martes, septiembre 30, 2008
Hibridaje e intertextualidad en la narrativa poética de Oscar Barrientos Bradasic
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lunes, septiembre 29, 2008
Globalización, identidad y género. Los contextos de la poesía.

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Fuente: Conferencia realizada en julio de 2006 en la Biblioteca Regional de Puerto Montt.
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sábado, septiembre 27, 2008
Delia Domínguez: La Abuela de las Grandes Tierras del Sur

La chiloteidad y sus discursos identitarios

Artículo preparado por Claudia Arellano Hermosilla.
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Desde un imaginario colectivo Chiloé ha construido un espacio que vende y promueve hacia el exterior una imagen tradicional y mítica que es capaz de perdurar en el tiempo. Se presenta como un espacio que no se modifica y con una identidad ahistórica que remite a un tiempo anterior mejor que el actual, el que es guardado en la memoria y que es constantemente reproducido para ser ofertado como una suerte de paraíso perdido. Esta imagen de identidad no es sostenible en el tiempo ni el espacio, donde las identidades se transforman, se reelaboran y se combinan.
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La observación de la realidad nos señala que en Chiloé conviven múltiples identidades, debido a las transformaciones ocurridas en las últimas décadas en las esferas económicas, sociales y culturales, producto de la instalación de las empresas salmoneras en esta zona, a partir de la década del ochenta. Ellas han llevado a la isla elementos modernizadores y nuevos grupos migratorios, que portan consigo un acervo cultural distinto, el cual se confronta, compenetra y entrecruza con los referentes simbólicos ya existentes. Esto, a su vez, estimula la formación de nuevos discursos, en donde el sujeto se piensa a sí mismo en relación con los demás.
El paisaje identitario chilote se diversifica y se construye como multicultural, al participar cotidianamente con diversas formas de la cultura que se superponen y mixturan; y como multitemporal, al coexistir diferentes tiempos históricos por los que el sujeto debe transitar. Es una sociedad híbrida, cargada de códigos simbólicos diversos, donde conviven lo tradicional y lo moderno, bajo fronteras dúctiles.
En este escenario, Chiloé se muestra como un mosaico identitario, donde existe una meta-identidad —la “chiloteidad”— en la cual se entrama una multiplicidad de identidades. Se puede plantear que esta macro-identidad chilota es definida por condicionantes como la historia, con héroes y hazañas particulares; la peculiar geografía con sus fronteras naturales; además de la economía y la tradición.
También existen otros baluartes culturales que se han exaltado desde afuera de Chiloé y que responden a este imaginario colectivo: la vida comunitaria, expresada en la minga; la costumbre culinaria, como lo son los platos típicos (“quiero comer curanto con chapalele, milcao, chicha manzana...”); la vestimenta que se presenta como característica, con la lana como material básico; las variantes locales del folclor, especialmente en la música. Todos éstos son elementos constituyentes de la imagen exótica de la Isla.
Este estereotipo de Chiloé que se exporta, es producto de la retención de una imagen atrapada en el tiempo, que evoca un romanticismo de aquellas expresiones culturales que poco a poco se están desvaneciendo. El imaginario proyectado vuelve a su base con mayor intensidad que aquella con que salió, realimentando, reelaborando y potenciando el sentimiento emocional hacia la isla. Es una especie de espejo refractario que devuelve un Chiloé utópico, que obliga a sus habitantes a mirarse a sí mismos y les da la posibilidad de reconstruirse.
Estas características configuran una identidad aunadora de identidades diferenciadas, las cuales están integradas en un “nosotros los chilotes”, discurso meta-identitario en el cual existen relaciones en tensión y relaciones de poder.
Tales relaciones se despliegan en la disputa entre las diferentes colectividades identitarias por poseer el control de “la chiloteidad”. Se distinguen varias colectividades identitarias: la de los chilotes, la de los afuerinos y la de los huilliche.
