archivo de Suralidad (2007). ___________________________________________________________ El autor de Punta Arenas se formó literariamente, primero en la Universidad Austral, en Valdivia; y luego en la Universidad de Salamanca, donde obtuvo su Doctorado. Se trata, pues, de un hijo exótico de la Suralidad. Un poeta de sentimiento que escribe desde el tópico de la imaginación razonada. Lo que tiene dentro de la cabeza vale oro. Negro, claro. Como el petróleo, del que una vez producimos miles de barriles y ahora “ni una gota”, como acaba de decir el Ministro de Hacienda. Pero Oscar Barrientos guardó unos cuántos. Y tiene combustible para rato. ____________________________________________ La tensión entre prosa y poesía caracteriza el lenguaje narrativo de Oscar Barrientos Bradasic, el joven y laborioso autor que se abre paso en el formidable paraje de las letras magallánicas, agregando con Cuentos para Murciélagos Tristes, su cuarto libro, una nueva saga de relatos al mítico Puerto Peregrino, escenario base de su universo narrativo. La feroz batalla de la prosa por rechazar los afanes posesivos de la lírica dan origen a un grupo de historias colmadas de una retórica donde el mito, la fábula y la metáfora, copan el escenario a la acción directa, desnuda, que –de acuerdo con la norma instalada por el cuento moderno- suele resultar más eficiente para arrojar luz sobre el trámite argumental. Atento al detalle de la tradición clásica y a la coexistencia en su propia ánima de tal perfomance conflictiva, Barrientos Bradasic recoge con precisión y encantamiento las raíces existenciales que sostienen esa confrontación: “Pero luego tanto poema como cuento comenzaron a mutarse en una vigilia insoportable, una simbiosis infernal” (El Hombre Que Tenía Dos Sombras). El delirante heroísmo de la épica cervantina (El Basilisco); la paródica nerudiana (La Invención de la Alegría); la memoria trágica de los afectos perdidos (Alma de Palo); la cosmología premoderna (La Cofradía de la Tierra Plana); la metafísica de la angustia (La Tristeza es Un Violín), marcan otros episodios notables en la rica inventiva del autor. En este último relato asistimos a la consolidación del personaje Anibal Saratoga como epicentro mítico y poético de los relatos en torno a Puerto Peregrino. Como es su costumbre, los relatos de Barrientos Bradasic están presididos, acompañados y clausurados por numerosas citas provenientes del arcano literario: antiguas, clásicas, modernas, contemporáneas, las que -a fuer de no sufrir menoscabo- forman ya parte de su identidad escritural. A lo anterior agrega aún la introducción de no pocos neologismos y denominaciones arbitrarias, que contribuyen a consolidar en la atmósfera narrativa el gesto paródico de su mitología personal. En “Cuentos Para Murciélagos Tristes”, Oscar Barrientos Bradasic no sólo comparte con sus lectores el proceso de decantación que se observa en su emergente obra. Ella contiene la hibridación chileno-croata que constituye la marca magallánica y da cobijo a la intertextualidad, con su retórica exigente en soportes y referencias. En el trayecto nos regala un castellano de espléndido vocabulario, de articulado complejo, propicio al disfrute de la lengua y que constituye un estímulo para la imaginación. _________________________________________ Fuente: Contraportada de Cuentos Para Murciélagos Tristes (Editorial Cuarto Propio, 2004); Fotografía de CR (Punta Arenas, 2007) obtenida con cámara celular Sony Ericsson.

