Clemente Riedemann
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El éxtasis mediático ocasionado por el rescate de los mineros
atrapados en una mina de Copiapó ha generado opiniones
contrastantes que obligan a una reflexión sobre la tal
circunstancia, no tan extraordinaria considerando el
historial de accidentes similares en ese duro trabajo, pero
novedosa por el modo en que se emprendió la operación
que trajo de vuelta con vida a esas personas.
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Lo primero es valorar el hecho de que esas personas lograron sobrevivir a una situación aterradora y pudieron ser rescatados en su totalidad. Ello representa un mérito para ellos que lograron soportar y superar una situación límite de un modo positivo que, hasta ahora, continúa sorprendiendo. Está claro que para realizar ese trabajo se requiere una aptitud sicológica diferente, como puede serlo también para quienes trabajan en el aire, en las soledades o profundidades del océano o en otras condiciones alejadas de la superficie terrestre. El caso ha venido a relevar las capacidades humanas que se requieren para tales responsabilidades.
También cabe valorar la actitud decidida del aparato público que puso todo lo que debía ponerse, sin mediar cálculos operativos, para alcanzar el objetivo final que era traer de vuelta con vida a esas personas. Este punto resulta incuestionable y sacar conclusiones mezquinas respecto de ello parece ocioso. Es bueno recordar que la operación pudo haber fallado en alguna parte del proceso, a pesar de la tecnología avanzada, los recursos técnicos calificados y los altos costos implicados en la tarea. Pero no fue así y parece lógico que tal logro sea acreditado a quien corresponda, sin remilgos. Resulta reconfortante observar a la autoridad jugándosela en extremo por conseguir el objetivo superior de salvaguardar la vida de los ciudadanos. Ojalá esta actitud se convierta en algo permanente para con otros compatriotas, incluidos los pobres, los jóvenes, los mapuche, las mujeres y los alternativos en todo orden de cosas.
Quizás el hecho de haberse transformado en un éxito mediático ha perturbado la evaluación de la circunstancia. Y parece razonable, sobre todo considerando las condiciones en extremo desfavorables al comienzo de ella. Tratar de contactarse con personas que están 700 metros bajo tierra tras 70 toneladas de roca dura no es ninguna broma. Si el caso habrá de servir para llamar la atención sobre la negligencia empresarial anterior, bienvenido sea. Y si a posterior sirve para fortalecer la imagen política del gobierno de turno, también. Cualquier gobierno lo habría hecho. Alguien se la jugó por el éxito de la operación y merece el premio del reconocimiento local e internacional por ello.
Si analizamos el asunto desde el punto de vista comunicacional, se trató de una operación estratégica de impecable planeamiento y ejecución. Abordado con las características de un reality show, pero con emociones verdaderas, no debe sorprender que haya alcanzado cobertura internacional. Cientos de miles de personas en el mundo deseaban en lo íntimo que los mineros volviesen con vida a la superficie. La situación ponía en juego la capacidad de los conocimientos, la tecnología y la gestión alcanzada por la humanidad en un trance límite y la prueba salvó con éxito. Por ello, Chile será recordado por mucho tiempo como un pequeño país que fue capaz de gestionar y llevar adelante una operación en extremo compleja, haciendo acopio de la mejor tecnología y recursos humanos disponibles en el planeta. En algo nos rehabilita del fraude tecnológico revelado tras el terremoto de febrero, cuando por varias horas no funcionaron ni siquiera los celulares de los sistemas de seguridad.
Quienes se preocupan excesivamente de los usos y abusos comunicacionales del caso pueden recordar las palabras de Andy Warhol en los años sesenta: “En el futuro, la fama durará 15 minutos”. Y así es. Por tanto, cabe aprovechar ese breve lapso de posicionamiento de la mejor manera posible. Aunque pudieron evitarse las muestras de "patrioterismo", que resultaron tan excesivas que pronto decayeron en la caricatura. Está claro que la operación fue el resultado de una colaboración internacional, pues la tecnología local no era suficiente para llevar a cabo con éxito la operación de rescate. En comunicación mediática, la saturación se paga después con el mismo costo de los beneficios iniciales, de modo que si ha resultado abusiva, los propios consumidores de imagenes lo percibirán.
El vértigo comunicacional en nuestro tiempo es de tal magnitud que estas horas de éxtasis mediático pronto serán superadas por otras contingencias. Incluso los héroes oficialistas de la jornada pueden sufrir un traspié a causa de cualquier contingencia de menor cuantía. Ojalá los mineros puedan resistir y sobrepasar ahora la nueva situación de sentirse atrapados por los medios de comunicación y mantener firme esa luz que siempre han llevado en sus cabezas.
El vértigo comunicacional en nuestro tiempo es de tal magnitud que estas horas de éxtasis mediático pronto serán superadas por otras contingencias. Incluso los héroes oficialistas de la jornada pueden sufrir un traspié a causa de cualquier contingencia de menor cuantía. Ojalá los mineros puedan resistir y sobrepasar ahora la nueva situación de sentirse atrapados por los medios de comunicación y mantener firme esa luz que siempre han llevado en sus cabezas.
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© Clemente Riedemann 2010
© SURALIDAD Antropología Poética de Chile


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