Colectividad de los chilotes
El “ser chilote” estaría conformado por aquellas personas nacidas y criadas en la isla, condición inquebrantable para ser considerado por la comunidad un chilote/a auténtico/a. Chilotes serían aquellos sujetos que tienen internalizados ciertos baluartes culturales. Entre ellos, una determinada noción de tiempo, que implica hacer las cosas según los ritmos tradicionales, es decir, una cotidianidad pausada que sigue el vaivén de las mareas; el espacio, en el sentido de una relación estrecha con la naturaleza, con el verdor, lo que se manifiesta en la necesidad de estar en contacto con el campo, con lo rural, y como éste a la vez se traslada a lo urbano; la lengua, conocida como castiza, con un tono “cantarino”; y la mujer como ser aglutinador de la familia, como autoridad concreta en el quehacer cotidiano que no es visualizada bajo el poder simbólico del hombre.
Podemos, así, encontrar discursos como el de los chilotes más “tradicionalistas”, que resaltan estas características culturales como valores esenciales para su cultura e identidad. Al chilote tradicionalista se le acusa de fundamentalista, por exacerbar su condición de haber nacido y haber sido criado en Chiloé. Desde su punto de vista, ello le otorgaría el poder en la toma de decisiones sobre la isla y le permitiría deslegitimar a toda persona que no posea esa misma condición, además de autoidentificarse como único portador de la identidad chilota. Los sujetos que portan este discurso en su mayoría participan en las actividades culturales de la isla como agentes reafirmadores de la identidad, tanto en el plano político como educacional e intelectual.
Colectividad de los renovadores y afuerinos
Entre los portadores de este discurso, podemos encontrar a los sujetos que se alejan del discurso tradicionalista, que tienen una postura más permeable a los cambios modernizadores, que no ven en ellos una amenaza a la identidad chilota; muy por el contrario, incorporan en sus concepciones elementos globalizadores como un medio para fortalecer la propia identidad.
La que hemos llamado “colectividad de los renovadores” abarca, por un lado, a aquellos chilotes —nacidos o no nacidos en la isla— que comparten un discurso común en pro de la coexistencia entre tradiciones y prácticas socioculturales isleñas y elementos o fenómenos globales. Su apuesta es a la reelaboración y convivencia de prácticas y modos de vida diferentes; a utilizar los beneficios y facilidades que entregan los avances tecnológicos y modernizadores; a apropiarse de lo foráneo y traducirlo a sus propias lógicas locales; por último, a decodificar los mensajes de acuerdo con sus propios códigos culturales.
Por otro lado, en este grupo están los que apuestan por la modernización de la isla como medida necesaria para mejorar la calidad de vida, haciéndolo sin un arraigo emocional en la cultura, tradiciones y prácticas culturales chilotas. Están ligados a este territorio en términos económicos-laborales, por lo que podríamos catalogarlos como “afuerinos”, debido a su condición de inmigrantes y por su no integración a la sociedad chilota. Ello ha derivado en que la reflexión sobre el “extranjero” (o el “extraño”) se haya incorporado en el discurso chilote, especialmente el de la colectividad tradicionalista, como forma de caracterizar la situación de los afuerinos; es decir, aquellos que no han nacido en Chiloé y que por distintas razones residen allí.
Desde este vértice, por más que se vean integrados a la cultura, que asuman conductas y en cierto modo se amalgamen al “ser chilote”, siempre van a ser considerados como “los otros”. El “otro” es aquel sujeto que tuvo que migrar a la isla por trabajo, ya sea en la industria salmonera, pesquera o en servicios asociados a éstas; es el que no ha desarrollado afectividad con la isla y expresa en forma explícita sus deseos de retornar a su lugar de origen, aunque por contratos laborales está obligado a mantenerse en ella. Su sensación de inconformidad se traduce en una crítica permanente a la forma de ser del chilote, a su estilo de vida y, por sobre todo, a la precariedad de los servicios urbanos. De allí que generalmente sea él quien manifiesta apoyo al ingreso de la modernización y nuevas tecnologías a Chiloé.