sábado, septiembre 27, 2008

Jorge Spíndola: Los Blues de la Patagonia

Reseña de Clemente Riedemann _____________ Con el ánimo de expandir las fronteras simbólicas de la Suralidad, que están allí donde sea que encontremos palabras que nos hagan sentido, compartimos con nuestros lectores la poesía del autor de Trelew. Su manera de escribirla revela que el gesto moderno no se circunscribe a la espacialidad urbana, no tiene necesariamente que ver con territorialidades, sino con un modo de pararase frente a la realidad, aunque sea la de la remota estepa patagónica. _______________________________________ Delicioso road movie nos ofrece el argentino Jorge Spíndola en este libro de poesía con fondo realista y lenguaje coloquial. Veloz, como Dan Moriarty, su verso –bien respirado- circula lo mismo por las asombrosas carreteras patagónicas, que por los vericuetos de los espacios domésticos. Va de las camionetas a las bicicletas y de ahí a los caballos –todo lo que se mueve, lo que va y vuelve- con precisión y sin alardes, pues su intención no es conceptual ni metafórica, sino descriptiva: “me paso la vida traduciendo a palabras / imágenes, registros de esas aves en la piel” (Fotos Nocturnas) Las tres partes del libro –Calles Laterales, Bailango y Otros ámbitos- muestran la naturaleza existencialista del estilo descriptivo que hace tanto bien a la poesía de estos días: “ahí va eso que soy y todo lo que fui” (Va Rodando Por El Mundo) o “todo es pasado, todo está por suceder” (En El Camino) o “donde seamos sólo soy estas palabras” (A Decir Verdad). Blues de la fugacidad, una metafísica de lo efímero, la sustancia de este tiempo, por cierto, también maravilloso, porque segrega poesía, esas “palabras que están detrás de las palabras” y que Spíndola ubica en sus poemas con destreza, para que se noten sin leerse, creando una atmósfera que parece siempre a punto de diluírse “todo ha sido tan fugaz /como esa liebre /encandilada por los focos” (Va Rodando Sobre El Mundo) Cierta amenaza fatalista flota en el ambiente de la pampa “siempre acá, /entregado como un perro a este paisaje, /oliendo matas, salpicado de escarcha /para siempre.” (Lisboa) o “la vida es un bumerang lanzado hacia la vida” (Bailongo) o “siempre vuelvo a lugares destruidos /a mis zapatos con agujeros” (Blues Del Regreso) o “ahora todo paso es un paso en falso” (Paso Del Gualicho). Pero aparece también el humor, bueno y agudo, con irresistible picaresca: “bajo la luz de la luna /orinamos solos / mi sombra y yo…ambos estamos un poco borrachos /y regamos el patio de la casa” (Poema Li Po). Spíndola asume la angustia del tipo que reflexiona en medio de un escenario destinado a los hombres de acción, donde la reflexión misma parece estar bajo sospecha, cuando no carente de sentido. De allí, acaso, proviene la sensación de fugacidad y el afán, a veces exasperante, por registrar cada trance, incluso aquellos sin la menor relevancia: “el hombre se sienta y fuma /estoy en casa piensa…/ahora bebe despacio su café…/el mundo de allá afuera es tan extraño / piensa” (La Casa) Este sentimiento de extrañeza por el espacio exterior se reitera con singular comicidad en “entré a la casa /mucho frío para estar hueveando afuera /y encima solo” (Hablar Con Las Plantitas). El propio autor se encarga de refrendar esta idea con el poema conclusivo del libro, A La Manera De Las Nubes: “y después me senté / a mirar el cielo / a dejar que la cabeza /volara sin sentido…a la manera de esas nubes /que van o vienen y dibujan /cierta forma / una cara / una liebre gris…y luego se deshacen” Pero esta pesadumbre es también una apariencia. Detrás –sólo un poquito detrás- hay un poeta profundamente comprometido con su destino nómade, con esa suerte de nueva prehistoria que es la postmodernidad. Y, no cabe duda, con la expresión poética verdadera: razonada, pero contenida de emoción; culterana, pero popular a la vez; personal, pero brindándose por dejar hablar a los demás, como aquí, para despedirse, le dejamos decir a él: “ en el bar el refugio hay unos tipos jugando a los dados por la vuelta sobre sus cabezas un póster del dieguito la foto de gilda y una hembra firestone…” (Calles Laterales) ________________________________________________ Jorge Spíndola CALLES LATERALES (2002, 77 pags.) Culturas del Sur del Mundo, Ediciones; Trelew, Chubut. Argentina.