Los afuerinos residentes por trabajo reproducen a menor escala un estilo de vida similar al de su lugar de procedencia; así, de un tiempo a esta parte, han instalado en la isla estándares de vida ajenos a los que allí existían. Por ejemplo, colegios particulares como Cahuala, provocaron que se acentuaran las diferencias socioeconómicas en la ciudad de Castro, ya que antes de su creación todos los niños y niñas de las diferentes clases sociales participaban de los mismos espacios educacionales; lo mismo ocurrió con lugares de recreación, como pubs y barrios residenciales exclusivos.
Colectividad huilliche
Actualmente, en Chiloé se denomina huilliche a todo aquel que porta apellidos indígenas; sujetos que se autorreconocen como tales y que viven en comunidades rurales o en territorios urbanos de la isla. La particularidad de los huilliche que residen en la isla es que, a pesar que existe gran número de población indígena que no se reconoce como tal —por el proceso de blanqueamiento conocido en todo el ámbito latinoamericano y que acá se expresa en la “chilenización”—, ellos reivindican desde su condición de urbanidad el pensamiento indígena. En tanto mantienen una identidad imaginada y persisten en ella, reviven el tema de la lucha por el “territorio huilliche”, factor que refuerza en la memoria colectiva la idea de ellos como los primeros habitantes de la isla; por tanto, serían los auténticos portadores de la identidad chilota.
En el marco de esta colectividad se pueden vislumbrar dos facetas. Por un lado están aquellos huilliche que no participan activamente en ningún tipo de instancia indígena, que no se plantean la condición étnica como un rasgo fundamental de su identidad; muchas veces reniegan de ella, a diferencia de los que sí basan su identidad en la alteridad indígena/no indígena, y que practican y recrean su cultura. Es importante mencionar que estos últimos trabajan activamente en organizaciones sociales indígenas que les permiten acceder a proyectos del Estado, sin perjuicio de levantar una bandera de lucha como pueblo.
Existen varias organizaciones huilliche, las cuales tienen objetivos distintos, pues interpretan el ser huilliche y dan respuestas a las necesidades de éstos de manera diferenciada. Pero, un rasgo que atraviesa a estas organizaciones es su significación y relación con la tierra, elemento primordial en las sociedades indígenas. Pese a que los huilliche urbanos no la habitan en su cotidianidad, participan del sentimiento imaginario del territorio huilliche. Comparten una memoria colectiva común, con relatos que evocan a héroes indígenas, hazañas y a un pasado histórico compartido. De la misma forma, también han heredado el sentimiento de ser objeto de una discriminación negativa que se sigue reproduciendo en la actualidad.
La revitalización que se ha producido en las últimas décadas en la sociedad huilliche ha forjado un proceso de etnogénesis acelerado, proceso efervescente de creación de identidad que no es ajeno al devenir de la velocidad de los tiempos. No olvidemos que en la década de los ochenta sólo existían cuatro comunidades y hoy existen alrededor de cincuenta. Este proceso -que no está desligado de la promulgación de la Ley Indígena Nº 19.253 del año 1993- ha facilitado la reconstrucción de innumerables comunidades, así como la revalorización simbólica de los elementos y rasgos que forman parte de la identidad indígena de nuestro país.
Finalmente, todo lo anterior indica que la creciente necesidad de reencontrar y resignificar parte de la cosmovisión indígena, no se remite sólo a mantener aquellos elementos duros de la identidad, como el lenguaje, la vestimenta, la religiosidad; sino a incorporar componentes nuevos y ajenos, como Internet, por ejemplo, para reforzar y estimular estos procesos.
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Jorge Spíndola: Los Blues de la Patagonia

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viernes, septiembre 26, 2008
Alemanes en el Sur de Chile. Necesidad de superar las restricciones del concepto indigenista.

jueves, septiembre 25, 2008
La etnicidad mapuche en la poesía chilena actual. El punto de vista de un escritor no-mapuche.

Artículo preparado por Clemente Riedemann.
___________________________________________ La emergencia de la poesía de origen indígena en el sistema de comunicaciones literarias, es una de las novedades de la poesía chilena verificadas en las últimas dos décadas. Al esfuerzo individualista de los precursores, se agrega ahora la dedicación colectiva de los autores más jóvenes, entre los cuales se integran por igual hombres y mujeres, arropados con una visión intercultural que abre espacio a nuevos lectores. _________________________________________ Entre las posturas e imposturas que pueden contener las expresiones poéticas centradas en el tema étnico indígena, lo peor para la poesía es la opción por tratar las circunstancia de marginalidad en la que se debaten los grupos étnicos minoritarios desde una perspectiva histórico- reivindicativa. La decisión de instrumentalizar la poesía como publicidad para llamar la atención sobre el despojo material y espiritual sufrido por el pueblo mapuche, a partir del siglo XVI, no encontrará eco en la comunidad lingüística nacional, en virtud de la ninguna presencia política indígena en las estructuras de poder de la sociedad chilena. La nostalgia por el gran discurso sociopolítico de la restauración de un orden original – imposible de reconstruir – importa elementos ideológicos y formales arcaicos, cuyo momento más relevante se encuentra quizás, en la novela indigenista de mediados del siglo 20, énfasis que no es posible replicar hoy con idéntico vigor en un contexto literario debilitado por el esnobismo y la vulgarización. Literatura y transculturalidad. La emergencia, desarrollo y vigencia del tema étnico indígena, en el actual contexto de la circulación literaria, dependerá de la capacidad de los poetas- mapuches y no mapuches- para expresar esa situación con los criterios transculturales de la modernidad. Esto significa, por una parte- y en el caso de los poetas mapuches- la necesidad de abordar la composición poética privilegiando la cosmovisión particular de la cultura indígena en la actual situación de contacto cultural con la sociedad chilena y la apertura al exterior que ésta promueve, de tal manera que queden implícitos los rasgos que asume hoy el proceso de transculturación, sin marginar los aspectos subjetivos, íntimos y anecdóticos que tal suerte de relación acarrea. Por otra parte, el poeta no mapuche puede avanzar hacia el encuentro y comprensión de la cultura indígena de una manera más independiente, esto es, asumiendo los criterios de la diversidad o interculturalidad, superando el modelo etnocentrista de la cultura oficial. Inutilidad de los formatos lingüísticos conservadores. En lo referente al problema lingüístico, resulta obvio que las formas expresivas bilingües – frontales o contextuales – servirán con mayor eficiencia a la adecuada comunicación de esta poesía, considerando que el desconocimiento del mapudungún es generalizado en la sociedad chilena. Una propuesta de escritura fonética exclusivamente mapuche condenaría a ese trabajo a la inadvertencia fuera del ámbito de las comunidades indígenas, donde tampoco la lengua ancestral se practica en forma extensiva. Apuntar hacia el exterior con las lenguas del exterior, abre opciones para que la literatura étnica encuentre lectores en el sistema global de las comunicaciones. Una forma expresiva bilingüe de carácter contextual conlleva novedad, complejidad y es, en sí misma, síntesis del proceso de transculturación, lo que constituye un aporte valioso al acervo lírico del país. La representación lingüística frontal, que implica la simple traducción, contribuye a la difusión de lo propiamente étnico de una manera limitada y traiciona el principio de que la poesía, en virtud del modo íntimo con que se relaciona con la cultura, sólo es cabalmente comprensible y valorada cuando se accede a ella a través de la lengua en que ha sido pensada y escrita. Las barreras culturales y sicológicas. La vigencia del tema étnico en la poesía chilena se encuentra vinculada al reposicionamiento del conjunto de las culturas indígenas en el sistema de comunicaciones lingüísticas del país, cuestión que sólo puede darse en un contexto de aceptación de la diversidad, esto es, superación de la discriminación y de los prejuicios históricos, lo que- en teoría- encuentra posibilidades de realización en sociedades democráticas. En Chile, hoy, valorando lo que el Estado, algunas instituciones privadas y lo que los propios poetas de origen indígena han obrado en los últimos veinte años, tal escenario se advierte aún muy lejano. Lo anterior, al menos por tres razones: primero, por la tendencia entrópica de la sicología mapuche que empieza a observarse desde el momento en que el Estado chileno les delimitó un territorio con la idea de garantizar su subsistencia, pero también como modalidad política de regulación y control del contacto interétnico; segundo, por las especiales características que reviste el actual proceso de modernización productiva en las áreas rurales del país, donde la rigidez en la aplicación de las políticas de mercado, derivan en el sacrificio de las formas tradicionales de la convivencia nacional y también en la devaluación creciente de las expresiones estéticas propias del país, incluidas las de origen étnico; y tercero, por la exagerada concentración del poder decisional en el área metropolitana, lo que genera un desequilibrio exasperante entre el centro y las regiones y, por tanto, en las oportunidades de acceso al sistema nacional de comunicaciones. Así, a la ya histórica marginalidad que se traduce en prejuicios y discriminación hacia las comunidades indígenas por parte de la sociedad chilena, las expresiones mapuches - al estar inscritas en la periferia – deberán salvar también obstáculos de carácter sicológico, lingüístico, político, territorial y de la inserción en el mercado editorial para mantenerse vigentes como tema de recurrencia en la literatura chilena contemporánea. Los límites del exotismo. Cabe, además, considerar el peligro de convertir la poesía mapuche en una moda y solamente en virtud del carácter exótico que importa su expresión lingüística, tal como ha ocurrido con los elementos de la parafernalia. Esto es, aceptar los aspectos formales más externos, pero cuidando muy bien de filtrar o neutralizar los contenidos sociopolíticos que constituyen la base de su creación. De cualquier modo, el proceso de incorporar la poesía mapuche al sistema nacional de las comunicaciones literarias será ahora - y a diferencia del pasado - responsabilidad de los propios poetas mapuches. El sector de la intelectualidad chilena que tradicionalmente asumió la tarea de promover - con óptica más o menos etnocéntrica - las expresiones de la cultura indígena, ha perdido hoy su preeminencia. La pequeña burguesía nacional está concentrada en revisar su propia participación histórica en el sistema y en asumir el discurso que exprese esta nueva circunstancia, cuando no se ha entregado ya una ilusión de modernidad, la que, por el momento, no considera significativamente la producción literaria de las regiones como parte constitutiva del modo de ser de la literatura chilena actual y de la identidad que se desea mostrar ante el mundo. Corrientes de representación del discurso poético mapuche en la actualidad. Considerando lo expuesto, distiguimos tres modos de instalación de los poetas mapuches en el sistema de comunicaciones literarias. La primera corriente inscribe su lenguaje en la representación de los valores ecológicos virginales y la oralidad (p.e. la poesía de Lorenzo Aillapán, conocido como “el hombre-pájaro”, en referencia a su habilidad para imitar el canto de las aves sureñas y su inserción onomatopéyica en los textos; Faumelisa Manquepillán, quien incorpora cánticos chamánicos tradicionales y el empleo de hierbas silvestres en sus presentaciones; y parte de la poesía de Leonel Lienlaf, aquella que desciende del legado de Pascual Coña). Una segunda corriente se mantiene apegada a la interpretación reivindicativa de carácter histórica y política, con un discurso que se centra en el tema del despojo de los territorios ancestrales por parte de la sociedad blanca y la necesidad de su recuperación por la vía de la articulación política y cultural del conjunto del pueblo mapuche (p.e. parte de la poesía del mismo Lienlaf y casi toda la César Millaueique). Una tercera corriente se expresa en la poesía de Elicura Chihuailaf, que procura registrar el proceso de transculturación que implica el cambio progresivo del habitat rural hacia los principales centros urbanos del país, abriéndose hacia el empleo de visiones de carácter intercultural y modos expresivos modernos, pero que abren también un foco de conflicto con las pociones conservadoras de la corriente anterior, de las que, por razones obvias, no puede desvincularse. Una cuarta corriente, descendiente de la anterior, a nuestro juicio la más interesante, apuesta decididamente por la interculturalidad. En ésta, se asume la condición del poeta mapuche como militante no sólo de una etnia, sino también y principalmente de la literatura, que es el espacio comunicativo donde finalmente deberá poner a prueba sus cualidades (p.e. Jaime Huenún, Bernardo Colipán, Juan Pablo Wirimilla, Victor Cifuentes, Roxana Miranda Rupailaf, entre otros, miembros de la generación más joven de los poetas mapuches actuales). Estos poetas cambian la actitud individualista que caracteriza a los anteriores y se plantean como un grupo organizado tras objetivos comunicacionales propiamente literarios. Una muestra contundente de esta nueva actitud, es la valiosa antología bilingüe Epu mari ülkantufe ta fachantü (20 poetas mapuche contemporáneos, Lom, 2003), con selección de Huenún y traducción de Cifuentes.Visualiz-Arte, de Claudia Arellano Hermosilla
Visualiz-Arte / Claudia Arellano Hermosilla
Suralidad Ediciones, 2008
81 pp. Fotografías de Fabiola Narváez
Bilingüe Español-Francés
Reseña de Clemente Riedemann
Se trata de un libro polifónico que abre espacio a un sur existencial, reflexivo y emotivo a la vez, atravesado por la inquietud, el arte y el misterio de la persona mujer. El libro fue presentado en la Galería Bosque Nativo de Puerto Varas, el pasado 27 de agosto y se encuentra disponible en las bibliotecas y librerías regionales.
El violonchelo de Soledad Guarda, la pintura de Katherine Hrdalo, la literatura de Rosabetty Muñoz, Bernardita Hurtado y Roxana Miranda; los vitrales de Mariela Cabrera y la fotografía de Fabiola Narváez, se muestran aquí desde el fondo existencial que produjo el legado artístico que, en conjunto, estas mujeres presentan hoy como expresión de la identidad sureña.
“Resulta notable cómo los relatos de estas artistas –señala Sonia Montecino en el prólogo- ponen en escena la centralidad de una memoria genealógica, que las conecta con otras mujeres. El concepto de affidamento es preciso para dar cuenta de este hecho: son siempre mujeres con más experiencia, mayores, mujeres que ocupan un sitio muy claro en el mapa familiar o educativo las que operan como modelos, como ventanas y puertas que se abren a las más jóvenes y las motivan, las seducen, las alientan a superar lo establecido, pero conservando su impronta”.
En el libro de Claudia Arellano las materias luminosas y oscuras del sur se entrechocan y hablan en “femenino”. Pero hablan desde allí no para limitar la mirada, sino para extenderla e invitarnos a escuchar la inquietud de sus vidas creativas. “Estos relatos asumen un significado colectivo en la medida que renuevan y re-significan el discurso patriarcal hegemónico que ha signado la historia de las mujeres”, afirma la autora en la introducción de su obra.
Más delante la antropóloga señala que “los textos manifiestan que ellas están aquí para impulsar nuevas formas de subjetividad, capaces de intervenir en el “poder” del pensamiento binario (oposición masculino/femenino) y de esta forma configurar identidades relacionales y situacionales más equitativas, no como opuestos, sino como complementarios”.
Congruente con todo lo anterior, el libro constituye, además, una experiencia editorial innovadora. A ello contribuyen la idea de la autora respecto del diseño del soporte libro, su acotada introducción y sus reflexiones finales; las fotografías de Fabiola Narváez; la materialización del diseño de Alejandra Meza; la traducción al francés de Carolina Avaria, y el prólogo de Sonia Montecino.
Por otra parte, la investigación precedente que dio origen al libro ha sido financiada por Fondart Regional; y el volumen fue impreso en el sur del país. Visualizarte resulta así, un auténtico producto de la suralidad. Una apuesta a la confianza en nuestra gente, su sensibilidad, sus saberes, y su tecnología.
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